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El BCE presenta su gran giro monetario: "No vamos a esperar a que todo caiga al 2% para actuar"

Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo (BCE), en una pantalla durante la rueda de prensa de este jueves en Frankfurt. Fotografía: Alex Kraus (Bloomberg).

Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo (BCE), dejó en la jornada de este jueves algunas declaraciones de las que se puede extraer cuál va a ser el futuro de la política monetaria en la eurozona. Es cierto que, como ya suele ser habitual, dijo 'sí, no y todo lo contrario' en diferentes momentos de la rueda de prensa, pero hubo algunas declaraciones novedosas que parecen marcar de forma clara cuál va a ser el nuevo leitmotiv del BCE en las próximas reuniones. Las palomas (defienden una política monetaria más expansiva y tipos más bajos) han tomado el control del Consejo de Gobierno y cualquier excusa será buena para dar rienda suelta el nuevo ciclo de bajadas de los tipos de interés.

La francesa insistió una vez más ante la prensa en que las presiones internas sobre los precios son importantes y, por ahora, impiden que se recorten los tipos. Sin embargo, esas expresiones no son nuevas: Lagarde lleva meses hablando sobre la fortaleza de precios en el sector servicios y de las dinámicas salariales. Lo que es novedoso es que la máxima responsable del BCE admitió que esos factores, aunque preocupantes, están aflojando y que no esperarán a que todos los sectores o ramas alcancen el 2% de inflación para empezar a reducir el precio del dinero.

El BCE ha desenfundado la pistola de las bajadas de tipos. Ahora solo queda disparar. De las frases que dijo Christine Lagarde durante la rueda de prensa, una de ellas sobresalió respecto a las demás para los analistas. "No vamos a esperar a que todo llegue al 2%", dijo sobre la pegajosa inflación en el sector servicios, que sigue estancada en un 4% interanual (dato preliminar de marzo). "¡Ese es el BCE con visión de futuro que queremos ver!", exclamaba en su perfil de X (antes Twitter) Frederik Ducrozet, jefe de estudios macroeconómicos de Pictet tras escucharla.

"El nuevo discurso de Lagarde destaca que continua la disminución de la inflación (liderada por los precios de los alimentos y los bienes) y que la mayoría de las medidas de inflación subyacente están disminuyendo, pero ahora señala la moderación gradual del crecimiento de los salarios y que las empresas están absorbiendo mayores costos laborales", recalcan desde Scotia Bank en un comentario matutino.

Los expertos de este banco creen que se trata de una modificación en el discurso que tendrá su reflejo en el giro de la política monetaria: "Se trata de un cambio respecto del lenguaje más pesimista y preocupante de marzo, que ponía el foco en que 'las presiones sobre los precios internos siguen siendo altas, en parte debido al fuerte crecimiento de los salarios'".

El organismo monetario debe buscar la estabilidad de precios en los 20 países que conforman la zona euro (es decir, aquellos que tienen la moneda única como divisa). Esa es su razón de ser, según la legislación de la Unión Europea (UE). Para ello, el BCE se ha autoimpuesto como meta alcanzar una inflación de alrededor del 2%, o del 2% simétrico, a medio plazo en la región. Ese es el 'número mágico' para la política monetaria, también en Estados Unidos y Reino Unido, pues tanto la Reserva Federal (Fed) como el Banco de Inglaterra (BoE) buscan situar el aumento de los precios en el 2% con sus políticas.

Andrew Bailey (BoE): "Obviamente no necesitamos que la inflación vuelva al objetivo antes de recortar los tipos"

El gobernador del BoE, Andrew Bailey, ya anticipó en febrero que el ente no esperará a que la inflación británica descienda al 2% para empezar a relajar su política actualmente restrictiva. "Obviamente no necesitamos que la inflación vuelva al objetivo antes de recortar las tasas de interés", dijo literalmente durante una comparecencia en el Parlamento de Reino Unido. "Debo ser muy claro al respecto: no es necesario", subrayó.

Volviendo al BCE, también fue especialmente significativo que su giro se haya plasmado sobre el papel. En el comunicado de este mes se eliminó la expresión "mantener los tipos durante un periodo suficientemente largo" y se añadió esta reveladora frase: "Si la evaluación actualizada del Consejo de Gobierno sobre las perspectivas de inflación, la dinámica de la inflación subyacente y la solidez de la transmisión de la política monetaria aumentaran aún más su confianza en que la inflación está convergiendo al objetivo en de manera sostenida, sería apropiado reducir el nivel actual de restricción de la política monetaria". "Es la primera vez que el BCE habla de bajadas de tipos en su anuncio oficial de política monetaria", llamaba la atención Carsten Brzeski, analista de ING.

