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La estafa piramidal que esquilmó a estrellas de la NFL

  • Kurt Branham Barton logró que a 300 personas le confiasen su dinero
  • Entre sus víctimas se encontraban exjugadores de fútbol americano
  • Captó más de 70 millones de dólares, y solo destinó 20 a la actividad real
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Hace mucho que el deporte dejó de ser un simple entretenimiento, una alternativa de ocio, para convertirse en una industria, un auténtico negocio, que mueve miles de millones cada año. Los protagonistas, los profesionales, se han beneficiado con sueldos millonarios, que ha impulsado la aparición de una gran cantidad de ricos.

Se da la circunstancia de que, el extraordinario aumento de ingresos de los deportistas no evita que estos acaben arruinados. En concreto, un reportaje de hace algunos años destacaba que dos de cada tres jugadores de la NBA quiebra a los cinco años de retirarse, mientras que, en el caso del fútbol americano, el porcentaje era mayor, y el tiempo más corto.

Pese a que pueda sorprender, que alguien que ha ganado millones de dólares en cinco o diez años de carrera pueda perderlo todo, son muchas las características que ayudan a entenderlo. Hablamos, en muchos casos, de gente sin estudios, sin ninguna educación financiera, y que administran fatal sus finanzas personales. Que tienen estilos de vida extravagantes y lujosos y gastos desproporcionados. Y que además fían sus finanzas a asesores sin suficiente experiencia o conocimiento que acaban dándoles malos consejos de inversión.

Pero, además, también tienen otro problema: su fama y su fortuna les convierten en las víctimas perfectas para los fraudes y las estafas financieras. Y eso lo sabía Kurt Branham Barton, que diseñó un esquema ponzi con el que esquilmó a decenas de jugadores y exjugadores de la NFL.

Víctimas perfectas

Desde una perspectiva económica, los deportistas de élite son considerados por algunos estafadores como las víctimas perfectas. Gente que gana una gran cantidad de dinero en poco tiempo, no tienen los conocimientos más básicos de finanzas, son propensos a tomar malas decisiones de inversión, confían en exceso en asesores externos... y además son famosos.

Kurt Branhan Barton era un inversor de Austin, Texas, que acudía con frecuencia a la televisión local, donde se le presentaba como experto inversor, licenciado en la Universidad Estatal de Colorado. En 2005, y con esa fama (aunque después se descubrió que nunca había terminado la carrera), se acercó a su amigo personal Ty Detmer, exjugador de fútbol americano, con una destacada carrera, sobre todo en su etapa universitaria. Y le presenta la empresa que había lanzado, Triton Financial, un vehículo de inversión con el que prometía grandes rentabilidades.

A su amigo le convence, y juntos empiezan a captar clientes. Empezando por otros exjugadores de la NFL, que también viven en Austin o en su entorno, como Earl Campbell, Jeff Blake o David Akers, que no solo invierten en la compañía, sino que además se incorporan a su organigrama, como una especie de embajadores.

Los deportistas profesionales eran el gancho perfecto para atraer inversores

La presencia de gente conocida y respetada por la comunidad, y el patrocinio de importantes actividades deportivas, aunque muchas de las cuales, como se descubrió después, nunca llegaron a ser pagadas, atrajo a muchos inversores. Luego, las promesas de grandes rentabilidades, basadas en inteligencias apuestas alternativas, como empresas en dificultades financieras, aseguradoras, préstamos cortos o propiedades inmobiliarias, hicieron el resto.

Más de 300 personas confiaron en Triton para gestionar sus inversiones. Incluyendo a miembros de su propia familia, líderes empresariales, otros jugadores de la NFL o integrantes de su comunidad religiosa, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Barton presentaba a los inversores, de forma puntual, el estado de las cuentas de la empresa y de las inversiones. Aprovechaba esos eventos para pedirles inversiones adicionales, por ejemplo, para adquirir empresas en mala situación financiera que serían apuestas muy rentables.

Algunas de las ideas de inversión eran buenas, como un plan para abrir 100 concesionarios de coches. El problema es que solo llegaron a inaugurar uno, porque no tenían fondos reales para impulsar el plan de negocio.

Esquema Ponzi

En total, en los 4 años que estuvo activo, llegó a captar más de 70 millones de dólares. El problema, como descubrió el FBI durante su investigación... es que solo 20 millones se invirtieron realmente. Fue la única cantidad que se destinó a la actividad real de la compañía. El resto, unos 50 millones, los destinó a tapar agujeros en la empresa; a financiar su lujoso tren de vida, que incluía, por ejemplo, la compra de coches caros y ropa de lujo; y a pagar las rentabilidades prometidas a los inversores, lo que convertía el proceso en un esquema Ponzi. Una auténtica estafa piramidal.

Todo empieza a caer con una pequeña inversora, Christine Cayton, que invirtió, precisamente, por la presencia de deportistas conocidos. Lectora del gurú del emprendimiento Robert Kiyosaki, buscaba inversiones para los ahorros de su familia, 125.000 dólares, y confió en Triton. El problema es que, una vez que depositó el dinero, la amabilidad que había recibido, desapareció. Y los pagos que le correspondía recibir nunca ocurrieron. Tras mucho protestar y amenazar con denunciarles, recibe un pago parcial de 25.000 dólares, y el propio Barton se compromete a entregarle el resto del dinero antes del 4 de diciembre de 2009. Ese último pago nunca llega a producirse, así que Cayton primero les denuncia, y después acude a la oficina de Triton con una pistola, y amenaza a Barton. Estamos en Texas. La reducen cuando se despista para coger las balas de su bolso.

Más allá de la anécdota armada, es una de las primeras denuncias que ayudan a destapar la estafa. Le acusan de idear un plan para obtener dinero de los inversores con falsas promesas. En total, son 39 cargos, que incluyen conspiración para cometer fraude electrónico, declaraciones falsas para para obtener préstamos de instituciones financieras y lavado de dinero.

El abogado de Barton alegó en todo momento que estaba tratando de gestionar un negocio legítimo, pero mal administrado. Que los gastos en coches deportivos, ropa elegante y entradas para partidos de fútbol eran inexcusables, pero que él quería que el negocio funcionara.

La estrategia no funcionó, y Barton acabó condenado en 2011 a 17 años de cárcel, y 5 años más de libertad vigilada. Los exjugadores que más colaboraron con él fueron exculpados, y además varios de ellos perdieron millones de dólares. Peor fue para otros inversores anónimos, que en algunos casos llegaron a perder los ahorros de toda la vida.

La conclusión del FBI, tras la investigación, es que el esquema de Barton fue tan brutal como un atraco a mano armada.

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