Opinión

Francisco González se aficionó a las escuchas ilegales

Francisco González. Foto: Archivo

El ya expresidente de honor de BBVA, Francisco González, culpa de su dimisión a "una larga y continua agresión mediática derivada de las investigaciones policial y judicial, sobre un caso de gran repercusión periodística". Los medios estamos acostumbrados a asumir los errores de los demás. Se intenta matar al mensajero para tapar los hechos delictivos. Me apena que FG no sepa reconocer que contratar a un expolicía para realizar escuchas es un delito, que puede ser penado con varios años de cárcel.

González renunció a su poltrona de honor porque se veía acorralado por la Justicia y por salvar la cabeza de su heredero, el actual presidente de la entidad, Carlos Torres.

El exvicepresidente de la CNMV, Carlos Arenillas, presentó esta semana una nueva denuncia contra él, la tercera después de la del expresidente de Sacyr, Luis del Rivero y sus socios o la del exministro de Industria, Miguel Sebastián.

Las denuncias contra FG no han terminado y el descubrimiento de presuntos delitos, tampoco

Además, elEconomista públicó que espió a los expresidentes de Fadesa, Fernando Martín, y de Colonial, Luis Portillo. González, a la vista del éxito de los servicios prestados, contrató a Villarejo para perseguir de forma fraudulenta a morosos con pedigrí. Se aficionó a las escuchas ilegales. Ese es el verdadero motivo de su dimisión. Las denuncias contra él no han terminado y el descubrimiento de presuntos delitos, tampoco.

elEconomista público los audios en los que Villarejo relataba en 2009 sus artimañas al director de los servicios jurídicos, José Manuel García Crespo, que junto al jefe de los servicios de Seguridad, Julio Corrochano, el exdirector de comunicación, Javier Ayuso, y FG estaba al corriente de las escuchas, según Villarejo. En estas circunstancias era estúpido resistir más. Tarde o temprano será imputado, y el daño de reputación para la entidad será enorme.

Varios asesores de fondos pidieron a los accionistas que se abstuvieran en la aprobación de la gestión del consejo del BBVA

La renuncia se produjo, además, en vísperas de la junta general de accionistas en la que Torres fue reelegido consejero y, por ende, presidente. Nadie ponía en duda su reelección, pero se temía por el descontento de los accionistas durante las intervenciones previas a la votación. Varios asesores de fondos como Glass Lewiss habían pedido a los accionistas que se abstuvieran en el punto cuarto del orden del día, en el que se vota la aprobación de la gestión del consejo del BBVA, que respaldó a González. Lewiss advertía de los riesgos legales y del daño para la reputación.

En esta tribuna ya advertimos de que la decisión de Torres de ligar su futuro al de Francisco González era simplemente suicida, como así se ha demostrado.

Los siguientes párrafos de la carta de renuncia de FG muestran que sus juicios de valor están fuera de la realidad. "He dedicado los últimos 22 años de mi vida a esta Institución. He trabajado duro para hacerla crecer, transformarse en una entidad comprometida con los nuevos tiempos, con la modernidad, la rentabilidad y siempre con unos principios de ética y de rigor que sigo compartiendo con todos vosotros".

Su gran apuesta, la adquisición del turco Garanti, se convirtió también en su mayor fracaso

González tomó el mando único de BBVA en 2001, tras forzar la salida de Emilio Ybarra por las cuentas de Jersey, como se sabe. Desde entonces, la entidad perdió la mitad de su valor en bolsa. Su gran apuesta, la adquisición del turco Garanti, se convirtió también en su mayor fracaso. El BBVA rebajó en 3.000 millones la valoración de participación en la entidad después de la crisis de la lira sufrida el año pasado.

Su énfasis en la tecnología ofrece una imagen de modernidad, pero los resultados son intangibles. El banco, pese a que asegura que casi la mitad de sus operaciones son ya digitales, no ofrece cifras sobre el impacto positivo de su estrategia ni del incremento del margen que produce. Por contra, sufre costes carísimos para el desarrollo de prácticas que, en ocasiones, son copiadas en unos meses por la competencia a mitad de coste.

El valor del BBVA en bolsa es hoy un 60% inferior al del momento en que llegó González. Su fortuna, sin embargo, se multiplicó por varios dígitos, solo con los 75 millones percibidos en su plan de pensiones.

Torres se empeñó en mantener a FG en el cargo a pesar del descrédito que suponía para la entidad

En referencia al uso de los principios de ética y rigor creo que sobran las palabras. Si fuera así, hace varios meses que debería haber dimitido. No es solo elEconomista quien pide su dimisión, sino las autoridades bancarias: el vicepresidente del BCE, Luis de Guindos; el del Banco de España, Pablo Hernández de Cos; el de la CNMV, Sebastián Albella, y el de la AEB, José María Roldán, urgieron a tomar una rápida decisión, una manera velada de solicitar su salida.

Me consta que alguno de ellos telefoneó personalmente a Torres para que cesara a González y este se negó. No se saben las razones por las que se empeñó en mantenerlo en el cargo. Torres no estaba en la entidad cuando se encargaron las presuntas escuchas ilegales al denominado Grupo Hostil encabezado por Del Rivero. Pero era ya consejero delegado en el periodo de 2012 a 2017 en que se investiga el espionaje al presidente de Ausbanc, Luis Pineda, ahora en prisión.

Tras la dimisión de González viene lo peor: el proceso judicial

Si González piensa que con su dimisión se acaba el caso para la Prensa, se equivoca. Ahora viene lo peor, la imputación y el banquillo ante el magistrado Manuel García Castellón, hasta la sentencia final, como advirtieron este viernes los accionistas.

González argumenta en su misiva, que "para evitar que se utilice mi persona para dañar a la entidad, he decidido abandonar temporalmente los cargos en la Fundación y en el Banco, mientras concluyen las investigaciones en curso". Lo que me extraña es que no se diera cuenta del daño que causaba hasta que se vio completamente acorralado.

La ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, insiste en cargarse la industria

PD.-La semana fue muy fructífera en acontecimientos económicos. La premier británica, Theresa May, se destapó como una gran estratega. Primero arrancó del Parlamento británico un compromiso por los pelos de que jamás habrá una ruptura desordenada con Europa y después logró un plazo de tres meses, que abre incluso la posibilidad de convocar otro referéndum, para seguir en la Unión.

En la otra cara de la moneda, destaca el pertinaz empeño de la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, por cargarse la industria. Esta semana atacó la planta de celulosa de Ence en Pontevedra. El grupo papelero presidido por Juan Luis Arregui obtuvo todos los permisos para prorrogar sus permisos de actividad y ha invertido ya 50 de los 70 millones que prometió para limpiar los vertidos sobre la ría pontevedresa. Ribera puede dejar en el aire más de 5.000 empleos en Galicia.

El grupo papelero, con una excelente trayectoria de gestión como muestra su reciente entrada en el Ibex, tiene todo preparado para trasladar, si fuera necesario, su actividad a Navia (Asturias) donde sería acogido con vítores por el Principado. ¿Qué hay detrás del empeño de Ribera y Sánchez por atacar a Ence? Obtener un arma electoral para arremeter contra el presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo, y el expresidente Rajoy, encargados de renovar la licencia. Un ejemplo de cómo la política puede acabar destruyendo riqueza en vez de crearla.

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