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El imperio de Exxon: más de un siglo dominando la industria del petróleo

Un carro de caballos tirando de un tanque de petróleo de Standard Oil, de la que desciende Exxon.
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ExxonMobil ha vuelto a llamar la atención del mundo. La compañía petrolera, la más grande del mundo por ingresos, quitando a los gigantes estatales del sector, como Aramco, PetroChina o ChinaPetroleum, ha firmado un nuevo capítulo en la historia del sector, con la compra de Pioneer por 60.000 millones de dólares. Al unirse al principal productor de crudo de la Cuenca Pérmica vía fracking, la fusión entre ambas compañías ha dado paso a un productor comparable a países de la OPEP, como Catar; y superior a Argelia, Angola, Venezuela o Libia, con 1,2 millones de barriles diarios.

Este acuerdo permite recordar los orígenes de esta empresa, que enlazan con las entrañas de la historia de Estados Unidos. Hay que retroceder hasta la mismísima Guerra de Secesión, que dio lugar a un auténtico goliat del crudo, que tuvo que ser intervenido por el Gobierno americano para evitar que derivara en un monopolio.

Exxon no es más que un nuevo nombre dado a una de las fracciones del imperio de John Rockefeller. Aquel hombre, hijo de la clase media de Richford de 1839, antes siquiera de que California y Texas dejaran de ser mexicanas, sabía desde su más tierna juventud que sería rico. Su padre, vendedor ambulante, viajó por todo el país hasta instalarse en Cleveland, donde el joven mostró interés por los negocios, hasta estudiar en la escuela comercial. A los 16 años ya trabajaba como contable.

Con 19 años ya ganaba 600 dólares, una cantidad extraordinariamente alta para la época. Asentado como una persona de éxito en su sector, a pesar de su juventud, Rockefeller decidió dejar de trabajar para otros, y fundar su primera firma, con la que actuaría como comisionista, comprando y vendiendo activos para otros. A pesar de su talento, su precocidad le supuso grandes problemas, como las dificultades para lograr financiación, ya que estaba lejos de la mayoría de edad, fijada en 21 años. Debido a ello, fue su padre quien le prestó los 1.000 dólares, con un 10% de interés, con los que arrancaría su aventura empresarial.

La compañía, Clark & Rockefeller, demostró pronto un éxito sin paliativos, al lograr beneficios de 4.000 dólares el primer año y 16.000 el segundo. Rockefeller había logrado su objetivo a una velocidad relámpago. Muchos habrían seguido incidiendo en un sector en el que tuvo tan buena acogida, labrándose así un camino. Con el tiempo, esta senda le podía haber posicionado como uno de los empresarios más respetados de su tiempo.

Pero la ambición de aquel hombre no conocía limites, y ya estaba aburrido de lo conseguido como comisionista. La mirada de Rockefeller estaba mucho más arriba y, pronto, la suerte le sonrió, dándole una oportunidad para no ser 'solo' un rico, sino para convertirse en el más rico, y en uno de los hombres de negocios más famosos de la historia.

Un activo prometedor: el petróleo

Comenzó la Guerra de Secesión, el sur declaró su independencia, y comenzó un enfrentamiento que casi destruye la joven república norteamericana. Ya asentado como hombre acaudalado, Rockefeller pudo esquivar el servicio militar en aquellos truculentos años. Y mientras miles de ciudadanos morían en el campo de batalla, él y su firma se fijaron en las fluctuaciones de materias primas básicas para el conflicto, como alimentos o suministros. Sin embargo, dos años antes de que acabase la guerra, él y su socio, M. B. Clarck, pusieron sus ojos en un nuevo activo que parecía prometedor: el petróleo.

En aquella época, el 'oro negro' no era especialmente rentable. Su complicado sistema de extracción hacía el crudo mucho menos demandado que el entonces rey de los combustibles, el carbón. Sin embargo, Rockefeller apostó por este mercado, sacando buenas rentabilidades hasta que pudo levantar una refinería en 1863.

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La primera refinería de Standard Oil.

El negocio comenzó a crecer, y la eficacia de la compañía de Rockefeller respecto a sus costes la posicionó como uno de los actores con mayor pujanza del mercado. Cuando acabó la guerra, su empresa ya estaba en el top 5 por ingresos del país. Y poco después comenzó su expansión nacional.

