Economía

La otra cara de la moneda: las economías que salen ganando con la guerra en Ucrania y la crisis del petróleo

  • Las previsiones de crecimiento para Arabia Saudí, EAU o Kuwait suben con fuerza
  • Estos países disfrutarán de un PIB más alto y una inflación controlada
  • La economía de la Eurozona sigue un camino opuesto: menos PIB y más inflación
Foto de iStock

Más allá de la catástrofe humana que supone la guerra en Ucrania, este conflicto está teniendo un impacto importante en los mercados y la economía. Los organismos internacionales se han visto obligados a rebajar las previsiones de crecimiento mundiales y, sobre todo, de Europa (con Rusia y Ucrania cayendo en grandes recesiones). Sin embargo, la consecuencias económicas de esta guerra también están dejando algunos ganadores que han visto mejorar sus previsiones con los tambores de guerra y con el estallido posterior del conflicto. Los grandes exportadores de petróleo crecerán este año con fuerza y esquivarán la estanflación a la que se enfrenta buena parte de Europa.

Históricamente, las subidas drásticas del precio del petróleo han supuesto la antesala de recesiones globales. Unos pocos países (cuyo PIB representa una porción pequeña de la economía global) se benefician de los altos precios del crudo, mientras que el resto del mundo (los importadores de petróleo) sufre una caída de su poder adquisitivo que debilita la demanda interna. En realidad lo que se produce y se está produciendo es un trasvase de renta desde los países importadores (mayor parte del mundo) hacia lo productores (unos pocos países con elevada desigualdad de la renta y la riqueza interna).

La guerra en Ucrania está generando una divergencia similar producto del fuerte incremento que están sufriendo los precios de las materias primas, dejando a naciones como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos (EAU) o Kuwait como los grandes ganadores en términos económicos de esta guerra. Además, la negativa de la OPEP a 'echar un cable' a la economía global produciendo más crudo podría extender esta situación durante varios meses.

La escalada de la tensión previa a la guerra y el propio conflicto dieron el empujón definitivo para que los precios del petróleo se auparan por encima de los 100 dólares el barril, un escenario inimaginable para cualquiera de los países productores hace unos meses. Hay que recordar que en abril y mayo de 2020 los precios del crudo rondaban los 20 dólares el barril. Sin embargo, la fuerte recuperación económica, los recortes en la inversión para producir más crudo y ahora la guerra han generado un desequilibrio entre oferta y demanda que está dando 'alas' a las economías del Golfo.

Las previsiones de crecimiento de PIB de estas economías hablan por sí solas. En el caso de Arabia Saudí la evolución es espectacular: a mediados de 2021 se esperaba un crecimiento del PIB de poco más del 3% para 2022. Ahora, el consenso de los analistas habla de un crecimiento del 6,6%. Aunque el precio del petróleo comenzó a subir antes de la guerra, el conflicto en Ucrania ha convertido lo que era un pico puntual del precio del crudo en una nueva normalidad hasta que la guerra termine o se busque alguna 'solución mágica' para sustituir el petróleo que Rusia (segundo mayor productor del mundo) exportaba.

En un informe publicado recientemente por S&P Global Ratings se destaca que varios países emergentes que son grandes productores de materias primas van a vivir un pequeño boom económico como consecuencia de la guerra: "Tienen pocos lazos comerciales con Rusia y Ucrania, mientras que son exportadores netos de materias primas cuyos precios están alcanzando máximos de los últimos años".

Desde la agencia de rating ponen como ejemplo a Arabia Saudí o Sudáfrica (produce grandes cantidades de paladio, hierro y oro), no obstante advierten de que esta mejora de algunas economías y sectores estará limitada por la desaceleración de la economía global que está generando la guerra. Unos precios más altos suponen mayores ingresos para los países productores de materias primas, pero la pérdida de impulso de la economía mundial se puede traducir en una demanda más débil también.

"El aumento de los precios del petróleo está fortaleciendo la previsión para Arabia Saudí, dado que el país es un gran exportador de petroquímicos, lo que debería fortalecer aún más las condiciones operativas para las empresas en 2022. Dada la relajación de las restricciones relacionadas con la pandemia en el Hajj, la peregrinación islámica, también esperamos una recuperación en el sector del turismo este año", destacan los analistas de S&P Global Ratings. Riad no ha perdido la ocasión y ha vuelto a subir este lunes todos los precios del crudo que vende a las diferentes regiones del mundo.

Los economistas de la agencia de rating prevén que la economía saudí crezca en 2022 un 5,8%, mientras que la inflación será de un 3,2%. Crecimiento sólido y precios relativamente contenidos, un escenario totalmente opuesto al que le espera a Europa. Otras dos economías que aparecen en la lista de los grandes beneficiados por el contexto global son Kuwait y Emiratos Árabes Unidos (EAU). En el caso de este último, las previsiones de crecimiento de PIB antes de la guerra eran del 4,3%, mientras que ahora el avance asciende hasta el 5%. En Kuwait las previsiones han pasado del 5,1% al 6,4% tras la invasión de Rusia a Ucrania.

Desde la agencia Bloomberg señalan que las dos economías árabes más grandes (EAU y Arabia Saudí) se han convertido en un oasis económico en medio de las turbulencias mundiales. Mientras que el riesgo de estanflación aumenta en buena parte del mundo, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos han tomado un camino opuesto, según las encuestas realizadas en marzo a gerentes de compras de ambos países en la región.

Por el contrario, en la Eurozona las expectativas de crecimiento han pasado del 4,2% antes de la guerra hasta el 3% actual. Por el contrario, la previsión de inflación se ha disparado desde el 2,5% previo al conflicto hasta el 5,95% que vaticina hoy el consenso del mercado publicado por Bloomberg. En EEUU y Reino Unido los descensos en las previsiones sobre la actividad han seguido la misma tendencia aunque con algo menos de intensidad (no dependen tanto en términos energéticos de Rusia), mientras que las previsiones de inflación también han aumentado notablemente.

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