Otro hecho relevante fue cuando la presidenta del BCE reveló que "unos pocos miembros" del Consejo habían defendido recortar los tipos ya en abril. Aunque recalcó que la "gran mayoría" optaba por esperar a junio, reconocer esta discrepancia tiene mucho calado y es un mensaje en sí mismo.

Los halcones se rinden a las palomas

No ha habido que esperar mucho para que algunos miembros del Banco Central Europeo hayan empezado a presionar para echar marcha atrás lo más pronto posible, incluido un halcón. Menos de 24 horas después de la decisión de tipos y la rueda de prensa de Christine Lagarde, el presidente del Banco de Letonia (y, por tanto, miembro del BCE), aseguró que "si realmente nada cambia, entonces junio será el mes en el que veamos la primera bajada de tipos".

"Si realmente estamos en la dirección de nuestro objetivo del 2%, entonces, en mi opinión, estamos realmente cerca de un punto de inflexión en el que estos tipos pueden bajarse paso a paso", declaró asimismo Martin Kazaks al canal TV3, según recoge Bloomberg.

Ulrich Leuchtmann (Commerzbank): "El BCE quiere bajar los tipos de interés lo antes posible. O eso parece"

Igualmente el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, abogó este viernes por disminuir los tipos antes de que comience el verano "si se mantienen las proyecciones económicas actuales".

"Lagarde dio la impresión en la rueda de prensa de que varios miembros del Consejo ya se estaban escabullendo y habrían preferido recortar el jueves los tipos de interés oficiales del BCE. Y la interpretación de los factores que impulsan la inflación (por ejemplo, la evolución de los salarios) fue sorprendentemente optimista", opina Ulrich Leuchtmann, estratega de Commerzbank.

La visión del analista alemán es la siguiente: "Al contrario que en 2021/2022, cuando se preveía una subida de los tipos de interés y el BCE se tomó todo el tiempo del mundo para empezar a subirlos, ahora quiere recortarlos lo antes posible. O eso parece". Esto proporciona dos argumentos que aquilatan un relato, amplía. Por un lado, "si quiere recortar lo antes posible, es posible que el BCE también quiera recortar lo máximo posible".

Por otro, continúa Leuchtmann, cada banco central tiene que sopesar si su política monetaria es demasiado restrictiva o excesivamente laxa. Si es demasiado restrictiva, explica, perjudicará demasiado a la economía real; si es demasiado laxa, habrá demasiada inflación. Dado que ni siquiera los bancos centrales tienen una bola de cristal que les indique el futuro, siempre se trata de un compromiso entre riesgos, sintetiza. "Paciencia ante la primera subida de tipos, impaciencia ante la primera bajada: la impresión es que el BCE teme más los riesgos económicos reales que los inflacionistas", sentencia el economista alemán.

El paso del BCE hacia los recortes

"El BCE dejó los tipos sin cambios, pero dio un gran paso hacia el inicio de los recortes de tipos en junio. Mientras que el elevado índice de precios al consumo (IPC) estadounidense alimentó las especulaciones de que la Reserva Federal se mantendrá por mucho más tiempo, generando nuevas dudas sobre la voluntad del BCE de liderar el ciclo de recortes, Christine Lagarde se esforzó por garantizar que el BCE no va a ser dependiente de la Reserva Federal", aseguran desde TS Lombrad. Estos expertos recalcan que, si el próximo conjunto de proyecciones del Eurosistema en junio confirma la tendencia, "sería apropiado reducir el nivel actual de restricción de la política monetaria".

El BCE "no se está comprometiendo previamente con una trayectoria de tipos particular", es decir, si será apropiado hacer un recorte por reunión o menos es el tema del próximo debate. Sin embargo, al reivindicar su independencia política respecto de la Fed, el BCE ha confirmado su disposición a disparar primero, aseguran también desde TS Lombard.

"La decisión de junio se refiere a recortar en junio, no más que eso, al menos por ahora y hasta que la inflación de los servicios haya bajado mucho. No dependen de la Fed, pero EEUU (y China, y Japón) tiene un impacto indirecto a través de sus previsiones (como siempre). El petróleo creará ruido, pero mientras lleguemos a 2025, pueden tolerar los baches", se pronuncia el equipo de Bank of America encabezado por Rubén Segura-Cayuela.

"Por un lado, el BCE podría recortar menos de lo que esperamos si una intensificación de las tensiones geopolíticas provoca un fuerte aumento de los precios de la energía, la interrupción de la cadena de suministro o la imposición de aranceles radicales. Una depreciación significativa del euro que lleve a condiciones financieras más flexibles o afecte las expectativas de inflación más allá del corto plazo también haría que el BCE fuera más reacio a realizar recortes. Por otro lado, un grave deterioro del mercado laboral si la recuperación de la actividad no se materializa sería un detonante obvio para un cambio más moderado y un ciclo de flexibilización más agresivo", cierra Marco Valli desde UniCredit Research.

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