Bolsa, mercados y cotizaciones

El 9 de noviembre, la Almudena y San Pfizer

Catedral de la Almudena, en Madrid. Foto: Pixabay.
Madrid

Creo que todos los que vivimos del mercado recordaremos donde estábamos el 9 de noviembre del año pasado, alrededor del mediodía, cuando en el festivo madrileño de la Almudena saltaba la noticia de que Pfizer tenía la vacuna. Los que hemos tratado de analizar lo que nos pasó con el Covid no creo que perdamos nunca la experiencia para futuros desplomes en bolsa.

Volveremos a ser irresponsables, como en otras crisis, al despreciar cuando el mercado nos ha metido un caballo de Troya bajista porque pensaremos que toda corrección es una oportunidad de comprar más barato. Nos vamos a equivocar casi seguro. El principio de cualquier desplome es siempre un engaño porque no vemos el recorte potencial de beneficio de las compañías. Pero cuando mayor tentación de vender tengamos porque no podamos soportar la presión de las caídas, cuando el análisis técnico haya perdido todos los soportes y solo vea fosas abisales, será el mejor momento de comprar. Tendremos a fuego gravado en la memoria lo que nos enseñó el desplome final de marzo de 2020.

La sesión posterior al Brexit -el 24 de junio de 2016- pensé que había vivido la peor jornada de mi vida en bolsa. No podía ni imaginar que pasaría con el Covid. Cerramos el periódico, como todos, convencidos de que ganaba el no. Era la noche de San Juan y teníamos a Joan Cabrero en la madrugada saltando las hogueras. Me tocó ponerme en su piel cuando, preparando la apertura de elEconomista.es, Txema Carvajal me preguntó cuánto podría caer.

Debían de ser las cinco o seis de la mañana, mientas me tomaba uno de los cafés más amargos de mi vida con esa luz amarillenta en la cocina que tiene la campana, cuando le dije que se iba un 15% abajo. En algunos valores me quedé corto. La excepcionalidad de la situación no me hizo pensar en los stop de protección y recuerdo ver saltar alguno en los precios peores del día en los primeros minutos de la sesión. Otro de los aprendizajes gravado a fuego cuando el pánico corre por las calles de la bolsa.

La semana antes de que nos confinasen, en los premios Morningstar, me aferré al apóstol Peter Lynch por aquello de no sabemos si los próximos 1.000 puntos del Dow Jones serán alcistas o bajistas, pero seguro que los próximos 10.000 serán alcistas. ¡Mejor haberme quedado callado y no haber escuchado a ningún experto! Pero esa experiencia obliga a una reflexión. Cuando Lynch formula una de las reglas de la inversión más conocida, en Batiendo a Wall Street, es el año 1993 y el Dow Jones ha superado los 3.000 puntos. Cuando yo la recojo estoy pensando en simples correcciones.

Lynch admite la realidad que siempre vamos a querer negar los inversores de largo plazo: un mercado bajista, con una corrección superior al 20%. Volveremos a sufrirla y será otra puerta de entrada de oro cuando las compañías normalicen balances y beneficios.

*Joaquín Gómez es director adjunto de 'elEconomista'.

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