Economía

La brecha de género la abren las matemáticas: el muro que separa a las mujeres de la igualdad laboral

  • A los 6 años se separan los caminos de niños y niñas: surgen los primeros estereotipos
  • El sesgo de género se cultiva en hogares y aulas e influye en lo que estudiamos
  • Las carreras STEM reducen tanto la brecha salarial como la parcialidad
Foto: iStock

La brecha de género se origina en el colegio, en concreto, con las matemáticas. Esta afirmación se apoya en un compendio de estudios complejos sobre el origen de los roles de género que concluyen que prácticamente desde el primer contacto de los niños y las niñas con la asignatura se comienzan a distinguir dos realidades paralelas que les acompañarán durante toda su etapa educativa y marcarán su vida profesional; la de ellas, a peor. Un sesgo de género iniciado en los números que deriva en la feminización de los empleos en sectores menos productivos y en una precariedad laboral que se ceba principalmente con la mujeres.

Hay dos explicaciones, una científica y otra sociocultural, al origen de esta brecha: la biológica, que encuentra divergencias en la composición cerebral, hormonal o en las habilidades espaciales, aunque goza de menor apoyo científico; y la sociológica, con más evidencias, que atribuye la brecha a factores que van desde marcados estereotipos y roles de género, hasta la influencia de los hogares y las aulas -los profesores- a la hora de estirar la tendencia. Pero, ¿cuándo surge?

No hay evidencia de que antes de entrar en la escuela exista una diferente percepción propia entre las capacidades de los alumnos y las alumnas, pero esta se vuelve significativa y aumenta a lo largo de la educación obligatoria. Es la primera afirmación del estudio 'Mujeres en STEM. Desde la educación básica hasta la carrera laboral' que ha publicado este mes de marzo EsadeEcPol y que se nutre de diferentes investigaciones académicas -nacionales e internacionales- publicadas en la última década.

El momento exacto del clic

Dos investigaciones, una de 2017 y otra previo, de 2011 buscaron el momento exacto de la infancia en que se empiezan a desarrollar las percepciones de género, y destaparon que surgía ante la distinta percepción de capacidad y habilidad para enfrentarse a las matemáticas que demostraban ambos géneros. Las dos concluyeron algo similar: mientras a los cinco años, las niñas y los niños no diferencian por género sus expectativas de brillantez (el sesgo por su propio género es positivo), a los seis años empiezan a categorizar a los niños como "realmente inteligentes" para los números y a distinguir juegos y actividades para los que las niñas no están preparadas. Es en la primera infancia, cuando surge el 'muro de las matemáticas' para ellas, al considerarlas de manera generalizada como una 'cosa de chicos'.

En el caso concreto de España, la encuesta TIMSS 2019 (el estudio internacional de tendencias en matemáticas y ciencia) indicó que desde el cuarto curso de Primaria ya existen brechas de género ante la distinta "experiencia emocional en matemáticas" que expresan alumnas y alumnos; las niñas tienen mayor ansiedad matemática (un 6,3% más) demostrada como un factor limitante para el rendimiento de las niñas pero no de los niños, y sus niveles de disfrute de la materia son más bajos que los de sus compañeros varones por considerarse peores para afrontarlas.

Los hogares y aulas son identificados por los investigadores como el foco de origen de esta visión desigual. Varios análisis (en los enlaces) confirman la influencia de la cultura en esta cuestión y establecen que los países y las familias con normas de género más igualitarias presentan una brecha menor en el rendimiento en matemáticas (incluso llega a desaparece entre el alumnado cuyos progenitores pertenecen a culturas más igualitarias). El ambiente que propician los profesores también puede ser determinante, y erige al aula como otro termómetro para medir la influencia del contexto en niños y niñas: "Aspectos como las actitudes y el comportamiento de los docentes (que perpetúen o no los estereotipos de género, que sean hombres o mujeres...) afectan tantoa los logros académicos como las elecciones educativas y profesionales de los y las estudiantes", señalan los autores Lucía Cobreros, Jorge Galindo y Teresa Raigada.

De momento, la balanza sigue decantada a la antigua usanza. Una encuesta realizada en 2018 arrojó que más del cuádruple de niños que de niñas quieren ser ingenieros, siendo el número de niños que querían ser científicos casi el doble que el de chicas. Según los autores, las concepciones de feminidad tradicional, específicamente las ideas en torno a los roles de "cuidado", podrían explicar parte de estas diferencias.

