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¿Qué puedo ganar con mis inversiones? Del 2,3% de un depósito al 10% del 'private equity'

  • La subida de tipos de interés ha permitido que los inversores encuentren un amplio abanico de posibilidades de obtener rentabilidades atractivas según su perfil de riesgo
¿Qué puedo ganar con mis inversiones? Del 2,3% de un depósito al 10% del 'private equity'
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El proceso de subida de los tipos de interés por parte de los bancos centrales ha devuelto la normalidad al mundo de la inversión, que siempre ha basado su axioma en el activo libre de riesgo. Después de años en los que si un ahorrador quería obtener algún rendimiento para su dinero debía adoptar una posición más arriesgada de lo que hubiera sido su perfil habitual, es precisamente este activo el que empieza a remunerar de manera atractiva, con el bono norteamericano a diez años situado en el 4,7%.

El incremento del precio del dinero ha permitido que la media de rentabilidad de los depósitos se haya situado ya en el 2,34%, según datos del Banco de España, con las entidades extranjeras y los bancos digitales, sobre todo, pugnando por atraer nuevos clientes. El depósito a un año de Raisin, por ejemplo, paga un 4,40% TAE para inversiones a partir de 20.000 euros. Las entidades financieras tradicionales no han emprendido de momento una lucha por captar pasivo, ya que cuentan todavía con una balsa amplia de liquidez y, además, la demanda de crédito se encuentra a la baja. Pero comienzan a sacar ofertas de imposiciones fijas siempre que se vincule al cliente con otros productos. CaixaBank acaba de sacar un depósito al 2%, pero que parte de un 1% y en función de si tiene la nómina domiciliada o contrata un seguro de hogar puede ir sumando puntos básicos para alcanzar la TAE final ofertada.

La normalización de los tipos de interés se ha visto reflejada claramente en la rentabilidad de las emisiones de deuda pública, con la icónica imagen de numerosos ahorradores haciendo cola en las puertas de las sedes del Banco de España, pese a que se pueden contratar por una pequeña comisión en cualquier entidad. No es para menos: las letras del Tesoro español a 12 meses ya han escalado al 3,90% en la última subasta celebrada, mientras que en las letras a seis meses ha subido al 3,83%. Esto ha permitido el resurgimiento de los fondtesoros y los fondos monetarios, que ya ganan un 2% en el año, con datos de Morningstar.

Esta subida de los rendimientos de la deuda pública ha permeado en todos los períodos de vencimiento de las emisiones gubernamentales. La deuda norteamericana a diez años, el activo refugio por excelencia, ha tocado el 4,73%, mientras que el bono español con este vencimiento ofrece un 4,01% y el italiano, un 4,90%. Este fuerte repunte de la deuda pública periférica ha permitido que las gestoras lancen fondos específicos que tienen como subyacente esta clase de activo y que prometen rendimientos de alrededor del 3% en la mayoría de los casos.

Dentro del espectro de renta fija, las proyecciones de rentabilidad mínima para diversas cestas de bonos de las categorías más representativas ofrecen una horquilla que va desde el 4,01% que se puede ganar con los bonos europeos hasta el 4,28% que se puede obtener con una cesta de bonos globales, si se mantuvieran a vencimiento. Rentabilidades que permiten construir una cartera para los inversores más conservadores de cara al futuro con una revalorización que hasta hace año y medio solo se podía conseguir invirtiendo en los activos más arriesgados de renta fija, como en las emisiones de high yield.

De hecho, este tipo de bonos ahora proyectan un rendimiento del 8,66% en el caso de una cesta representativa de títulos europeos de esta clase, que se eleva al 9,79% en el caso de que se trate de una cesta global, según las estimaciones de Bloomberg. Y la rentabilidad exigida a este tipo de deuda es más elevada que la expectativa de rentabilidad de la bolsa europea y la norteamericana para el próximo año, medida como la inversa del PER, que se sitúa en el 8,65% en el caso del Stoxx 600 y del 5,76% en el caso del S&P 500.

Pero no hay que perder de vista que la evolución de la inflación y la acción de los bancos centrales para contenerla sigue marcando la volatilidad de los mercados, teniendo en cuenta que las expectativas de los analistas que recoge Bloomberg reflejan que el BCE comenzaría el proceso de recorte de tipos de interés, en abril mientras que en EEUU se espera que la Fed lo haga en junio. Factores que influyen en la construcción de las carteras, puesto que se puede perder por precio lo ganado por rentabilidad (se mueve de manera inversa) si no se mantienen a vencimiento los bonos. De ahí que gestores flexibles de renta fija como Rafael Valera, de Buy & Hold, opten por no incluir bonos soberanos en su cartera. En cualquier caso, la normalización de tipos ha traído la revalorización de todos los activos, y en este entorno es más fácil para el inversor ser fiel a su perfil de riesgo real, teniendo en cuenta el coste de la inflación para las carteras.

Mercados privados

La democratización de la gestión alternativa, una vez que se aprobó la normativa que permite invertir a partir de 10.000 euros –siempre que esta cantidad no represente más del 10% del patrimonio financiero del inversor, no exceda del medio millón de euros y sea consecuencia de una recomendación personalizada realizada por un intermediario–, ha llevado a las gestoras a plantearse el acercamiento de este tipo de vehículos a los inversores minoristas. Por el momento, la entidad que más claramente ha apostado por este segmento ha sido Bankinter, a través de su fondo de fondos Bankinter Investment Inversión Alternativa I FCR.

