Escribiendo cosas económicas desde 2018, pero ya he pillado unas cuantas crisis. Di mis primeros pasos en Europa Press y luego en El Confidencial. Ahora sigo el rumbo del dinero y los mercados en El Economista.

El mercado del gas es ese hermano 'pequeño' del petróleo al que pocos prestan atención. Es cierto que genera mucho menos dinero que la venta de crudo y que sus reservas abundan en países cercanos a Occidente (EEUU, Australia…), por lo que tradicionalmente ha pasado un tanto desapercibido (no es un mercado tan crítico para la economía). Sin embargo, algunos de los grandes productores han comenzado a dar pasos para intentar ejercer su influencia sobre el mercado de gas y lograr una mayor maximización de los beneficios a través de un creciente control de la materia prima, algo similar a lo que hace la Organización de Países Exportadores de Petróleo con el crudo. El cártel del petróleo ha servido durante años para mantener unos precios 'artificialmente' altos a costa de restringir la oferta mundial. El resultado es que los productores se llevan una parte mayor de la 'tarta', mientras que los consumidores pierden. Ahora, Rusia e Irán han empezado a dar pasos para poner las primeras piedras de una futura OPEP del gas que controle el 60% de las reservas del planeta.

El euro parece un lugar seguro ahora mismo y que está lejos de ser una preocupación para el viejo continente. A pesar de que los caminos de la Fed y el BCE se han bifurcado con Lagarde arrancando en junio los recortes de tipos y Powell manteniéndose a la espera, los mercados ya han asumido este 'divorcio'. Además las incertidumbres políticas parecen haberse calmado con las elecciones europeas y francesas ya superadas. En ese sentido, el viaje de la divisa continental ha sido calmado, con una revalorización del 1% frente a la moneda norteamericana en el último mes y cambiándose por 1,08 dólares.

Las automovilísticas del mundo ya daban señales de que cambiarían sus planes eléctricos ante una ralentización de la demanda, pero ahora las firmas europeas han dado un paso mucho más crítico. Este miércoles, dos de los grandes gigantes del sector han hablado abiertamente del tema alertando de un frenazo en la demanda que está afectando directamente a su estrategia corporativa. Este ha sido el caso de Volkswagen y Mercedes, que han lanzado advertencias de una naturaleza muy distinta, pero que empiezan a poner sobre aviso la realidad de un sector atrapado en una guerra voraz por un mercado que ahora parece mucho más pequeño.

La realidad de Japón ha dado un giro radical. Tras tres años de estancamiento y una clara contracción económica desde finales de 2023, los expertos ven una esperanza de una verdadera reactivación. Los analistas miran de este modo a su selectivo, el Nikkei, como una primera alerta de que el país se acerca a una nueva era. El principal índice del país ha llegado a máximos históricos repetidamente en las últimas dos semanas, a medida que las acciones de todo tipo, aunque particularmente las tecnológicas, han logrado algo más allá de lograr que supere sus mejores cifras. En lo que va de año el Nikkei se ha revalorizado un 24,5%, solo le han superado las bolsas de Argentina y Turquía, fuertemente afectadas por la inflación de sus mercados y la de Taiwan, totalmente 'on fire' por la demanda de chips disparada, su principal sector. Aunque las subidas de la bolsa Tokio han sido también apoyadas por una inflación al alza y un yen desmoronándose un 12% frente al dólar, quitando el efecto del tipo de cambio sigue superando a los índices del Viejo Continente y de EEUU.

Algo que parecía totalmente imposible hace una década es hoy una realidad. La energía nuclear está de moda. La inversión en el sector está creciendo con intensidad en un intento de varios países por incrementar su producción de energía y fortalecer y diversificar su mix energético. Los planes de nuevas inversiones brotan como setas en otoño. Polonia, Países Bajos, Finlandia… ahora Australia parece dispuesta a subirse al renacimiento de la energía nuclear para superar su crisis energética. Resulta cuando menos paradójico que uno de los mayores productores de gas del mundo esté sufriendo una crisis energética que lleva al país a invertir en nuclear, mientras que otros países que no producen gas (España, por ejemplo), descartan este recurso para su futuro y piensen en el gas como energía para compensar las deficiencias de las renovables.

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