Empresas y finanzas

Prohibido trabajar (en vacaciones): la desconexión es vital para la salud y el futuro rendimiento de los trabajadores

  • La desconexión digital del trabajo durante las vacaciones es ya un derecho regulado por ley
  • A los españoles les cuesta desengancharse de sus dispositivos electrónicos.
Autor: Dreamstime.

Con el fracaso de la investidura de Pedro Sánchez todavía fresco, lo de pensar en marcharse alegremente de vacaciones parece una quimera para los líderes políticos. Planea sobre ellos la sensación de que no han cumplido con los deberes que les encomendaron los españoles, y el suspenso de julio les obliga a aplicarse para la reválida de septiembre. De hecho, las declaraciones públicas que los representantes de las distintas formaciones han venido realizando en los días posteriores al 'no' a Sánchez apuntan a que asumen un agosto de poca playa y abundante teléfono móvil. Y aunque de cara a la opinión pública este castigo sin vacaciones que se autoinflige la clase política pueda sonar tranquilizador, quizá no sea lo que más le convenga al país.

Los expertos coinciden. Apartar la mente del trabajo durante el periodo vacacional es absolutamente necesario. Estrés, ansiedad o insomnio son algunas de las consecuencias indeseables de no hacerlo. "Las vacaciones son un elemento nuclear del derecho social europeo y su finalidad es contribuir al descanso del trabajador para que pueda rendir el resto del año. La desconexión total durante las vacaciones debería ser el objetivo a perseguir", afirma Fabián Valero, socio directos de Zeres Abogados. Presiones, objetivos, cierres, KPIs… Jessica Ortega-Barón, profesora de la UNIR, destaca que desconectar permite "recargar pilas y volver a la rutina descansados y con más fuerza".

Fácil de decir, no tanto de poner en práctica. Según un reciente estudio de la consultora Hays, el 57% de los profesionales sigue atento al móvil o al correo electrónico del trabajo durante sus vacaciones. Los altos directivos y los trabajadores "nativos digitales" (generación 'Z' y millennials) son los que más sufren estas ataduras invisibles durante sus periodos de asueto. "Es un mal endémico. Hay personas adictas al trabajo que son incapaces de desconectar ni siquiera dos semanas. Y la tendencia va en alza", comenta Salvador Sicart, director en Hays Response España.

"Tiene que haber una estructura que permita el reparto de responsabilidades. Se necesita saber qué personas del equipo van a estar operativas en cada momento"

Otro informe, elaborado de por InfoJobs, ahonda en las causas de esa dificultad casi patológica para hacer un paréntesis laboral. Según este portal, el 36% de los encuestados afirma que responde a sus correos electrónicos y atiende llamadas de trabajo durante sus vacaciones porque "se siente en la obligación de hacerlo"; el 34% asegura que obra así porque "su puesto de trabajo lo requiere", y un 14% declara abiertamente que siente la necesidad de "estar al día de todo lo que ocurre en el trabajo", aunque esté de vacaciones. Curiosamente, solo un 1% de las personas preguntadas dijo que su motivación era "ayudar a un compañero".

Una de las excusas más socorridas para seguir al pie del cañón cuando no toca es apelar al sentido de la responsabilidad. Muchos profesionales, especialmente los que ocupan cargos directivos, sienten vértigo ante la perspectiva de sacar completamente el trabajo de sus vidas, aunque sea durante unas pocas semanas, no vaya a ser que el mundo se acabe si ellos no están disponibles para impedirlo. Para Salvador Sicart, detrás de este pretexto hay síntomas evidentes de mala gestión. "Las ausencias hay que planificarlas. Por muy ejecutivo que seas, si tienes que trabajar todo el tiempo es que algo estás haciendo mal. Tiene que haber una estructura que permita el reparto de responsabilidades. Se necesita saber qué personas del equipo van a estar operativas en cada momento, qué personas no y diseñar un plan de contingencias en el que todo el mundo tenga claro a quién hay que llamar en caso de un imprevisto", indica.

