Economía

Desmontando la peor recesión de las economías desarrolladas: cuatro indicadores clave sobre Reino Unido

  • El último dato de PIB reaviva el debate sobre la magnitud de la recesión
  • Los analistas ven puntos matizables, como el mercado laboral o el energético
Imagen: Dreamstime

Desde hace varios meses, la de Reino Unido es citada continuamente como la más 'peligrosa' de las economías desarrolladas. Su inflación, todavía de dos dígitos, y unas previsiones de recesión más prolongadas que en las de otras potencias económicas siguen pesando sobre el país, que aún intenta recuperarse de los efectos del Brexit y de la crisis derivada de la 'aventura fiscal' del caído gobierno conservador de Liz Truss el pasado septiembre.

Los cálculos del Banco de Inglaterra (BoE) coparon enseguida los titulares: Reino Unido estaba ante la recesión más larga en un siglo. No sería la más profunda, pero su extensión dibujaba un panorama más que preocupante. Todos los economistas se echaron sobre el dato de PIB, que en Reino Unido se ausculta mensualmente.

El conocido este viernes, relativo a noviembre, ha reavivado el debate de si la recesión de Reino Unido será tan histórica como se barrunta. Una reciente encuesta del Financial Times a economistas arrojaba que la británica sería sin dudas la recesión más profunda y prolongada del G-7. Lo cierto es que Gran Bretaña es la única economía del G-7 que no ha recuperado los niveles de actividad previos al covid en el tercer trimestre del año pasado.

Con los analistas esperando una caída de entre el 0,2% y el 0,3%, el PIB se expandió un 0,1% en noviembre, según los datos de la Oficina de Estadísticas Nacionales (ONS). Los servicios crecieron, lo que según la ONS estuvo relacionado con las empresas orientadas al consumidor, que se vieron favorecidas por los partidos de fútbol de la Copa del Mundo.

La conclusión general es que esta pequeña expansión del PIB reduce el riesgo de que la economía entre en recesión de momento. "Si el PIB evita una caída superior al 0,4% intermensual en diciembre, no se contraerá en el conjunto del cuarto trimestre. En consecuencia, ahora parece que el PIB del cuarto trimestre no será tan débil como nuestra previsión del -0,2% intertrimestral o el -0,1% intertrimestral del Banco de Inglaterra y que se ha evitado una recesión en 2022", explica Ruth Gregory, analista de Capital Economics.

No obstante, la experta advierte de que, incluso si la economía lo hace un poco mejor de lo esperado en el cuarto trimestre, "en el mejor de los casos está estancada". "Y es demasiado pronto para concluir que la economía será capaz de superar este periodo de tipos de interés altos e inflación elevada prácticamente indemne", agrega. "Seguimos pensando que se avecina una recesión en el primer semestre de 2023", confirma.

La clave es calibrar la profundidad de este 'invierno económico' y los estrategas de ING lanzan, a raíz del dato de hoy, la posibilidad de que esté habiendo un exceso de alerta en torno a la economía británica. "No cabe duda de que las perspectivas del Reino Unido son malas, pero no debemos exagerar el pesimismo", arrancan en una nota su economista James Smith.

"Esperamos una caída del PIB de pico a valle de algo más del 1,5%, lo que se aproximaría más a la recesión de principios de los 90 en términos de escala, aunque no en las circunstancias que la rodearon. Y a pesar de los muchos problemas del Reino Unido, especialmente en el mercado laboral, no estamos convencidos de que Gran Bretaña vaya a ser un caso atípico con respecto al resto de Europa en cuanto al impacto sobre el PIB este año, aunque probablemente se sitúe en la mitad inferior del pelotón", señala Smith.

Buscando clarificar el horizonte, Smith desgrana los cuatro argumentos que habitualmente se toman como serias amenazas para el caso de Reino Unido:

1. La falta de trabajadores

A diferencia de casi todos los demás países, las tasas de inactividad económica (la proporción de trabajadores que no tienen empleo ni lo buscan activamente) han seguido una tendencia al alza desde el covid en Reino Unido. Sin duda, los problemas de salud no han ayudado, y hay unas 400.000 personas más clasificadas como inactivas debido a enfermedades de larga duración que antes de la pandemia.

"Los datos de la ONS sugieren que esto se debe en parte a la reclasificación de personas ya inactivas o desempleadas, pero aún así ha habido un impacto en el empleo, especialmente en las industrias menos remuneradas y orientadas al consumidor. El descenso de la inmigración de trabajadores de la UE a causa de la pandemia también ha contribuido probablemente a la escasez de trabajadores", apunta Smith. Pero... por preocupante que parezca esta historia, ¿apunta la situación del mercado laboral británico a un bajo rendimiento económico este año?, se pregunta el experto.

Smith reconoce que, si el Reino Unido no puede conseguir trabajadores tan fácilmente como sus competidores, entonces su capacidad productiva es inherentemente menor. Al mismo tiempo, contempla que esta dinámica laboral provoque una respuesta más agresiva del Banco de Inglaterra (BoE) con las subidas de tipos al estimarse una inflación subyacente más alta durante más tiempo.

Sin embargo, viendo el tono pesimista del BoE en diciembre y previendo que la inflación subyacente no se escapará tanto del objetivo y que el efecto de las subidas aprobadas está aún por llegar, en ING consideran que el banco central se relajará con los tipos a medida que avance al año, aunque quizá no tanto como la Fed en EEUU.