Los estereotipos se cuelan en el mercado laboral

A partir de Bachillerato la educación deja de ser obligatoria pero la brecha heredada influye en la elección de los intinerarios que marcarán las futuras carreras de quienes quieren seguir estudiando. La realidad confirma que las chicas se decantan más por los itinerarios de Artes y Humanidades mientras ellos optan por las Ciencias, las que abren las puertas a las carreras STEM (acrónimo en inglés que se refiere a ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), que desembocan en mejores empleos. Según los datos del Ministerio de Educación, FP y Deportes de 2021 (último disponible), el 76% del alumnado matriculado en la modalidad de Artes eran chicas; en Humanidades, el 64%; en Ciencias Sociales el 54% y, en Ciencias, menos de la mitad (48%). En la Universidad, la historia se repite: los chicos dominan en los grados STEM (también en FP), especialmente en los de informática e ingenierías; las chicas predominan en las facultades de educación, salud y servicios sociales.

El mercado de trabajo es fiel reflejo de la trayectoria académica. Los datos de ocupación son el espejo de esta realidad 'cultivada' desde la infancia. Teniendo en cuenta de que la representación del empleo también llamado 'tech' es poco representativo en el empleo total (apenas del 4% en datos de Eurostat), sí propicia una realidad diferente.

A cierre de 2022, el porcentaje de mujeres ocupadas que trabajan en la rama STEM era del 5,5% del total, y eso pese a que desde 2011 esta estadística ha presentado un incremento del 66%. Entre los hombres, esa cifra alcanza el 13%, lo que deriva no sólo en una ratio x2,4 a favor de ellos sino en que las mujeres accedan solamente a una de cada cuatro posiciones STEM. Esta realidad, sin embargo, no se da al contrario en las ocupaciones no STEM, que se reparten de manera equitativa entre ambos géneros.

Con todo, las cifras compartidas por EsadeEcPol apuntan a un posible cambio de ciclo ya que, pese a que se da en todas las edades, la 'brecha STEM' es menor para las generaciones más jóvenes: entre menores de 30 años las mujeres que se dedican a ocupaciones STEM alcanzan el 9%, para reducirse a un 7% entre las de 30 a 44 años, recuerdan los autores.

La cruz de no estar en el ámbito STEM

La magnitud de la importancia de poder acceder a una carrera STEM se encuentra en las virtudes de los empleos de este ámbito que no se disfrutan, generalmente, en las profesiones donde las mujeres son mayoría: los salarios son más competitivos y la parcialidad está menos presente.

El estudio señala que en España, las mujeres con empleos relacionados con la ciencia se enfrentan a una brecha salarial sensiblemente menor al promedio (estimada en 5.000 euros anuales pero que aumenta con la edad hasta los 10.000 euros, según Gestha), y notablemente menor a sus equivalentes profesionales y técnicos en ámbitos no STEM. Sobre esto, la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) de 2022 indica que la mayor brecha salarial se da entre profesionales y técnicos fuera del mundo STEM, incluyendo el ámbito de la salud, posiciones directivas, y trabajadores/as manuales. Desde EsadeEcPol subrayan que en todos los casos, el salario de los hombres multiplica al menos por 1,2 el de las mujeres. Siendo la brecha promedio de x1,20, la de profesionales y técnicos STEM se sitúa en x1,1 y x1,08, respectivamente: es decir, sigue existiendo, pero en menor medida.

Ampliando el foco fuera de España, la OCDE relaciona también las ocupaciones STEM con mayores primas salariales. De hecho, según sus datos de ocupación ,las mujeres que no tienen hijos pueden llegar a cobrar más que los hombres por el mismo trabajo. Sobre este punto existe consenso entre los investigadores en que en STEM no se da la penalización salarial para las mujeres con hijos como sí se encuentra en el conjunto de la fuerza laboral.

El estudio también enfoca la otra gran problemática a la que se enfrentan las mujeres trabajadoras: la parcialidad, que acarrea salarios más precarios (aún más en momentos de alta inflación) y peores condiciones de vida ante una capacidad económica debilitada o dependiente. El estudio confirma que el campo STEM borra parte de esta lacra, aunque no invierte los papeles y los contratos parciales que se dan en estos sectores se los reparte más ellas. Sin embargo, en estas profesiones se ha demostrado que la brecha respecto a los hombres es también significativamente menor a la que tiene lugar entre las ocupaciones no STEM. Exportando a este análisis los datos de la misma ECV se descubre que las mujeres en campos STEM tienen una probabilidad menor (un 12,8% menos) de trabajar a tiempo parcial de lo que se esperaría simplemente sumando el efecto de ser mujer y trabajar en un campo STEM. Sin embargo, el género femenino implica un aumento de la probabilidad de trabajar a tiempo parcial del 17%, pero tener una ocupación STEM la disminuye en 6,6%.

