Carlos Balado

Profesor de OBS Business School y director de Eurocofin

Joe Biden decía a principios de este año: "Hay un coro creciente de los mejores economistas diciendo que deberíamos estar menos enfocados en el déficit y más en las inversiones que podemos hacer, en empleos, en mantener a las familias fuera de la pobreza y en prevenir daños económicos a largo plazo a nuestra nación. La simple verdad es que si hacemos estas inversiones ahora, con tasas de interés a un nivel histórico bajo, generaremos más crecimiento, mayores ingresos, una economía más fuerte y nuestras finanzas también estarán en una posición más sólida".

Decía Steve Jobs que "si usted quiere que todos estén contentos, no sea un líder, venda helados". La política monetaria de los bancos centrales, tanto la Reserva Federal (FED) como el Banco Central Europeo (BCE), ha seguido esa idea e incluso ha ido más allá: ha regalado los helados bajo inyecciones presupuestarias y monetarias sin precedentes. Pero como nada es gratis, se sospecha que pronto va a empezar a cobrar por ello bajo el pretexto de la subida de la inflación, la moneda de pago y la retirada de estímulos. Y entonces, la simpatía de ambos se va a resentir. Pero la situación de Estados Unidos difiere notablemente de la europea.

La evolución de la economía empieza a mostrar un contorno cada vez más claro y se pueden prever hechos concretos: se empieza a vislumbrar que será conveniente llegar a 2023 con gran parte de los problemas económicos del país solucionados so pena de vivir nuevas angustias.

El allanamiento del Capitolio, el Covid 19, el debate sobre la independencia de algunas comunidades autónomas, el falso debate sobre la Corona, las pensiones, el empleo en tiempos de una inteligencia artificial que puede medir minuciosamente el rendimiento laboral por persona; la desinformación, los bulos o "fake news" y la burbuja del bitcoin, entre otros, son hechos difíciles de clasificar.

En la guerra del Covid 19 el enemigo no ha retrocedido, sino que ha avanzado posiciones. El arma definitiva para acabar con él, la vacuna que se ha utilizado en la primera batalla de 2021, se ha atascado tras los primeros disparos. Los proveedores y los clientes se enfrentan y estos han empezado a exigir tímidamente responsabilidades. De nuevo, falta de previsión y anticipación ante un problema que, utilizando la jerga del control de riesgos, no es un "cisne negro", sino un "rinoceronte gris": una amenaza que se ve venir desde lejos, pero nadie hace nada para evitarlo porque se desprecia el riego que supone.

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