Cristina García

Redactora de Bolsa&Inversión en elEconomista

Los españoles aportaron 1.327 millones de euros a los planes de pensiones del sistema individual el año pasado, la mayor cantidad desde 2009. Pero como sucede siempre, el 68% de todo ese dinero (906 millones de euros) entró en diciembre. No fue uno cualquiera: fue el último en el que los españoles pudieron descontarse con sus aportaciones hasta 8.000 euros en la base imponible del Impuesto de la Renta a las Personas Físicas (IRPF), frente a los 2.000 euros a los que el Gobierno ha limitado esta ventaja este año.

La rentabilidad esperada de los bonos basura, con alta probabilidad de impago, se ha convertido en otra señal de la recuperación, al reducirse hasta el 4,56% en las últimas semanas, según los índices de Bloomberg y Barclays. Nunca antes fue tan baja. Es más, llevaba siete años moviéndose por encima del 5%, desde 2014, y en marzo del año pasado, cuando la pandemia mostró su peor cara, llegó a subir hasta el 12% mientras su precio se hundía ante el deterioro de la situación económica y el miedo a que los impagos se disparasen. Fue una cota que no visitaba desde la crisis de 2008, cuando escaló al 21%. Sin embargo, la expectativa de rentabilidad actual, reducida al 4,56%, solo supera en 3,15 puntos a la de la deuda corporativa con grado de inversión, una diferencia que roza mínimos de septiembre de 2018, a medida que se aleja el riesgo de insolvencia.

Bestinver reduce la inversión mínima de tres de sus fondos de inversión, de 6.000 a 100 euros, para atraer el ahorro huérfano de los planes de pensiones, tras el recorte en el importe deducible, que el Gobierno baja de 8.000 a 2.000 euros este año e incentivar el ahorro periódico. Para ello, la gestora disminuye la cantidad exigida a las aportaciones adicionales, de los 1.000 a 50 euros.

La diferencia, en cuanto a rentabilidad, entre comprarse un bono americano a 10 años y recibir los dividendos de las cotizadas del Dow Jones se ha ido estrechando en las últimas semanas, después de que el primero cruzase, en la madrugada del martes, la barrera del 1% por primera vez desde marzo -tras ello, se mueve en el entorno del 1,07%-. Pero aun así, pese a su repunte, los pagos de la bolsa americana todavía ofrecen 90 puntos básicos más de rentabilidad que la deuda, en la que, además, el riesgo asumido por el inversor es asimétrico debido a que el margen para ganar es estrecho, y el de perder es amplio en un contexto en el que no se esperan subidas en el precio oficial del dinero en 2021 y sí que crezca, sin embargo, la inflación.

El año pasado fue uno de los más difíciles de gestionar en mercado de los últimos tiempos. La venta indiscriminada de bolsa y renta fija vista en marzo dinamitó cualquier rentabilidad conseguida hasta entonces. Casi nadie pudo esquivar las pérdidas, ni siquiera los gestores activos, que se diferencian del resto porque al menos un 60% de las carteras de los fondos que gestionan está descorrelacionada de sus índices de referencia. El que parecía que iba a ser uno de los peores años de mercado, por lo abultado de las pérdidas, no lo fue tanto gracias a los estímulos fiscales y monetarios -pero también a los avances en la vacuna contra el Covid-. Los gestores activos de bolsa española se toparon, además, con una dificultad extra: el Ibex 35 sufrió el mayor castigo de Europa por su composición sectorial. Pese a ello, la gestión activa fue capaz de batir al índice, incluso con dividendos, al obtener 1 punto más de rentabilidad en 2020.

En la madrugada del martes, el rendimiento del bono americano a 10 años cruzó, por primera vez desde marzo, la barrera del 1%. Lo hizo a medida que los demócratas Raphael Warnock y Jon Ossoff ganaban terreno frente a los senadores republicanos Kelly Loeffler y David Perdue en la segunda vuelta en las elecciones al Senado de Georgia. La razón es que los inversores estiman que un Senado controlado por los demócratas podría facilitar la llegada de más estímulos. Un mayor gasto público podría acelerar la recuperación e impulsar la inflación. Algo que va en línea con las previsiones manejadas por el consenso de mercado recogido por Bloomberg antes incluso de que se atisbara un Capitolio demócrata. Se espera que el interés del bono americano suba tanto este año como el que viene, con la consecuente caída de su precio, que implica pérdidas potenciales del 5,7% hasta 2022.

MERCADOS

¿Seguridad o rentabilidad? Ante este dilema, la mayoría de inversores particulares eligió quedarse con la primera opción el año pasado en Europa. Según los últimos datos publicados por Bank of America (BoFA), los fondos monetarios, que invierten en activos de renta fija a muy corto plazo y, por tanto, apenas rentan, captaron más de 240.000 millones de dólares (unos 195.000 millones de euros al cambio) en 2020. Una cifra que convierte a estos vehículos en los verdaderos protagonistas del año pasado, ya que ningún otro tipo de fondo consiguió suscripciones superiores.

La esperanza instalada en las bolsas en la primera sesión del año, que dio lugar a importantes subidas en las primeras horas de la sesión, se fue desinflando poco a poco.

Con el acuerdo del 'Brexit' ya firmado y a pocos días de que termine 2020, a los inversores españoles les queda ya muy poco tiempo para pedir el traspaso de sus fondos ingleses, si no quieren pagar a Hacienda, ya que estos productos quedarán fuera del espacio comunitario a partir del uno de enero de 2021 y, por lo tanto, no se beneficiarán del diferimiento fiscal en los traspasos del que todavía gozan.

MERCADOS

Ha sido un año difícil de gestionar en mercado, en el que las pérdidas han ido de más a menos desde marzo hasta ahora. La recuperación del mercado desde que Pfizer anunciara la eficacia de su vacuna, el pasado 9 de noviembre, ha permitido a índices como el Ibex 35, el más penalizado de Europa por su composición sectorial, recortar las pérdidas en el año hasta el 13,18% si se incluyen los dividendos que reparten las cotizadas, con datos hasta el 20 de noviembre. Hasta ese día, los fondos activos de bolsa española, que se caracterizan porque al menos un 60% de sus carteras está descorrelacionada de su índice de referencia, consiguen batir al selectivo. De media, pierden un 12,8%, según datos de Morningstar. Pero hay algunos gestores activos que consiguen perder hasta tres veces menos que el Ibex 35 con dividendos.