Pedro Cadarso Palomeque

Asesor de la Asociación Española de Banca (AEB)

Esta semana ha entrado en vigor en Europa un nuevo estándar de capital para cubrir el riesgo de contraparte que asumen los bancos cuando contratan derivados financieros con sus clientes, normalmente empresas, para cubrir los riesgos financieros de estos últimos. Esta nueva normativa supondrá un incremento muy significativo en el coste de estos productos de cobertura imprescindibles para la gestión de los riesgos de las empresas.

Tras la crisis financiera de 2008 las autoridades internacionales iniciaron un proceso de revisión del marco regulatorio de las entidades de crédito con el fin de proteger la estabilidad financiera. Este proceso de renovación, que por un lado ha endurecido algunas normas ya existentes (estándar de capital) y por otro lado ha creado algunas normas nuevas (marco de resolución, entre otras), se ha hecho a costa de dotar a la regulación bancaria de un nivel extremo de complejidad técnica y de incrementar sustancialmente los costes regulatorios de los bancos.

Una de las cosas que más sorprende cuando uno analiza la extensa normativa prudencial aplicable a las entidades de crédito es el escaso valor que aparentemente la regulación otorga a las inversiones en software que realizan los bancos. Hasta la fecha, el regulador europeo ha exigido la deducción íntegra de estas inversiones del capital, lo que equivale a darle un valor nulo. Para hacernos una idea de lo que esto supone, si un banco comprase, por ejemplo, el algoritmo de Google, tendría que deducir el valor de este activo de su capital a la hora de computar los requerimientos prudenciales de la entidad... como si no tuviera ningún valor.

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