La expansión de un imperio

Empezó cambiando el nombre de la compañía, a Standard Oil, y para 1870 ya refinaba un cuarto del petróleo del país. Y, además, contaba con un as en la manga, un acuerdo secreto para el transporte de crudo, con una tarifa preferencial. La compañía ferroviaria Lake Shore Rail Road le ofrecía un descuento del 74%, un arma con la que hundió los precios y desplumó a la competencia. A cambio, la empresa de transporte recibía, al menos, 60 furgones diarios de crudo.

Este acuerdo, junto con su eficaz modelo de gestión y una agresiva campaña de compras, les convirtió en el responsable del refino del 95% de todo el crudo de Estados Unidos. Era el rey del petróleo mundial, con 20.000 pozos, 6.400 kilómetros de oleoductos y más de 100.000 empleados.

Todo iba bien hasta 1885, cuando el fiscal general de Ohio, David Watson, demandó a la compañía por monopolio, pidiendo su disolución. Esta imposición solo fue parcial, separando la firma de Ohio del resto. Ya con una condena en firme, la situación parecía complicada, pero el ingenio de Rockefeller daría vida al imperio de Standard Oil, al menos, durante un par de décadas más.

Caída y renacimiento

A los pocos años, la empresa volvió a ser fundada, esta vez con la sede en Nueva Jersey, aprovechándose de una regulación más indulgente. En teoría, la empresa en sí misma no era un monopolio con su nueva estructura, pero, realmente, dominaba más del 88% del petróleo, gracias al control que tenía en el accionariado de otras 41 compañías. El problema vino cuando Estados Unidos lanzó la Ley Sherman, una ley antimonopolio que prohíbe todo acuerdo que restrinja el comercio, unas normas que serían la base de la futura destrucción de la compañía, que sin embargo tardó tiempo en ponerse en marcha.

En 1909, el Departamento de Justicia demandó a la compañía, en un caso histórico, por sus "descuentos y prácticas discriminatorias contra la competencia". En el que fuera uno de los conflictos judiciales más importantes de toda la historia de Estados Unidos, la sentencia decretó que la empresa debía dividirse en 34 firmas independientes. De los restos de este imperio surgió toda la industria petrolera que hoy conocemos y, a la cabeza de estos, se encontró Exxon.

En los confusos años iniciales del sector, tras el fin del reinado de Standard Oil, una empresa comienza a emerger entre los 'hijos' de aquel gigante. Se trata de Jersey Standard, que crece hasta adquirir el 50% de Humble Oil. Esta fue la culminación de una expansión a lo largo y ancho del país, a través de una batería de ofertas por minas, plantas y activos. Ante la necesidad de unir bajo un mismo paraguas a un amplio grupo de empresas que habían ido fusionándose, cambió su nombre a Esso, abreviatura de Standard Oil, en 1926.

Finalmente, y con una estructura ya firme, pudo encomendarse el crecimiento y entró oficialmente en la élite de Wall Street, al recibir un puesto en el Dow 30. Además, en los años posteriores abrió numerosos proyectos en Oriente Medio, consolidándose como una firma internacional. Centrada en el extranjero como foco de crecimiento ya con su posición en Estados Unidos asentada.

Los retos de la internacionalización

Con presencia en cuatro continentes, Esso se encontraba muchas veces a merced de los vientos internacionales y la firma vió comprometidos en los años 30 sus proyectos en Bolivia y México, que fueron nacionalizados. Sin embargo, estos traspiés no frenaron la apuesta internacional de Esso, que pensaba que su futuro pasaba por ir más allá de las fronteras de Estados Unidos.

Finalizada la segunda guerra mundial, entró en el crudo de los Países Bajos y en Arabia Saudí, comprando parte de la Arab-American Oil Company, lo que hoy en día es Aramco, la tercera empresa más grande del mundo. También fue una de las principales firmas detrás del despertar petrolero de Libia, al realizar un gran descubrimiento en 1959 en la región.

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Coches repostando en una gasolinera de Exxon, en Estados Unidos.

En la década de los 50 su poder como un titán de la industria estadounidense ya estaba completamente claro. En la primera edición de la revista Fortune, la empresa ya figuraba en el top 3 de todo el país, solo por detrás de General Motors y delante de marcas clave en la historia del país como US Steel.

Desde entonces, el tema del nombre de la compañía se convirtió en un verdadero problema. La que fuera Jersey Standard llevaba décadas llamándose ESSO, una abreviatura que recordaba al viejo imperio de los Rockefeller, pero que no gustaba al resto de herederos de la petrolera, que la demandaron. Estos pleitos fueron muy distintos en cada estado, obligando a que dependiendo de si la marca estaba en el extranjero, en Nueva York, Los Ángeles o Dallas, el nombre variase. Para poner fin a esta situación decidió cambiar su nombre a Exxon.