Además, subraya Smith, "la otra cara de la moneda de un mercado laboral persistentemente tenso es que incentiva a las empresas a evitar los despidos, en medio de la preocupación por la recontratación cuando las condiciones mejoren". "Por ahora, los despidos son bajos en comparación con los niveles históricos. Eso cambiará sin duda, pero suponiendo que las empresas busquen primero reducir las horas en lugar de las plantillas, creemos que el gasto de los consumidores sólo puede caer hasta cierto punto en los próximos meses. Esta es, en resumen, la razón por la que pensamos que esta recesión será suave en comparación con los niveles históricos", constata.

2. La corrección de la vivienda

Los precios de la vivienda en el Reino Unido ya han bajado un 3,4% desde el máximo alcanzado el pasado agosto, y la fuerte subida de los tipos hipotecarios durante el otoño sugiere que es probable que se produzcan caídas aún mayores. Por ahora, las encuestas sugieren que la relación entre ventas y propiedades sin vender no es negativamente baja (aunque está cayendo), y el 'jurado' está deliberando sobre cuánta presión de venta surgirá como resultado de la subida de los tipos de interés.

"Al menos desde un punto de vista comparativo, el Reino Unido no parece excesivamente expuesto. El 90% de las hipotecas son a tipo fijo, uno de los porcentajes más elevados de Europa, frente al 50% de 2007. Es cierto que los plazos de fijación suelen ser más cortos que en otras partes de Europa y, desde luego, de EEUU, y el resultado es que el 25% de los préstamos se refinanciarán a finales de este año, según el BoE. Sigue siendo una proporción decente, pero en términos comparativos, es un paso más lento que en muchos otros países", expone Smith.

El economista recalca también que algo más de la cuarta parte de los hogares británicos tienen una hipoteca, lo que sitúa al Reino Unido en la mitad del pelotón entre los países de la OCDE, y en la actualidad hay más viviendas británicas en propiedad que hipotecadas. Del mismo modo, añade, el Reino Unido no destaca cuando se analizan los cambios en la relación precio-ingresos desde 2015.

3. Exposición a la crisis energética

En las últimas semanas ha vuelto a cundir un tímido optimismo en el panorama europeo, ya que los precios de la energía han seguido bajando y los niveles de almacenamiento de gas parecen ser inusualmente buenos. Esto también es una buena noticia para el Reino Unido, que es uno de los mayores consumidores de gas de Europa en proporción al consumo total de energía. A corto plazo, Gran Bretaña sigue estando más expuesta a las olas de frío, debido a un nivel de almacenamiento de gas inferior en varios órdenes de magnitud al de sus vecinos europeos más grandes (y, en algunos casos, mucho más pequeños). El contrapunto es que el Reino Unido obtiene buenos resultados en capacidad de regasificación de gas natural licuado (GNL), detallan desde ING.

"Dejando a un lado los trastornos a corto plazo, no hay ninguna razón clara por la que el Reino Unido deba beneficiarse menos de la reciente caída de los precios del gas, sino que todo dependerá del apoyo relativo del Gobierno", avanza Smith. Tal y como refleja el economista, el Reino Unido está a punto de aumentar los precios unitarios del gas y la electricidad para los consumidores a partir de abril, de modo que la factura media alcanzará las 3.000 libras, frente a las 2.500 libras actuales (o 2.100 libras si se incluyen las subvenciones).

"Pero si los precios del gas se mantienen bajos, los precios regulados deberían caer por debajo de ese nivel en el tercer trimestre. Ello permitiría al Gobierno reducir los precios unitarios o suprimir la subida prevista para abril con un coste mínimo, aunque nuestra opinión es que los precios del gas al por mayor volverán a subir a finales de año", afirma.

Otro cantar serán las empresas, ya que, a partir de abril, se reducirán las ayudas a todas las empresas y los precios unitarios se sustituirán por descuentos fijos en las facturas cuando los costes mayoristas superen un determinado umbral. Si, por un lado, el descenso reciente de los precios del gas al por mayor facilita que el cambio del Gobierno no tenga un gran impacto (habría que ver cuántas empresas fijaron sus facturas en otoño), por otro, admite Smith, es factible que si los precios del gas al por mayor siguen subiendo, las empresas británicas reciban menos ayudas que las de otros países de Europa, lo que impactaría más en su economía.

4. La falta de inversión

Smith acaba el repaso incidiendo en que la constante falta de inversión ha reducido el crecimiento de la productividad y apunta a un crecimiento a medio plazo más débil que el de otras economías desarrolladas: "El nivel de inversión trimestral no residencial está por debajo de los niveles previos al Brexit y ha ido a la zaga de todas las demás economías del G7 desde el referéndum de la UE".

"Mientras que 2022 se perfilaba inicialmente como un año más prometedor, las intenciones de inversión han disminuido de forma poco sorprendente. Esto se debe en parte a que los tipos de interés más altos están afectando a las empresas mucho más rápidamente que a los consumidores, en función de que el 70% de los préstamos pendientes a pequeñas y medianas empresas se conceden a tipo variable", diagnostica el economista.

Aunque ahora gran parte de la atención se centra en la restricción del gasto de los consumidores, el impacto combinado de los tipos más altos y los riesgos de los precios del gas sugieren que es probable que la inversión sea un área clave de debilidad durante la próxima recesión. "Junto con la construcción, el sector manufacturero parece que va a registrar un rendimiento inferior en un contexto de ralentización de la demanda mundial, mejora gradual de las cadenas de suministro y aumento de los niveles de existencias", concluye Smith.

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