Bolsa, mercados y cotizaciones

La única lectura positiva de 2022 es que el año que viene no será peor

Foto: Dreamstime

Si 2020 fue el año de la pandemia y 2021 el de la recuperación, 2022 será recordado por la inflación. El vocablo que no acaparaba tantos titulares en cuatro décadas y que ha cercenado las ganancias de las carteras tanto de renta variable como de renta fija.

A comienzos de marzo, la caída de mercado tras la invasión rusa en Ucrania llevó a los inversores a recordar los peores momentos de pánico que se vivieron tras la irrupción del coronavirus dos años antes. Y aunque visto en perspectiva, la bolsa corrigió entonces cuatro veces menos a como lo hizo en el Covid-crash, con un desplome dramático y a cuchillo de tres semanas consecutivas, lo cierto es que ha sido un mal año para todos los activos tras las agresivas subidas de tipos por parte de los bancos centrales para contener la subida de los precios y, en especial, para la renta fija, que ha vivido pérdidas históricas.

Como consecuencia, los principales índices bursátiles sufren (salvo contadas excepciones como Turquía y Latinoamérica) abultados retrocesos en el año a ambos lados del Atlántico, con Europa firmando un saldo negativo del 13% (sólo Reino Unido salva el año entre los grandes indicadores del continente) y Wall Street registra su peor curso desde 2008, con un descenso del 20% en el caso del S&P 500 y del 33% en el del Nasdaq 100.

Mercado a mercado, el Ibex 35 ha sido el mejor entre las grandes plazas de la zona euro en estos doce meses. En líneas generales, las cotizadas españolas han hecho los deberes de cara al endurecimiento de las condiciones financieras y el apalancamiento conjunto del índice (excluyendo a financieras y socimis) cierra 2022 en el entorno de las 2 veces. Así, apoyado en la banca y las energéticas, el selectivo retrocede un 5,5%, casi la mitad de lo que cede el Cac francés. El Dax alemán y el Footsie italiano se dejan un 12% y un 13%, respectivamente.

La deuda soberana de EEUU deja pérdidas del 17% en 2022 y la rentabilidad del papel llegó a superar el 4%

Estas caídas se han traducido en un abaratamiento de los índices por su multiplicador de beneficio que, no obstante, dejan las valoraciones aún lejos de otras crisis de mercado del siglo XXI como la Gran Recesión de 2008, cuando la bolsa europea se compró a un PER (número de veces que el beneficio está recogido en el precio de la acción) de 7,5 veces y la referencia americana a 9,8 veces.

De esta forma, el Stoxx 600 cotiza hoy a una ratio estimada para 2023 de 11,9 veces (llegó a caer por debajo de las 10 veces en septiembre, justo después de que los banqueros centrales dieran en Jackson Hole un baño de realidad a los inversores confirmando que estaban dispuestos a sacrificar el crecimiento con tal de frenar la inflación).

En contexto, el índice europeo ofrece ahora un descuento del 14,6% frente a su media de los últimos 22 años y el parqué estadounidense, un 5,2%. Y en clave española, el inversor abona por el selectivo nacional 10,7 veces euros por cada euro de beneficio estimado para las compañías del índice de cara a 2023, es decir, un 18,9% menos que las 13,2 veces que ha pagado de media desde el año 2000.

Por fundamentales, la bolsa de Milán arrancará el año con el mayor potencial alcista de cara a los próximos meses, un 26% hasta el precio justo que le otorga el consenso de Bloomberg, seguido de Fráncfort con un 23% y Madrid, con un 22%.

La guerra y la energía

Por sectores, las compañías energéticas han resultado ser las ganadoras del parqué en 2022. Con los precios de la energía descontrolados por la guerra en el Viejo Continente y los importadores europeos negándose a comprar producción rusa el gas tocó máximos históricos y el petróleo superó la cota de los 100 dólares por barril a comienzos de marzo. Y, como consecuencia, las petroleras se sitúan como los diez valores más alcistas en Wall Street, con revalorizaciones de tres dígitos en el caso de Occidental Petroleum y Constellation Energy.

