Bolsa, mercados y cotizaciones

"El peor año de la historia de los mercados": solo dos activos se salvan de la sangría de 2022

  • La renta fija no ha sido un valor seguro, ni ha actuado como refugio
  • Los únicos activos que no pierden son materias primas y el dólar
  • Cuatro claves: guerra, inflación, restricción monetaria y recesión
Foto: iStock.

Salvo un milagro, 2022 se presenta como candidato a ser uno de los peores años de la historia para los inversores. Con una inflación desatada, encontrar refugio para los ahorros se ha convertido en un auténtico deporte de riesgo y solo dos tipos de activos entre todos los que se pueden encontrar en el mercado se han salvado de meses y meses de desplomes generalizados.

Los valores defensivos, valores cíclicos, el mercado de la vivienda, el oro, los bonos… todo ha acabado en negativo. Tan solo se salvan de la quema dos activos. Por un lado, las materias primas, fuertemente espoleadas por el conflicto en Ucrania y las sanciones de Occidente a Rusia. Por otro (y solo en Estados Unidos), el dinero en efectivo, con el dólar subiendo al ritmo de la Reserva Federal.

Víctor Alvargonzález, director de estrategia y socio fundador de Nextep Finance habla abiertamente de un 2022 entrando en los peores registros. "No es que pensemos que es el peor año para la historia de los mercados: es que lo es. Los datos así lo confirman". A pesar de ello, en 2018 se vivía una situación comparable, con solo el dinero en efectivo salvándose, pero con caídas mucho menores que las que se han vivido en este periodo.

El experto avisa también de que "no es nada extraño que después de un mal año venga uno bueno". En ese sentido alerta de un 2023 aún renqueante afirmando que "no se recuperarán todos los activos, y los que se recuperen no lo harán por igual". Al mismo tiempo, puntualiza que esto abre una ventana de oportunidad porque, "algunos activos que ahora caen ganarán mucho el año que viene" por el efecto rebote.

Desastre en las bolsas

El desastre de las bolsas ha estado orquestado por la inflación, una ralentización económica, el mayor ritmo de endurecimiento monetario de la historia y la invasión rusa de Ucrania. Esos cuatro ejes han marcado el tono de los mercados, provocando que los principales índices hayan alternado periodos en el mercado bajista y que el balance a estas alturas sea de un -19,7% para el S&P 500, por ejemplo. El 'blue chip' americano no ha cerrado una mejor sesión en todo el año que la primera, la del 3 de enero. Desde entonces, las caídas han borrado casi una quinta parte de su valor. Sus 503 cotizadas han tenido un rendimiento muy inferior al de los 30 componentes del Dow Jones, cuyo balance es del -9,5% en lo que va de año, la mayor diferencia entre ambos índices desde 1933, según Bloomberg.

No hay tanta distancia, sin embargo, entre las compañías de menor capitalización como en las de mayor valoración en Estados Unidos, con descensos del -16,6% y del -15,7%, respectivamente. En el caso de los gigantes yankees, que están también entre las firmas más grandes del mundo, destaca el pésimo ejercicio de las tecnológicas. Apple ha borrado una cuarta parte de su valor, Microsoft ha registrado una rentabilidad negativa del 29,5% y, Alphabet, matriz de Google, se ha desplomado un 38,7%. Eso deja al Nasdaq 100 con un bajón del 33,2% que, sobre todo, implica dejar atrás prácticamente todo lo ganado en 2021, un 27,4%.

Eso refleja que el 2022 ha estado marcado por un freno al crecimiento, en el que los inversores han dejado de lado los valores growth y han apostado por el value, en reacción al ciclo de restricción monetaria emprendido por los bancos centrales. La menor liquidez en el presente hace que el valor actual de los beneficios futuros pierda atractivo.

Si se mira a otras geografías, el balance ha sido igualmente negativo: -15,3% para las bolsas de Europa, Oriente Medio y el Pacífico (MSCI EAFE, que engloba las medianas y grandes capitalizadas de 21 países, excluyendo Estados Unidos y Canadá). En el caso de las acciones emergentes, la sangría llega al -21,5%. Mirando algunos índices en concreto, el continental EuroStoxx 50 pierde un 11% y el Ibex 35 un -5%.

En el caso del selectivo español, el complicado ejercicio se ha visto en parte compensado por el peso de la banca en el índice. Así, destacan los rendimientos de CaixaBank, Bankinter o Sabadell, aupados por las subidas en los tipos de interés. BBVA y Santander (penalizado por su negocio en Brasil) han lucido menos, pero su resultado bate al del mercado en general. Otras de las destacadas -y que muestra otra tendencia global- es Repsol. La energética está entre las ganadoras.

Para ver en mayor dimensión cómo ha sido el ejercicio a nivel energético solo falta mirar al S&P 500 Energy, que lleva una revalorización del 52,2%. El sector logró el año pasado revertir su tendencia negativa de los últimos diez años. Este 2022, no solo ha superado con creces al S&P 500, sino que su racha ha sido imparable debido a la invasión rusa de Ucrania y sus consecuencias en el mercado del gas o del crudo. Eso ha hecho que la energía haya sido la cara de la moneda y la tecnología su cruz.

