Entre mediados de julio y finales de septiembre, España se transforma en un país de farolillos, fuegos artificiales y plazas llenas hasta la madrugada. Desde las romerías más modestas en aldeas de 200 habitantes hasta las fiestas patronales que llenan ciudades enteras, la temporada alta de verbenas es un auténtico fenómeno social. Pero detrás de las luces de neón y las copas servidas al ritmo de una orquesta, late una maquinaria económica de cientos de millones de euros que alimenta empleo, turismo y tejido empresarial.