Ignacio Nart

Analista financiero CEFA

Ni nos engañemos, ni que no nos engañen. No se ha negociado un pacto entre España y el Reino Unido a ser refrendado posteriormente por la UE. La ambición de nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores se ha limitado a lograr lo que califica como un “entendimiento” entre la UE y el Reino Unido; o para utilizar el término exacto que encabeza el texto a non-paper, es decir, un “documento oficioso” sin carácter oficial que no compromete a los ponentes.

Letizia es el prototipo de una mujer de nuestro tiempo. Volcada en su profesión como periodista, abriéndose camino en TVE en horarios ingratos; independiente; divorciada cuando su matrimonio dejó de funcionar; con un pasado y una vida propia y carácter, mucho carácter. Carácter para entrar en una familia en que el cargo supuestamente comportaba un espacio de privilegio que daba derecho a su titular y entorno inmediato a una serie de momios "por ser vos quien sois" y desde el primer momento separarse resueltamente de una concepción anacrónica y consentida de la realeza. Una mujer en la que su marido supo advertir los valores y firmeza de principios con que la monarquía precisaba contar para dar ese giro hacia una institución renovada y libre de equívocas licencias: al servicio de los nuevos tiempos. Una institución en la que el papel de Jefe/a de Estado sin pasado de partido, ni sujeto a los vaivenes coyunturales de la política y con un amplio horizonte de permanencia aporte esas luces largas que da la experiencia al servicio de los sucesivos Presidentes de Gobierno. Y personificar en la continuidad generacional -núcleo de la monarquía- esa otra continuidad de pais que desde la valoración sosegada del pasado se proyecte sin rencillas hacia el futuro como nación valiosa y valorada en la Unión Europea.

En 1953 al gobierno de Alemania se le aplicó una quita de mas del 50% de su deuda. Los orígenes de esa deuda constituyen un desgarrador recorrido por el pasado reciente de nuestro continente y las dos sangrías a las que nos sometió la vesánica arrogancia de sus dirigentes.

Ignacio Nart

Un día, en esta nuestra Cataluña muchos nos acostamos ciudadanos para despertar sobresaltados súbitamente transmutados en súbditos. Una minoría social se había apoderado de las instituciones y después de haberlo violentado y retorcido torticeramente se permitieron cerrar nuestro Parlament, acallando cualquier voz que no fuera la suya.

Ignacio Nart

Pocas naciones tienen en su historia reciente tantos motivos para sentirse a disgusto con su pasado como Francia. Una vergonzosa derrota y ocupación durante la última guerra mundial, un régimen colaboracionista de Vichy que deportó a sus ciudadanos judíos a los campos de exterminio alemanes y en la postguerra, más derrotas en las cruentas guerras coloniales de Indochina y Argelia. Y qué decir de una clase política que no ha escapado a episodios recurrentes de corrupción, algunos tan pintorescos como los diamantes con que aquel tirano africano llamado Bokassa cortejaba a Giscard d'Estaing.

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