Los bonos caen con fuerza

En tiempos de crisis los inversores buscan activos refugio y pocos hay más comunes que la renta fija y los bonos. Sin embargo, esta vez la situación es realmente diferente a lo que el mercado está acostumbrado y la deuda está viviendo una época de fuertes caídas. El mercado de los bonos en Estados Unidos ha vivido una caída del 11% en su conjunto.

El precio de los bonos soberanos ha ido en caída libre a medida que los tipos de interés subían con fuerza y el balance y los estímulos de los bancos centrales retrocedía a toda velocidad para detener la inflación. El bono a diez años de EEUU ha visto dispararse su rentabilidad (que es inversamente proporcional al precio) desde el 1,5% hasta el 3,6%. La rentabilidad del bono a cinco años también ha pasado del 1,6% al 3,7%.  Por su parte, los bonos indexados a la inflación, que prometían seguridad frente a uno de los principales problemas que ha atravesó el mundo en 2022, tampoco han salido ganando, con caídas en este mercado de un 13%.

En el resto del mundo la situación ha sido parecida, con una caída de más del 20% en el mercado de bonos emergentes. En Europa también se ha vivido un descenso similar al de Estados Unidos. El bund alemán, referencia continental para resto de bonos a diez años, ha disparado su rentabilidad que cotizaba en negativo en 0,17% para encarar las últimas semanas del año instalado en el 2,35% en positivo. Bonos periféricos, como el español, han subido con más fuelle que sus vecinos, avanzando en su rentabilidad desde el 0,59% hasta el 3,42%.

Respecto a los bonos corporativos, estos también caen con fuerza. El S&P 500 Bond Index muestra una caída en lo que va de año superior al 13,55%. Los 'bonos basura' o high yields también han vivido una mala época, con una caída del 11%. En definitiva, los inversores han huido de la deuda que emitían las empresas ante una menor liquidez en el mercado y han optado por buscar otros lugares donde proteger su dinero en efectivo.

El dólar sobrevive al desplome

Entre un mar de categorías en rojo, una de las pocas que sobrevive es el efectivo: tener dólares en el banco ha resultado ser una de las pocas jugadas ganadoras. La causa es la fuerte subida de tipos de la Reserva Federal, que ha encarecido al dólar frente a casi todas las divisas del mundo. Según el Índice Big Mac de The Economist, solo las coronas suecas y noruegas, el peso uruguayo y el franco suizo están 'sobrevalorados' frente al dólar, mientras que el dólar canadiense le aguanta el pulso a la moneda de su vecino del sur. El resto de divisas mundiales, desde el euro al yen, pasando por la rupia india, la libra, el peso mexicano o el yuan, están infravaloradas frente al 'billete verde'.

El golpe ha sido aún mayor en el mercado de criptomonedas. El 'oro digital' se ha hundido con una fuerza mucho mayor que la de su contraparte real. El enfriamiento del mercado tecnológico, el hundimiento de numerosas casas de cambio, y una larga ristra de probables fraudes, con FTX y Sam Bankman-Fried a la cabeza, han llevado al bitcoin a perder todo lo ganado desde su pico de 2017, e incluso caer por debajo de sus niveles más altos en aquel momento de efervescencia. Alvargonzález recuerda que "cuando un activo entra en fase 'casino', mejor abstenerse de invertir. Y más si va acompañada de anuncios protagonizados por estrellas del deporte o del cine y todo tipo de publicidad llamativa".

Este año, al final, parece cumplirse uno de los dichos del mercado de inversión, que es que cuando todo cae, es mejor mantenerse fuera con dinero fresco a mano.

Los tipos golpean al inmobiliario

Otra de las víctimas de las subidas de tipos ha sido el sector inmobiliario. Tras haber subido un 143% en la última década, la vivienda estadounidense se deja ahora un 24,6%, al compás de la Fed. Tras una década con los tipos de interés en niveles históricamente bajos, que llevó por ejemplo al euríbor a niveles negativos, ahora los costes de endeudarse están subiendo con fuerza. Y la locura inmobiliaria, que llevó a pujas constantes al alza en EEUU, y a numerosas ventas que se cerraban sin que el comprador revisara siquiera la casa en cuestión, está dándose la vuelta ahora mismo. Y lo peor de todo es que la avalancha reciente de datos negativos no hace pensar que la tendencia vaya a cambiar a corto plazo. 

Las materias primas, las grandes ganadoras... excepto el oro

Por su parte, los recursos del planeta han sido los principales ganadores del año. Primero una crisis de suministros que el planeta arrastraba desde 2021 disparó los precios de muchas de sus referencias, especialmente las que venían de Asia como el litio, esencial para los coches eléctricos. Sin embargo, hubo grandes movimientos en todo tipo de productos como el cobre, el estaño o el silicio.

El problema se agudizó con la guerra de Ucrania, que de golpe provocó que uno de los principales productores de petróleo, gas, níquel, aluminio, paladio, cobre o incluso trigo recibiera sanciones de Europa y Estados Unidos y el comercio queda herido de muerte. Todo esto ha provocado que las materias primas en su conjunto suban un 21% en lo que va de año.

Pese a todo y para sorpresa de muchos una materia prima en concreto no ha compartido esta 'victoria'. El oro, el valor refugio por excelencia, cayendo un 4,8%. A pesar de que el precio de la onza cotiza ahora en los mismos niveles que a comienzos de año en el entorno de los 1.820 dólares, este activo ha llegado a posicionarse en los 2.000 dólares a mediados del año.

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