Pilar Llàcer

Profesora de EAE Business School y autora Libro ?Te van a despedir y lo sabes?

Cómo decía un conocidísimo anuncio de Coca Cola del año 2007, “para todos”, la pandemia ha cambiado de golpe el trabajo para todos. También para los jóvenes, que están en la mitad del sprint laboral, y para aquellos que viven en la fina línea de la prejubilación o la jubilación anticipada. El edificio del empleo, ya bastante deteriorado en nuestro país, ha sufrido las peores consecuencias de la pandemia. Sectores supuestamente antisísmicos como el Turismo y la Hostelería han quedado vacíos por el confinamiento, por una mala gestión sanitaria, y por un comportamiento no siempre excelente como ciudadanos (no hay que echar siempre balones fuera). Pero no nos engañemos, ya sabíamos desde hace tiempo que todos los trabajos estaban tocados por la digitalización y los procesos de automatización. Para resistir, debemos construir un trabajo flexible, no encorsetado a un estatuto de los trabajadores.

Hay un refrán que algunos atribuyen a San Ignacio de Loyola que dice: "En tiempos de turbación (o tribulación), no hacer mudanza", que llevado a la actual situación podría significar: "Vamos a esperar a que vuelva todo a la normalidad que conocemos antes de hacer cualquier cambio". Y así es como hemos entrado en un septiembre turbulento por un virus que ha dejado a toda la sociedad sin apenas movimiento.

Jack Nilles, físico de profesión y ex ingeniero de la NASA, sentó las bases del teletrabajo en la década de 1970. En plena crisis petrolera en los Estados Unidos, Nilles buscaba reducir los desplazamientos al trabajo para disminuir la contaminación ambiental y los problemas con el transporte, su propuesta fue crear el telecommuting como una alternativa a la movilidad, “llevar el trabajo al trabajador y no el trabajador al trabajo”; sin embargo, en ese momento no se contaba con los medios tecnológicos suficientes para su desarrollo. Han pasado 40 años y, a pesar de estar en la cuarta revolución industrial y de que algunas grandes empresas ya llevan algunos años ensayando medidas de trabajo flexible, lo cierto es que la práctica del teletrabajo no se ha extendido, y en España menos. Cepsa, IBM, Microsoft, BBVA, Telefónica, entre otras, y recientemente ING implantaron modelos de trabajo que incrementaban la atracción y el compromiso de los profesionales, sobre todo de aquellas posiciones relacionadas con la tecnología y más difíciles de captar.

El rebrote sanitario, que de momento está ocupando los titulares, esconde una verdadera pandemia de desempleo en España. Se estima que el porcentaje de desempleados en España puede llegar a ser de entre un 15% y un 20% al concluir el año según enfoques más o menos optimistas; y alrededor de un 3% de ellos no tenían un empleo anterior.

Dicen muchos que el Covid-19 nos cambiará para siempre pero no tienen razón, ya nos ha cambiado. Y una de las medidas para poder mitigar sus efectos podría ser replantear nuestra jornada de trabajo y los horarios de apertura y cierre de los comercios, al menos en las siguientes fases del proceso de desescalada. Aunque volvamos despacio, las reglas de juego ya han cambiado provocando graves daños en la productividad, aunque en España, el indicador de productividad laboral por empleado ya estaba casi en la UCI antes de que llegara el virus.

Status

Jack Nilles, físico de profesión y ex ingeniero de la NASA, sentó las bases del teletrabajo en la década de los 70. En plena crisis petrolera en los Estados Unidos, Nilles buscaba reducir los desplazamientos al trabajo para disminuir la contaminación ambiental y los problemas con el transporte. Su propuesta fue crear el telecommuting como una alternativa a la movilidad: "llevar el trabajo al trabajador y no el trabajador al trabajo". Sin embargo, en ese momento no se contaba con los medios tecnológicos suficientes para su desarrollo. Han pasado cuarenta años y a pesar de estar en la cuarta revolución industrial y presentar muchos beneficios, esta práctica no se ha extendido y en España menos. Como especie no nos gustan los cambios y, si algo funciona, para qué lo vamos a alterar.

Pilar Llàcer

Todos conocemos a personas apocalípticas en cuanto a la tecnología se refiere; aquellas que siempre ven en el progreso y la innovación el inicio de todos los desastres, una forma de muerte de los trabajos convencionales. Sin embargo esto no es cierto.