Pero todas las firmas están introduciendo en su catálogo productos similares, aunque los importes de inversión sean superiores, de 50.000 euros, o incluso se mantengan en los 100.000 euros para realizar un filtro de los inversores, ya que suelen ser productos ilíquidos en los que el período habitual de vida suele situarse en los diez años, en los que no puede retirarse el dinero. Pero, a cambio, las proyecciones de rentabilidad en deuda privada sénior se sitúan entre el 75 y el 10%, mientras que en vehículos de private equity centrados en compañías en crecimiento puede llegar hasta el 20%.

No obstante, hay que tener en cuenta que la traslación de la revalorización en los activos privados, como consecuencia de la normalización de tipos de interés, va con más retraso que en los activos cotizados. Ion Zulueta, director de análisis de Icapital, explica que, históricamente, y dependiendo de la estrategia, los mercados privados han ofrecido una prima de entre el 3% y el 5% frente a mercados públicos. "Tememos que este diferencial pudiera ser menor a futuro para varias de estas estrategias, grandes beneficiadas del entorno de tipos ultra bajos y que están recibiendo gran interés y capital inversor, lo cual podría llegar a reducir las ineficiencias de valoración existentes en el mercado", advierte.

A su juicio, la deuda privada se beneficia no solo de una rentabilidad atractiva sino del hecho de que "ha aumentado el poder de negociación de los prestamistas frente a los deudores", pero sin olvidar que la diversificación que pueden ofrecer el private equity y la deuda privada frente a la renta variable y la deuda high yield es "limitada" ya que, "no nos engañemos, el riesgo subyacente es el mismo".

Para José Cloquell, director del departamento de inversiones ilíquidas de Diaphanum, todavía no se ha producido la traslación de la subida de tipos de interés a la economía productiva, razón por la que seguiremos todavía en un período de transición hasta que se produzca dicho ajuste natural. Razón por la que, "hoy por hoy, y ante el nuevo escenario, debemos ser más exigentes con las expectativas de retornos a lo largo de todo el espectro de inversión, y los activos privados no son una excepción. Por ello, añadimos al menos 500/600 puntos básicos a las expectativas de retorno que exigíamos antes del comienzo de subidas de tipos de interés", señala.

Y recomienda determinadas clases de activos, como "la deuda privada senior, las infraestructuras con remuneración fundamentalmente vinculada a disponibilidad y, en la medida en que se normalice el escenario de tipos, la inversión en el capital para el crecimiento de compañías con alto retorno de caja sobre el capital), que deberían ser prioritarios a la hora de realizar compromisos de inversión en activos ilíquidos", subraya.

'Real Estate' e infraestructuras

Susana Felpeto, directora de soluciones de inversión de atl Capital, recuerda que si se compara el bono con los activos ilíquidos de real state, la parte de menor riesgo de los mercados privados, la rentabilidad esperada a diez años es similar en ambos casos (ver gráfico). "Esta rentabilidad se sitúa en torno al 3% anual. Pero puede alcanzar el 8% en función del riesgo del activo de real state en que se realice la inversión. En el sector de infraestructuras, la rentabilidad esta marcada por la proyecto y la zona geográfica del mismo. En este sentido, el rango puede estar entre el 6-9%", señala la experta.

"Si nos vamos a un perfil medio de riesgo, el activo sería el private equity (buyout y growth), compañías con una actividad en funcionamiento y que generan flujos de caja positivos, es decir, de cierta madurez. En este caso, el rango de rentabilidad anual se situaría entre 10-18% dependiendo del nivel de riesgo. En la parte alta de la franja de rentabilidad corresponde a la inversión en compañías menos maduras o con inicio de actividad, incluidas en lo que denominamos venture capital", añade Felpeto, quien recuerda que, aunque los mercados privados tienen la ventaja de la disminución de volatilidad, al eliminar el sesgo de la venta impulsiva en los malos momentos de mercado, "el inversor debe de saber que tiene una iliquidez y que se trata de un producto complejo muy válido para completar carteras de inversores con un cierto patrimonio".

Zulueta insiste en que el inversor debe tener en cuenta sus objetivos y su perfil de riesgo a la hora de evaluar si invierte en una estrategia ilíquida u otra. "La rentabilidad buscada (si se conforma con un 8% no tiene por qué asumir el mayor riesgo de invertir en private equity o venture capital y puede optar por estrategias más conservadoras como deuda privada e infraestructuras), el deseo de estar expuesto a los vaivenes del ciclo (las infraestructuras esenciales con ingresos estables son poco cíclicas), cubrirse de riesgos como la inflación (los terrenos madereros son los más efectivos para ello) y la diversificación" son, a su juicio, los principales factores a tener en cuenta a la hora de valorar la inversión en este tipo de estrategias, en un momento en que las firmas de inversión están apostando fuertemente por este tipo de productos al poder fidelizar a largo plazo a los clientes, dada la iliquidez de estos vehículos, y las mayores comisiones que pueden cobrar, al poder justificar una gestión más activa.

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