La parcialidad agregada (sin distinción por sexos) puede indicar una menor oferta de este tipo de puestos para las ocupaciones STEM y, como las mujeres tienden a presentar una mayor demanda de flexibilidad laboral (para conciliar), algunas investigaciones económicas han argumentado que este podría ser un factor explicativo de los datos de abandono de las trayectorias STEM. Lo que sí asegura el estudio deEsadeEcPol es que "lo significativo en el análisis aquí presentado no es tanto la menor incidencia de la parcialidad en ocupaciones STEM versus no STEM, sino la menor brecha entre hombres y mujeres".

Volviendo al contexto europeo, para las mujeres en STEM se aprecia una tasa de horas trabajadas por semana ligeramente mayor a la de todos los otros campos, aunque se mantiene en este frente una brecha significativa que indica que los hombres trabajan más horas. Donde flaquea el ámbito STEM es en los meses de permanencia en el trabajo, donde la situación empeora respecto a otros campos.

Pese a las ventajas del ámbito laboral STEM, llegar ahí no es fácil. El peso de los marcados roles de género lo sienten, incluso, las mujeres que se decantaron por graduarse en este ámbito. Según la Encuesta de Inserción Laboral de Titulados Universitarios de 2019, es relativamente menos frecuente que una mujer con titulación STEM sea profesional STEM que un hombre con la misma titulación (un 2,7% menos de posibilidades), y mucho menos frecuente que tenga un puesto directivo. Sin embargo, sí es más probable que sea profesora o maestra, administrativa, o técnico en un área no STEM.

La 'feminización' de la precariedad laboral

Cabe recordar que los empleos a tiempo parcial están feminizados. En España, ellas copan más del 70% de este tipo de contatos (menos horas, menores salarios), el 47,6% porque no encuentra una opción a tiempo completo, según la última EPA. Esta situación no sólo penaliza a las mujeres en su etapa profesional sino que las perjudica de cara a la jubilación con pensiones más bajas que los hombres por haber cotizado menos a la Seguridad Social durante su vida laboral. Aquí entra en juego la carga de las labores domésticas y de cuidados, trabajos no remunerados que siguen siendo asumidos en su mayoría por ellas, y que, en muchos casos, llegan a enterrar sus carreras. La última encuesta de percepciones sobre igualdad del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) desveó a este respecto que las mujeres dedican el doble de tiempo (siete horas al día) al cuidado de los hijos que los hombres. La renuncia a la carrera profesional llegó a ser la única opción para seis de cada 10 mujeres en 2016 tras ser madres.

"Desde una perspectiva de género, el mercado laboral deja para las mujeres oficios peor remunerados", remarcó Luisa Ponce de León, profesora de trabajo social de la UNED, en las III Jornadas de Sociología de Género celebradas por el CIS esta semana. Su análisis incide en los riesgos que el sesgo de género tiene en el empleo: no sólo son más las mujeres paradas que los hombres desempleados sino que, una vez acceden a un trabajo, las condiciones serán generalmente peores: "El mayor avance del empleo femenino se ha dado principalmente en la Hostelería", indicó, mientras los pustos directivos los siguen copando ellos.

El crecimiento progresivo de la incorporación de la mujer al mercado laboral anotado en las últimas décadas (salvo en épocas de crisis, donde decrece) queda deslucido por los fantasmas de la discriminación por género inculcada desde la infancia. Además, el ritmo al que se cierra la brecha se ha ralentizado.

Frente a la considerable mejora registrada en los siglos XIX y XX, el proceso se ha ralentizado en las últimas dos décadas. Ayer el Banco de España recuperó las investigaciones que la nobel de Economía, Claudia Goldin, realizó sobre la brecha de género en el mercado de trabajo de EEUU y que evicencian que la gran convergencia de género en el trabajo sigue siendo una tarea pendiente ante la persistencia de lastres como son -profesionalmente- la maternidad, los cuidados y la baja remuneración de los trabajos que permiten conciliar en comparación con la que ofrecen los trabajos codiciosos.

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