Opinión

Lo que el paro esconde

El mercado laboral, un problema estructural que urge resolver

Las últimas cifras de paro publicadas recientemente son sólo la punta del iceberg de todo lo que llevamos viviendo. Ya cerca de cumplir un año de pandemia, los resultados empiezan a poner en contraste blanco sobre negro. Y es que la moda empresarial se ha bañado de ERTES y de cierres para poder sobrevivir la situación económica y la incertidumbre generada sobre la vuelta de cierta normalidad. Las empresas para sobrevivir deben poder planificar, principalmente los gastos.

Así que ante una total incertidumbre de como van a ser las cosas mañanas, probablemente han preferido jugar sobre seguro y quedarse con una plantilla de trabajadores menor, pues no saben si mañana las nuevas restricciones van a provocar que sus cuentas bancarias estén todavía peor o que sus trabajadores estén de brazos cruzados.

Y quizás no va a ser hasta verano cuando veamos un punto de inflación en la situación sanitaria que permitirá, en consecuencia, una parcial recuperación de la actividad social y económica de nuestro país. Pero la creación de puestos de trabajo ha sido siempre una asignatura pendiente en nuestro país. La burocracia y los costes de personal conlleva que muchas empresas se lo piensen dos veces antes de dimensionarse a un mayor tamaño. Además, este periodo también ha servido para que empresas que tenían una gran presencia física, con el impulso del online hayan decidido reducir dicha presencia física, aprovechándose un poco del contexto como buena estrategia de salida.

Así que nos encontramos en un escenario donde todo se mezcla: empresas que cierran, negocios que reducen su presencia física en aras de fortalecer su presencia online, empresas que reducen su dimensión para poder controlar y sobrevivir en medio de tanta incertidumbre, y porque no, personas que se dan cuenta que no les gusta su trabajo y son voluntarios en las listas ERTE o bien, deciden dejar su trabajo.

Está claro que el problema es estructural, la pandemia solo lo ha acentuado

Sea cual sea la razón, las listas de paro aumentan mes a mes. Y aunque forma parte del ciclo natural de las economías, el problema en nuestro país es que los números de parados ya eran elevados antes de empezar la pandemia. Si tenemos en cuenta que las listas de paro no incluyen los ERTE, ya que se considera una situación de suspensión de trabajo temporal, los números son mucho más preocupantes. Y preocupa todavía más cuando se miran en detalle las cifras, puesto que el nombre de mujeres paradas es mucho mayor que el de hombres y los jóvenes mayores de 25 años cada vez representan un porcentaje mayor de estos parados. Está claro que el problema es estructural y que la pandemia, como en muchas otras situaciones, sólo ha acentuado la situación.

Destruir empleo se hace en un día, en pocos minutos, sin embargo, crear empleo es una de las grandes tareas pendientes de los países. Adaptarse a las nuevas circunstancias es vital para poder sobrevivir y la regulación y normativas deben adaptarse a la dinámica laboral que vivimos. Sin embargo, que la regulación del empleo se adapte a los riders o al teletrabajo, no implica necesariamente que el número de desocupados disminuya. Para ello es necesario reformas más profundas que involucren a más agentes y que ayuden a la creación de empleo. Conseguir que un país sea capaz de generar empleo es una garantía de supervivencia. Sin embargo, los gobiernos probablemente no están mucho por esta labor. Quizás porque al final supone mucho esfuerzo e inversión en el corto plazo para que tenga resultados en el largo plazo, cuando ya haya otro partido liderando el país.

La burocracia y los altos costes de personal lastra la creación de puestos de trabajo

Salvar la situación actual a través de ayudas a las empresas que fomenten el empleo debería ser objetivo primordial en todos los gobiernos, pero incentivar la creación de empleo a través de nuevos emprendimientos debería ser objetivo numero dos si desea que los datos económicos de un país mejoren y sean sostenibles a lo largo del tiempo. Asimismo, debería considerarse la capacitación en emprendimiento como una competencia más en los planes de estudio, dado que el sistema educativo actual no fomenta el emprendimiento y en los últimos años nuestros país no ha avanzado en dicha materia.

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Comentarios 2

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VIO
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En el artículo se emplea la palabra emprendimiento como un sucedáneo de empresario, ya que tras cuarenta años de ininterrumpida victoria sindical, resulta que la palabra empresario está muy mal vista y nadie quiere serlo. Hasta en las rebajas gubernamentales se ofrece crea una empresa con un euro. Por tanto, sí, realmente es para pensar que hay algo que va mal. Todos sabemos que el paro lo debe resolver la creación de empleo, y la creación de empleo, dejando de lado los funcionarios, lo hacen los empresarios. No hay otra. De modo que lo que hay que plantearse es: por qué hay tan pocas empresas, y por qué las que hay son tan pequeñas. De hecho, el 99,88% son Pymes. Yo diría que en parte se debe a que todas las normas qué se aplican a las empresas las hacen funcionarios, y dado que los funcionarios creen que una empresa y su forma de desarrollarse es similar a su forma de trabajar, parten de una premisa equivocada. Por ejemplo, Hacienda cobra a una empresa el IVA, 21% sobre ventas, y el impuesto de sociedades, 25% sobre beneficios. Si lo que queda del beneficio se reparte entre sus propietarios o accionistas, estos volverán a pagar por ello en su declaración de la renta, en función de su cuantía, que puede llegar a ser del 50%. Si a esto le sumamos los pagos a la Seguridad Social por cada trabajador, la pregunta es: cuanto realmente se queda al final el estado del proceso productivo. Una barbaridad. Además, los funcionarios han formado de manera inconsciente una casta a modo de mandarinato que se creen por encima del bien y del mal. Muchísima legislación vigente que recae sobre las empresas tiene como origen y fin último justificar el trabajo de los funcionarios. Vamos a ver, a los funcionarios, en el fondo, que las empresas trabajen o no les trae sin cuidado. Ellos tienen su sueldo seguro y una seguridad extrema en su puesto de trabajo, y lo que quieren es vivir bien, divertirse y trabajar lo menos posible. De hecho, una mayoría está esperando que el gobierno se decida a aplicarles cuanto antes la jornada laboral de 4 días, que ya se está retrasando mucho. A las empresas… que les den y que les vaya bonito. Pero en nuestra sociedad no se debería olvidar la máxima que está escrita con letras de oro en el frontispicio de alguna universidad americana: todo gobierno que desprecia a sus empresarios está condenado a tener paro. Ahí es nada.

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Yo mismo
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VIO. El Iva lo ingresa el empresario de forma habitual, pero siempre lo paga el consumidor final, que también puede ser funcionario.

Generaliza que TODOS los funcionarios son vividores y vagos, con otras palabras, pero más o menos viene a decir esto.

Esto que ha manifestado es tan falso y equivocado como decir que todos los empresarios son unos negreros y unos defraudadores.

Reflexione antes de escribir.

Puntuación -2
#2