Mientras, en Europa el valor estrella ha sido Rheinmetall, el fabricante de defensa alemán que ha duplicado su valor en bolsa al ritmo que crecía la tensión geopolítica y los gobiernos de la OTAN han aumentado su gasto militar para hacer frente a las amenazas de Moscú.

Al otro lado, 2022 ha sido un año terrorífico para las firmas tecnológicas. Precisamente, este ha sido uno de los sectores más perjudicados del ejercicio por el nuevo entorno de tipos, ya que al ser compañías de crecimiento y estar fuertemente endeudadas, salen perjudicadas cuando aumenta el rendimiento de los bonos. Por nombres propios, gigantes de pies de barro como Tesla se ha desplomado un 65%, borrando el rally postpandémico, mientras que Meta también cede un 64% y cotiza en mínimos de 2016.

Caídas históricas en renta fija

La renta fija es la que ha masacrado las carteras en 2022, al producirse un reajuste histórico ante el cambio de rumbo de las políticas monetarias de los bancos centrales. En este mercado, que a priori es menos volátil que el de renta variable, una cesta de deuda global firma el 2022 con pérdidas que superan el 16%, según los índices de Bloomberg y Barclays. Este dato ya constituye de por sí el peor año para la renta fija desde que se recogen datos, pero lo cierto es que la caída incluso llegó a ser más abultada, acercándose al 22% en el peor momento del ejercicio, en octubre.

El primer activo de inversión del mundo, el bono americano (conocido como T-Note), incluso supera las pérdidas de la deuda mundial. La deuda soberana estadounidense deja caídas del 17% en este 2022 y la rentabilidad del papel ha llegado durante el ejercicio a superar el 4%, tensionándose hasta niveles que no avistaba desde hace algo más de dos décadas. En el Viejo Continente la sangría de los bonos durante este ejercicio ha sido incluso mayor. El precio del bund alemán, la principal referencia continental, se deja un 21% de su valor este 2022. De hecho, el papel soberano del país germano tocaba este viernes su rentabilidad máxima del ejercicio, al situarse en el 2,51% de rendimiento, niveles de la crisis de deuda de 2011.

Las pérdidas se agrandan aún más si se pone la lupa sobre los bonos periféricos, tradicionalmente más tensionados. De poco sirvió la herramienta antifragmentación aprobada por el Banco Central Europeo para suavizar las rentabilidades de estos papeles, como el italiano o el propio español pues los desplomes en el precio de los mismos se extienden hasta el 26% en el caso de la deuda italiana y del 23% en el caso de la nacional. El italiano alcanzaba en rendimiento niveles no visitados desde 2013 y, por su parte, el español conquistaba cotas de 2014, al tocar ambos en la sesión del viernes el 4,6% y 3,6% de rentabilidad.

Todo este entorno ha dejado un año más que dramático para el inversor estándar (aquel que construye su cartera con distinta proporción de bolsa y renta fija) que finaliza el ejercicio afrontando pérdidas medias que superan el 10% –lo que corrigen los fondos mixtos desde el primero del año, según Morningstar–. Es lógico pensar que, dada la tónica del año, la cartera del inversor agresivo (construida en su mayoría con renta variable) sea la más castigada durante este 2022, con pérdidas de casi el 13%. Lo sorprendente es ver como la cartera de los inversores más conservadores (aquellos menos arriesgados que apuestan por un mayor porcentaje de renta fija que variable) registren retrocesos que superan el 8% en 2022 y que estrechen su caída a menos de cinco puntos con los arriesgados. Por su parte, los perfiles moderados asumen desplomes cercanos al 11%, el segundo tipo de inversor más penalizado este ejercicio, frente al casi 9% que ceden los flexibles.

