La estéril ley de talión del ojo por ojo

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El Supremo ha conseguido que todos los que discutimos sobre quién debe pagar el Impuesto de Actos Jurídicos Documentados recurramos a la Ley del Talión como nos la explicaban de pequeños: ojo por ojo y diente por diente. A un daño hecho, otro del mismo tamaño. Todo para que nada cambie, sigan siendo los mismos ciudadanos los que paguen el impuesto porque los bancos tengan que subir el coste de las hipotecas, y en el camino quedemos tuertos y desdentados. 

Cortito y al pie del Ibex

Al accionista de la banca se le está atracando

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Leyendo prensa generalista y escuchando la radio tengo la sensación de que los accionistas de la banca son algo así como parias sin derechos de la sociedad, tras la sentencia que obliga a pagar a las entidades financieras el Impuesto de Actos Jurídicos Documentados (AJD) de las hipotecas. Si hablo de redes, salvo casos contados de mesura que los hace escasamente seguidos, el ensañamiento contra los bancos me parece un circo, en el que hay animales, payasos (alguno gracioso) y falsos domadores de fieras sedientas por derrumbar el sistema financiero.

Cortito y al pie del Ibex

Prefiero el 'born in the usa' a la agonía europea

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Los que estamos en mercado estoy convencido de que lo somatizamos. Tras un agosto en el que la crisis de las divisas emergentes -como coletazo de un dólar alto y la guerra comercial entre EEUU y China- nos habíamos dado a las valerianas, ahora vamos camino del Orfidal.

Al estigma de octubre se suman los 'blackouts'

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El mes de octubre, como dice un anuncio, no le gusta ni a los que cumplen años. Si hay un motivo esencial es que pierdes luz solar a la velocidad del sonido y empieza a hacer frío.

Cortito y al pie del Ibex

Al estigma de octubre se suman los 'blackouts'

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El mes de octubre, como dice un anuncio, no le gusta ni a los que cumplen años. Si hay un motivo esencial es que pierdes luz solar a la velocidad del sonido y empieza a hacer frío. Pero en bolsa tiene un estigma particular. El décimo del año puesto uno detrás de otro en meses es históricamente el de los grandes naufragios en los mercados. Es el mes de los ocasos. En el que estalló la Burbuja de los Tulipanes; el del crash del 29, que dio pie a la Gran Depresión; y fue otro octubre, el del 87, en el que tembló Wall Street. Octubre y rojo podrían ser sinónimos. Y este está claro que lo volverá a ser.

Cortito y al pie del Ibex

Los analistas absuelven a Mapfre de sus pecados...

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Pese a ser la aseguradora europea que peor lo hace del sector desde mayo, mes desde el que pierde diez puntos de rentabilidad frente al sector, algo pasa con Mapfre... La aseguradora desde que arrancó la Liga Ibex de elEconomista, a la vuelta del verano de 2016, fue durante año y medio el farolillo rojo de la tabla.

JOAQUÍN GÓMEZ

Exijamos la mayoría de edad financiera

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Cuando era pequeño no me dejaban ver el Pájaro Espino porque tenía dos rombos. Cuando en la mosca de la pantalla aparecían -- suponía que el programa no era adecuado para menores de 18 años. Hoy los niños se reirían de lo que entonces se censuraba. La sociedad ha decidido que la mayoría de edad en muchas cosas se cumple antes de tiempo, pero curiosamente para una de las cuestiones más importantes, la educación financiera, la gran mayoría prefiere vivir tutelada durante toda su vida.

Que el dividendo de la bestia '6,66' no sea ceguera el cambio

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La pasada semana publicábamos que Telefónica alcanzaba el ‘dividendo de la bestia’. Al cruzar su cotización los 6,66 euros, con los cuarenta céntimos con los que retribuye, su rentabilidad por dividendo superaba el 6%. El problema es que el inversor en Telefónica sufre ceguera al cambio, teoría que consiste en que los giros dramáticos en el campo visual a menudo pasan desapercibidos si se introducen de forma gradual. Por este motivo, el dividendo es un gran reclamo para quien quiere comprar, pero un pobre consuelo para quien lo hizo mucho más arriba en precio. De nada sirve que la primera gran decisión de José María Álvarez-Pallete fuera devolver a Telefónica a la senda de la retribución real, quitando el dividendo dopado de César Alierta, y que Telefónica esté haciendo un ingente esfuerzo en reducir la abultada deuda, que se ha recortado un 17% desde que en 2016 alcanzase máximos históricos al superar los 52.500 millones de euros.


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