Opinión

La estrategia climática y energética de China

China retrasa el cumplimiento de sus propios objetivos de reducción de emisiones para presionar a EEUU y la UE

A menos de dos meses del inicio de la conferencia sobre el clima COP26 en Glasgow, China es cada vez más el centro de atención de la política climática mundial. El país ha incumplido el plazo del 31 de julio fijado por Naciones Unidas para presentar nuevos compromisos de reducción de emisiones -conocidos como Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés)- antes de la COP26, despertando dudas sobre su contribución en el marco del Acuerdo de París. Aunque otros países, como India, Arabia Saudí y Sudáfrica, también han incumplido, el retraso de China es especialmente preocupante. Como mayor emisor mundial de gases de efecto invernadero, el país es clave para el éxito de la COP26 y el esfuerzo global por la neutralidad climática.

El factor más preocupante es que el retraso de China podría no reflejar una demora en la preparación, sino un plan bien ensayado para relegar sus compromisos en materia de cambio climático frente a otras áreas en las que la Administración estadounidense ha mantenido un modo beligerante con China. Para que EEUU, y potencialmente también Europa, acepten compensar a China por hacer operativos sus objetivos a largo plazo de neutralidad de carbono en 2060, es importante tener en cuenta dos cosas.

En primer lugar, este uso político de la lucha contra el cambio climático podría ser vista por la Administración Biden como la última posibilidad de cooperación con China, lo que haría que la relación bilateral se volviera mucho más hostil. Esto también es una posibilidad en el caso de Europa, dada la creciente importancia del cambio climático en las prioridades de los ciudadanos europeos.

En segundo lugar, no está nada claro que China esté dispuesta a tomar las medidas necesarias para cumplir los objetivos climáticos que se ha marcado, más aún para los más cercanos en el tiempo, es decir, el de alcanzar el máximo de emisiones en 2025. De hecho, el carbón sigue representando el 57% del mix energético de China en 2020 y no hay intención de cambiar, ya que el carbón sigue muy subvencionado. Sólo el año pasado se pusieron en marcha 38 gigavatios de nueva capacidad de generación de energía con carbón, lo que equivale a toda la capacidad en este ámbito de Alemania. En segundo lugar, el 14º Plan Quinquenal presentado en marzo de 2021 no ofrece realmente un avance en el actual mix energético de China ni ninguna otra acción que garantice que las emisiones alcancen su punto máximo en 2025 ni ningún tope de emisiones de carbono. El plan también hace varias referencias a un mayor desarrollo del carbón, en lugar de introducir un tope de consumo. Para algunos, la introducción de un sistema nacional de comercio de emisiones (ETS) es una buena señal, pero la realidad es que ha permanecido muy ilíquido desde su inicio el 16 de julio de 2021 y con el precio diario del carbón estancado en niveles muy bajos (entre 7-9 dólares por tonelada de CO2), varias veces inferior al del carbón europeo.

Teniendo en cuenta lo anterior, no parece aconsejable que EEUU ni la UE tengan que ceder a la presión de China y moderar las exigencias sobre el gigante asiático en materia de comercio, tecnología y sanciones a cambio de que Pekín se comprometa más en la lucha contra el cambio climático. La razón principal es que una vez que se entra en ese tipo de negociación, la carga de la descarbonización de China se traslada al resto del mundo. Y hay varios riesgos en este escenario, el más obvio es que otros países pueden empezar a hacer lo mismo, aumentando el coste global de atajar el cambio climático.

Para evitar este escenario, EEUU y la UE podrían no tener más remedio que unir sus fuerzas. La forma más obvia de hacerlo sería crear un pool climático a través del cual puedan coordinar medidas para crear incentivos externos para reducir las emisiones globales más allá de sus propias fronteras. El instrumento más obvio para lograr este objetivo sería la introducción de medidas de ajuste en frontera del carbono, que debería considerarse como un primer paso hacia un mecanismo multilateral abierto a todos los países que quieran unirse. Para que esta medida incentive los esfuerzos de descarbonización de China, el mecanismo de ajuste fronterizo del carbono tendría que conseguir rápidamente una amplia cobertura sectorial, mucho más allá de los productos básicos en cuya producción se hace un uso intensivo del carbono.

En definitiva, la gran estrategia de China de servirse de la política climática con el fin de obtener compromisos de EEUU en otras áreas puede ser el catalizador para que Washington y Bruselas creen un pool y utilicen su propia influencia para estimular acciones ecológicas tangibles, incluidas las de China. Ya existen algunos instrumentos con este fin, como las propuestas de ajuste en frontera del carbono que se debaten actualmente tanto en EEUU como en la UE, por lo que este resultado es posible. Con todo, cabe la opción de que China reconsidere el giro que ha dado en su política sobre el cambio climático, ya que podría resultarle costoso.

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La tormenta eléctrica actual está demostrando cuan absurdos e insensatos son lo planes de descarbonización implantados en Europa. La energia, hoy por hoy, les guste o no a la ecología, proviene de los combustibles fosiles y de la energía nuclear. Ignorar ese hecho e intentar forzar el cambio antes de que exista una fuente alternativa real es engañarnos a nosotros mismos y llevarnos al empobrecimiento energético generalizado.

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