Pero no solo los mandos tienen dificultades para cambiar los zapatos por las chanclas. La falta de planificación es un mal que no entiende de jerarquías. Judith Monmany, responsable de Comunicación de InfoJobs, ofrece una serie de consejos antes de ponerse en modo 'fuera de cobertura'. "Delegar en compañeros aquellas tareas que haya que llevar a cabo de manera imprescindible; informar a los colegas del estado de los proyectos y de la ubicación de los archivos importantes, o avisar a proveedores y clientes de las fechas de nuestras vacaciones y proporcionales de antemano un contacto alternativo", enumera.

Maldita tecnología

La nube y los sofisticados dispositivos actuales facilitan mucho la vida de las personas, pero también son un perverso Caballo de Troya que hace que la oficina y sus problemas acompañen a los vacacionistas allá dónde vayan. Monmany subraya que desconexión laboral y desconexión digital están íntimamente ligadas. "Muchas personas tienen la tentación de chequear a menudo los emails de la oficina o el grupo de WhatsApp del trabajo. Aunque sepan que no van a responder correos o haya otras personas a cargo, su mente está pensando en el trabajo, lo que les impide desconectar y, por supuesto, disfrutar con la familia o los amigos", lamenta.

Jessica Ortega-Barón pide hacer el esfuerzo consciente de no estar permanentemente pendiente del móvil. "Podemos ir a ciertos sitios sin el móvil, o planificar actividades que no incluyan el uso de las tecnologías. Un consejo que ayuda es determinar la hora exacta en la que vamos a hacer una determinada llamada. También es útil eliminar las notificaciones que nos avisan de forma repetida de que ha llegado un correo electrónico o de que tenemos un comentario en la red social".

"La empresa debe alentar, facilitar y permitir a sus empleados que desconecten durante sus períodos vacacionales"

Parecen consejos sensatos. Sin embargo, en materia de trabajo, la desconexión total (tecnológica y mental) no depende únicamente del trabajador. Por desgracia, los mensajes tipo: "¿Y cuándo te ibas tú de vacaciones? Buf… con el lío que tenemos…", acompañados de sacudidas de cabeza, siguen siendo saliendo de las bocas de muchos mandos ante las inminentes (e inevitables) vacaciones de sus colaboradores cercanos. Este tipo de indirectas (o directas) no ayudan. "La empresa debe alentar, facilitar y permitir a sus empleados que desconecten durante sus períodos vacacionales", sostiene Judith Monmany. Esta experta recuerda como en Francia, uno de los países pioneros en regular el derecho a la desconexión, ya se prohíben las comunicaciones fuera del horario laboral, se evita que los empleados reciban comunicaciones en periodo vacacional o incluso se habilitan "sistemas de avisos a los empleados que se conectan más de un determinado número de veces fuera del horario laboral con la recomendación expresa de desconectar".

En España la legislación no llega tan lejos como en el país vecino, pero se están haciendo progresos significativos. "La entrada en vigor de la nueva Ley Orgánica de Protección de Datos dicta que todas las empresas, con independencia de su tamaño, deben dotarse de un protocolo interno de desconexión digital, así como de acciones internas de formación y sensibilización en materia de desconexión digital", refresca Fabián Valero. Aunque, agrega este el especialista en Derecho Laboral, "de momento son todavía muy pocas las que regulan internamente la desconexión digital de sus colaboradores".

Telefónica es un de esas pocas empresas. La compañía firmó el pasado 17 de julio un acuerdo con los sindicatos mayoritarios que reconoce el derecho de sus trabajadores a no atender ningún tipo de comunicación de la empresa, con independencia del medio que se utilice, salvo en caso de fuerza mayor.

Al final, siempre está la responsabilidad personal de cada cual. "El auténtico problema no es si las máquinas piensan, sino si lo hacen los hombres", dijo el psicólogo norteamericano Burrhus Frederic Skinner. Y eso que en su tiempo el único dispositivo portátil que las personas llevaban consigo a sus destinos vacacionales era, a lo sumo, un buen libro. Un diagnóstico con el que coincide Jessica Ortega-Barón. "No se trata de demonizar a los teléfonos móviles o a los ordenadores. Es el ser humano quien tiene que reflexionar sobre si hace un uso responsable y positivo de la tecnología. Es primordial no abusar de ella y actuar en consonancia con lo que es bueno para uno mismo".

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