Redactor de Macroeconomía

A lo largo de los años se ha podido contemplar numerosas campañas de la Dirección General de Tráfico (DGT). Algunas de ellas, con tan solo describirlas brevemente se vienen a la mente del imaginario colectivo por su gran impacto emocional, como el spot Las gafas más caras del mundo (2015), u otro en el que la DGT te da a elegir quién prefieres ser en un accidente de tráfico: quien sobrevive o quien muere (2018). También han estado presentes personalidades de todo tipo, de la talla de Stevie Wonder en los 80 y la cantante Amaia hace un par de años.

En un contexto de inflación a nivel mundial por encima del deseado 2%, el consumo individual se está viendo afectado ante la pérdida de poder adquisitivo. Los precios crecen, por lo general, por encima de los salarios, y así lo demuestran los datos: en el caso español, al cierre de 2023, el IPC marcó una variación anual del 3,1% respecto al mismo mes del año anterior y una inflación media del 3,55%, según el INE. Mientras, las nóminas también crecen, pero en menor medida (3,49% en noviembre, según el Ministerio de Trabajo), lo que provoca que hasta 9 millones de españoles hayan perdido poder adquisitivo a lo largo de 2023.

La publicidad ha estado presente a lo largo de la historia y ha sufrido innumerables cambios para adaptarse a la sociedad y sus preferencias. Desde su creación por la conversión de San Pablo Apóstol al cristianismo a la actualidad han pasado siglos, pero la esencia se mantiene. Hoy hablamos de las métricas y del público objetivo, pero esta terminología moderna no sería nada sin la retórica y la persuasión, ciencias que hoy en día son la base de cualquier mensaje publicitario.

Madrid acogerá, por 44ª vez, la Feria Internacional del Turismo (Fitur), que se celebrará la próxima semana, entre el 24 y el 28 de enero, en Ifema. Lo hará con unas previsiones que mejoran los datos de la edición de 2023, que ya de por sí fue muy positiva ya que igualó a la de 2020, justo antes de la pandemia.

La publicidad está en constante cambio. Y es que todo el mundo está sometido a una sobreexposición de aproximadamente 6.000 impactos diarios, o lo que es lo mismo, un anuncio cada diez segundos, según el análisis realizado por Neuromedia.

El cambio climático es ya una realidad en el mundo. La subida global de las temperaturas y la mayor frecuencia de fenómenos atmosféricos extremos, como los largos períodos de sequía acompañados de posteriores inundaciones, son solo advertencias de que nuestro clima ya está alterado, aunque aún no hemos llegado a una situación irreversible.

El cambio climático y sus consecuencias han cambiado el paradigma económico mundial. Placas solares, aerogeneradores, la utilización de residuos... estas maneras de generar energía no son el futuro, sino que representan el presente. De hecho, en España se prevé que en este 2023 las renovables constituyan más del 50% de la generación de energía del país, algo que en 2022 no se pudo lograr (42,1% del total) debido en gran parte a la bajada de la energía hidráulica por la falta de lluvias. Esta energía generó un 39,7% menos que en 2021, lo que hizo descender el dato general de las renovables más de 4 puntos porcentuales respecto a 2021.

Las empresas son uno de los agentes más importantes en la emisión de gases de efecto invernadero. De hecho, como publicó en su momento The Carbon Majors, tan solo 100 empresas de todo el mundo, tanto del sector público como del privado, eran responsables del 70% de las emisiones de CO2. Es por ello que la transformación energética tendrá que atañer "inevitablemente" a las organizaciones si se quiere cumplir con los objetivos que busca la Agenda 2030.

El ser humano lleva contaminando el planeta desde hace miles de años. En concreto, hay estudios que datan a la Edad de Bronce como el primer momento de emisiones de gases de efecto invernadero por la fundición de metales. Esto se dio en los Balcanes, hace 5.600 años, según el estudio de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences. Desde entonces, las emisiones globales de CO2 no han parado de crecer salvo en años puntuales, como en 2020, donde hubo 2.000 millones de toneladas menos de dióxido de carbono en la atmósfera por la pandemia.

En 2007, el Banco Europeo de Inversiones (BEI) creó el que se conoce como el primer bono verde, llamado Bono de Conciencia Climática (CAB en sus siglas en inglés). Tras 16 años desde esa fecha, podemos decir que la institución europea fue la precursora de unas inversiones que ahora mismo son vitales para la transformación energética y la reducción de emisiones, instando al sector público y privado a actuar ante un cambio climático que acecha.