Economía

Las razones del BCE para no hacer nada pese a la creciente amenaza de la inflación en Europa

  • Las 'palomas' argumentan que la inflación no se está trasladando a los sueldos
  • Las desviaciones temporales del IPC no deben marcar la hoja de ruta del BCE
  • La ralentización de la economía China o la variante Delta son nuevos riegos
Christine Lagarde, presidenta del BCE. Foto de Alamy

La división en el seno del Banco Central Europeo empieza a ser preocupante. Tras el sorprendente dato de inflación en agosto (el más alto desde 2011), el fuego cruzado se ha intensificado. Los 'halcones' (defienden una política monetaria más restrictivas) afilan sus garras y piden cierta normalización monetaria aprovechando que la inflación resurge y las condiciones financieras son buenas. Sin embargo, las 'palomas' (apuestan por una política monetaria más acomodaticia) creen la inflación es transitoria y los riesgos a la baja para la economía siguen siendo elevados.

De este modo, el debate está servido para la reunión de política monetaria que tendrá lugar la próxima semana en Frankfurt. Ambos bandos tienen razones para defender su postura, y aunque la reciente subida de la inflación parece dar más peso a los argumentos de los 'halcones' (mayormente concentrados en los países del centro y norte de Europa), lo cierto es que el BCE no moverá ficha en la reunión del jueves que viene casi con toda probabilidad. 

Las 'palomas' también cuentan con argumentos sólidos y, sobre todo, con la ayuda de la corta historia del BCE. El miedo a repetir un error similar al de 2011 juega en contra de los 'halcones'. De modo que como mucho se anunciará una desaceleración (no modificación del paquete) en el ritmo de compra de bonos, algo que entra dentro de la hoja de ruta del banco central.

El dato de inflación de agosto (un 3% en tasa interanual) ha sido el más elevado desde 2011. Justo fue ese año cuando el Banco Central Europeo, presidido entonces por el francés Jean-Claude Trichet, anunció dos subidas de tipos de interés (25 puntos básicos cada una) para intentar aplacar una inflación, que finalmente demostró ser transitoria y causada por factores externos. Esas alzas del precio del dinero serán recordadas como la chispa que prendió la crisis de deuda soberana o que, al menos, avivó ese estrés financiero que estuvo a punto de suponer el fin del euro.

Ese estigma con el que tienen que convivir los 'halcones' y la supuesta transitoriedad de la inflación son los grande argumentos de los países del sur para mantener el tono muy expansivo del BCE, que a su vez permite a los países más endeudados (que son a su vez los que representan las 'palomas' en el Consejo de Gobierno del BCE) pagar unos intereses muy bajos y seguir gastando para relanzar la economía.

"El alza de la inflación probablemente se sumará a algunas preocupaciones que rodean al mercado y que hablan de que la inflación de la zona del euro podría ser más prolongada de lo que el BCE prevé actualmente. Sin embargo, creemos que el BCE seguirá calificando el aumento de la inflación de este año como transitorio en la reunión de septiembre. Aunque la inflación general está aumentando muy por encima del 2%, las medidas de la inflación subyacente siguen siendo moderadas en la zona euro", apuntan desde Nomura.

Las 'palomas' siguen al mando

Los economistas del banco japonés de inversión creen que las 'palomas' siguen teniendo la situación bajo control porque la mayoría de los factores que están impulsando la inflación este año son de naturaleza temporal y debieran revertirse en algún momento de 2022.

Además, mientras que en el Reino Unido y EEUU, por ejemplo, las presiones salariales se están incrementando a medida que la escasez de mano de obra se hace más acuciante, las presiones salariales en Europa se han mantenido moderadas. La teoría dice que son los salarios y la demanda interna los factores que pueden mantener una inflación al alza de forma sostenida y donde la política monetaria puede tener mayor impacto.

Como ha destacado Philip Lane, economista jefe del BCE en una entrevista reciente, "el BCE necesita analizar si las lecturas de inflación que estamos viendo en este momento influirán en las negociaciones salariales. No veo eso en este momento, aunque a menudo hay un retraso en el sistema de negociación salarial. Probablemente se deba analizar el período completo de la pandemia porque muchas negociaciones salariales se pospusieron durante la pandemia".

También Francois Villeroy de Galhau, gobernador del Banco de Francia y miembro del Consejo de Gobierno del BCE, aseguró hace unos días que la zona euro no corre riesgo de sobrecalentarse, a diferencia de EEUU o Reino Unido. Mientras que haya trabajadores en procesos de Erte (o similares) y desempleados, los salarios no comenzarán a subir con la fuerza suficiente como para generar el riesgo de una espiral salarios-precios.

Desde la firma financiera BCA Research coinciden y añaden que "la ralentización de la actividad china es un riesgo para las perspectivas económicas de la zona euro. Además, es probable que el BCE tenga cuidado de no provocar una incremento de los diferenciales de los bonos periféricos o una fuerte apreciación del euro. Por último, es probable que la incertidumbre sobre el tapering gradual de la Fed mantenga al BCE más paciente a corto plazo".

Por lo tanto, estos expertos concluyen que "el BCE no tendrá prisa por poner fin a su programa de compras de emergencia pandémica. En cambio, es más probable que el banco central comience por reducir el ritmo de sus compras de activos como respuesta a las presiones inflacionarias. Aún así, el BCE tendrá cuidado para evitar un cambio demasiado agresivo".

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