La nueva Exxon

En los años 60, la nueva Exxon empezó a expandir su negocio, esta vez pivotando hacia otras fórmulas de energía más allá del petróleo, como la licuación de carbón, combustibles sintéticos, células fotovoltaicas e incluso hizo sus pruebas en la industria nuclear con una filial llamada Jersey Nuclear con la que extraer y procesar Uranio.

La mayoría de estas empresas no acabaron bien por diversos motivos. En muchos casos, directamente la tecnología o el formato no se impusieron. En otros, fue el exceso de ambición tecnológica, como el caso de la energía solar, un sector que no estaba preparado en aquel entonces para abandonar las pérdidas. Esta realidad terminó siendo aceptada por Exxon, abandonando paulatinamente esta tecnología. La energía nuclear tampoco terminó por cuajar, al menos para esta firma, que a los 15 años de abrir su filial la vendió a Siemens.

En la cúspide de esta fiebre por la diversificación, Exxon anunció que entraría en el mundo de la informática, en la década de los 70. De hecho, la compañía gastó cerca de 1.000 millones de dólares de la época en abrir un área de software, para competir contra IBM y Xerox. Una apuesta que no resultó y que llevó a cerrarla tras diez años de pérdidas.

La Guerra de Yom Kipur

Pese a todos los reveses, el tiempo demostró que su decisión de no confiar todo a una sola carta era una estrategia efectiva y el motivo fue del todo inesperado: la guerra de Israel por consolidar su presencia en la región en 1973. En aquel entonces, estalló la crisis del petróleo, como respuesta a la guerra de Yom Kippur, cuando la OPEP detuvo su producción y realizó un embargo a Occidente. Los efectos fueron claros: se duplicó el precio del crudo y se desató una recesión global.

Exxon tuvo que actuar deprisa para aprovechar un contexto completamente nuevo, y que ponía al sector en el centro de las preocupaciones mundiales. En ese sentido su estrategia era clara, olvidar por el momento Oriente Medio y lanzar una fuerte ofensiva por toda fuente de producción que se pusiera a tiro. Durante aquellos años, la firma expandió sus exploraciones en el Mar del Norte, el Golfo de México, África y Asia.

Tras la crisis del crudo, la compañía protagonizó uno de los mayores accidentes medioambientales hasta la fecha. Uno de sus petroleros encalló en Alaska, provocando una fuga que afectó a más de 2.000 kilómetros por toda la costa, vertiendo más de 37.000 toneladas de hidrocarburos. Finalmente, Exxon llegó a un acuerdo de 1.025 millones de dólares para compensar lo ocurrido.

En 1998 se fusiona con Mobil y crea la empresa energética más grande del mundo, ExxonMobil

Durante la década posterior, la compañía siguió un rumbo trazado, sin grandes cambios en su hoja de ruta pero pronto, se vio que estaba cociendo uno de los mayores golpes en toda la historia de Wall Street. En 1998, Exxon y Mobil, otro de los herederos de la antigua Standard Oil, anunciaban un acuerdo de fusión por 73.700 millones de dólares. La primera petrolera del mundo se unía a la tercera, en la que era la adquisición más grande hasta aquel momento y, creando, sin duda, la que sería la mayor empresa energética del mundo, ExxonMobil.

Este acuerdo surgió poco después, casi como respuesta, a la unión de BP con Amaco, la que durante un corto periodo de tiempo fue la mayor fusión industrial. Sin embargo, pronto fue eclipsada por el nuevo imperio petrolífero norteamericano.

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Una de las sedes de ExxonMobil.

Con una posición privilegiada, la compañía decidió reducir su presencia en el negocio minorista, en particular en su amplia red de gasolineras, para centrarse en proyectos relativos al sector, tanto en el extranjero como en suelo nacional. También emprendió importantes desafíos como el abandono del carbón, vendiendo en 2009 su última mina en Estados Unidos.

El último capítulo de la centenaria compañía es, al margen de la guerra de Ucrania y la posterior crisis energética, el 'boom' de producción apoyado en la tecnología de fracturación hidráulica. Su apuesta continuada por este nuevo mecanismo para extraer hidrocarburos le ha llevado a su último y ambicioso movimiento, con la compra de Pioneer por 60.000 millones de dólares.

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