Profesor de IQS-URL
Opinión

La Unión Europea se encuentra en un momento crítico de redefinición estratégica. En un escenario global dominado por la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China, Europa se ve presionada desde ambos lados: por un lado, su tradicional socio transatlántico exige una alineación más firme frente a Pekín, mientras le aprieta las tuercas económicas; por otro, China se afianza como potencia comercial y tecnológica, aumentando sus exportaciones hacia el mercado europeo mientras mantiene barreras significativas que obstaculizan el acceso de empresas europeas a su propio mercado. Esta dinámica coloca a la UE ante una encrucijada geopolítica y económica que exige respuestas coordinadas y decisiones valientes.

Opinión

En los últimos años, China se ha encontrado en el centro de crecientes tensiones geopolíticas y económicas, especialmente con EEUU. Los aumentos de aranceles y las barreras comerciales—implementados durante la administración Trump y mantenidos en gran parte por la administración Biden—fueron diseñados para frenar el creciente dominio económico de China, reducir el déficit comercial estadounidense e incentivar a las empresas a trasladar sus cadenas de suministro fuera del país asiático. Estos aranceles han ejercido sin duda una presión considerable sobre la economía china, interrumpiendo los flujos comerciales tradicionales y generando fricciones en la cadena de suministro global. Sin embargo, en una sorprendente contradicción, China ha registrado simultáneamente un superávit comercial récord con el resto del mundo. Esta dualidad -presión mediante medidas punitivas por parte de EEUU coexistiendo con un desempeño exportador en auge -revela una dinámica comercial global mucho más compleja de lo que indica el discurso habitual.

Durante la primera etapa de Donald Trump como presidente de los EEUU ya desató un conflicto comercial sustancial con la segunda potencia económica del mundo, China. Muchos pensaron que Biden iba a reducir la presión arancelaria sobre la industria china, pero justo ocurrió lo contrario al mantener e incluso ampliar los 'castigos' de carácter tarifario. Además, decretó medidas complementarias, sea por proteccionismo sea por motivos de seguridad nacional, relacionadas con la exportación de alta tecnología, en concreto microprocesadores – y la maquinaria para fabricarlos – que puedan ser utilizados con fines militares por Pekín.

La noticia el pasado viernes sobre la fuerte subida del índice PMI, correspondiente a la encuesta a los gestores de compras en la eurozona, ciertamente invita al optimismo, pero ¿es oro todo lo que reluce?

Últimos artículos de Opinión