Aunque el daño que han sufrido las carteras este año ya sea irremediable, lo cierto es que el mercado espera que la renta fija vuelva a cumplir su papel en las carteras de cara a 2023, ofreciendo rentabilidades similares a las de las bolsas, pero con una menor volatilidad. "El punto de partida de los rendimientos, combinado con la expectativa de un ciclo de impago relativamente suave, significa que pensamos que la renta fija puede ofrecer fuertes rentabilidades a los inversores en 2023", explica Eoin Walsh, socio y gestor de carteras en TwentyFour Asset Management.

El perfil conservador registra descensos que superan el 8%, solo 5 puntos menos que el arriesgado

En la última encuesta a gestores de Bank of America, publicada a mediados de diciembre, quedaba reflejado cómo, por primera vez desde 2009, los profesionales sobreponderan la renta fija en sus carteras. El riesgo al que tendrán que seguir enfrentándose los inversores será a la inflación y a cómo esta evolucione en 2023.

El euro pierde la paridad

2022 ha sido también el año en que, por primera vez desde hace dos décadas, el euro ha perdido la paridad con el dólar. Sin duda la pronta actuación de la Reserva Federal Estadounidense (Fed) que comenzó la subida de los tipos de interés con anterioridad a las del Banco Central Europeo (BCE) –la Fed realizó la primera subida en marzo, frente a la del BCE que tuvo lugar en julio– impulsó la revalorización del dólar frente al euro (la divisa estadounidense ha vivido un año prácticamente espléndido en todos sus cruces).

En este ejercicio, la divisa europea acumula pérdidas sobre el 6% en su cambio con el billete verde. Frente a los 1,13 dólares con los que comenzó el 2022, ahora el cruce se sitúa en los 1,06, tras un rebote, sin embargo, de casi el 11% desde que tocó mínimos del año en los 0,95 dólares que condujeron a la moneda continental a niveles de 2002.

El equipo de Renta 4, en su informe de perspectivas de 2023, apuntan que "pese al mantenimiento de un dólar fuerte en el corto plazo, esperamos la gradual apreciación del euro a los 1,10 dólares a medio plazo cuando se perciba un cambio de signo en la política monetaria de la Fed y se reduzca la aversión al riesgo de forma consistente".

En el mercado de materias primas las energéticas han cobrado un claro protagonismo a raíz de la guerra entre Rusia y Ucrania y la actual crisis energética derivada del conflicto. Pese a los vaivenes en cotizaciones como la del petróleo, todas las materias primas energéticas acumulan sendas ganancias en este ejercicio, aunque el gas diluye sus ganancias al final del ejercicio a tan solo el 2%. Y, lejos de lo que se podía pensar, el oro no ha actuado (como sí lo ha hecho en otras ocasiones) de valor refugio en esta contracción económica como, sin embargo, si lo han hecho el hierro, el níquel de la Bolsa de Metales de Londres y la plata.

2023 será un mejor año para la renta fija

Es prácticamente imposible volver a experimentar un ejercicio en el que las caídas de los bonos ronden el 20%. De hecho, volver a registrar pérdidas de tal calibre en los principales bonos del Viejo Continente supondría estar por encima de los niveles de riesgo que se vivieron en la crisis de la deuda europea del año 2011.

Para que un bono italiano vuelva a presentar pérdidas por encima del 20%, sobre los precios actuales, la rentabilidad del papel soberano de Italia se dispararía hasta el 7,5% de rendimiento. Por su parte, la deuda nacional debería escalar hasta el 6,3% y el alemán llegaría a superar el 5% de rendimiento.

Sin embargo, este escenario se espera muy poco probable. "El escenario central sigue siendo positivo para la renta fija, porque hay determinación por parte del banco central para controlar la inflación, pero el escenario negativo se ha recrudecido mucho", explica Enrique Lluva, director de renta fija de Imantia Capital.

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