Economía

Hartos de vernos las caras: las relaciones profesionales prolongadas pueden causar hastío y perjudicar la productividad

  • Trabajar juntos desde hace años genera mutua confianza y lealtad
  • Cambiar de compañeros puede servir como efecto motivador
Foto de archivo

"Estoy cansado de las giras. Álbum, gira; álbum, gira... Harto de discutir por las canciones que van al álbum, por el single, por la cara b, por los royalties...¡Esta rutina nos está matando! Quiero hacer algo diferente, crecer, abrir mis alas y volar". De esta forma justifica Freddy Mercury (interpretado en la gran pantalla por Rami Malek, ganador de un Oscar por el papel) ante sus compañeros su decisión de dejar la banda para acometer nuevos proyectos en solitario. Esta escena de Bohemian Rapsody, el exitoso biopic del cantante de Queen, no es en realidad algo tan raro de ver. De hecho, es bastante normal que después de muchos años trabajando juntos las relaciones profesionales se resientan de algún modo y hasta lleguen a romperse.

La consultora especializada en responsabilidad social CANVAS Estrategias Sostenibles está celebrando estos días su quinto aniversario. Sus socias fundadoras, Isabel López Triana y Claudina Caramuti ya se conocían de antes. Aunque una cosa es la amistad y otra convertirse en la cara que uno ve cada mañana al llegar a la oficina. "A veces simplemente con mirarnos ya sabemos lo que la otra está pensando", explica López Triana. Este conocimiento profundo y casi intuitivo del compañero es una de las grandes ventajas que trae el tiempo a las relaciones profesionales. Porque "cada una conoce las fortalezas y debilidades de la otra, y esto hace que, aunque seamos muy diferentes, nos compenetremos muy bien".

Para Antonio Pamos, CEO de Facthum, las mejores relaciones de trabajo duraderas son como los matrimonios bien avenidos. "En ellas se fomentan la confianza y la lealtad. Además, se reducen los conflictos porque se llega a un nivel de conocimiento tan profundo de los compañeros que tú ya sabes cómo van a reaccionar ante una determinada situación. Como contrapunto, existe el riesgo de caer en la rutina y en lo anodino, algo que siempre resulta poco enriquecedor", comenta. ¿Qué se puede hacer cuando esto sucede? La otra mitad de CANVAS, Claudina Caramuti, aconseja "obligarse a salir de la zona de confort, intentar escapar del día a día y dedicar un tiempo fuera del espacio común para reflexionar y pensar a largo plazo".

Miriam Ortiz de Zárate y José Manuel Sánchez, socios fundadores del Centro de Estudios del Coaching (CEC), también son veteranos en esto de compartir proyecto profesional. "Discutimos bastante, nos admiramos, nos respetamos y, sobre todo, nos queremos mucho", resume su relación Ortiz de Zárate. Según esta coach, el hecho de trabajar a diario con las mismas personas durante años será positivo o negativo en función del relato que cada cual decida contarse.

CEO de Facthum: "Alguien con una visión diferente te acaba contagiando. Ves otra manera de actuar, de trabajar, y de forma inconsciente acabas adoptando esos hábitos. El simple hecho de estar cerca de esas personas te hace crecer"

"Lo de llegar al trabajo pensando, 'qué horror, otro día más con el pesado de Ramírez' o 'solo de pensar que tengo que pasar ocho horas sentada al lado de Julián me entran arcadas' son juicios de valor que impactan en el estado de ánimo, en las relaciones sociales y hasta en la salud de quien los hace", advierte. Como alternativa más saludable propone tratar de cultivar relaciones de confianza en el entorno de trabajo. "De esta forma, la atmósfera, los juicios, las emociones y las reacciones serán muy diferentes, y el efecto de ver siempre a las mismas personas puede ser mucho más agradable y estimulante".

Cuestión de confianza

Los expertos coinciden: la confianza es la clave sobre la cual se asienta toda relación de largo recorrido. Eso sí, dice Miriam Ortiz de Zárate, nada de andar racionándola ni poniendo a la gente en cuarentena. "Hay que abrirse y darle una oportunidad a esa relación desde el primer momento. Porque cuando nos decimos cosas como 'primero tiene que ganarse mi confianza', ya estamos poniendo un obstáculo muy grande de entrada". Para que una relación profesional fructifique, expone la socia del CEC, se tienen que dar dos elementos clave: cuidarla, cultivando y manteniendo la confianza en el día a día; y repararla siempre que se deteriora. Porque "los conflictos son una parte imprescindible en las relaciones. Van a ocurrir inevitablemente, y lo que hay que hacer es abordarlos adecuadamente. Sostener las conversaciones que sean necesarias. No ocultarlos debajo de la alfombra, porque así no van a desaparecer".

Aunque no hace falta que surja un gran problema para que salten chispas entre quienes ocupan mesas contiguas. En ocasiones, un detalle aparentemente insignificante es suficiente para que se declare la Tercera Guerra Mundial. José Manuel Sánchez incide en que muchas veces detrás de una mala relación profesional lo que se esconde es un viejo conflicto enquistado desde tiempos inmemoriales. "La falta de comunicación hace que las relaciones se enreden y se vuelvan tóxicas. El aire se vuelve enrarecido, el ambiente de trabajo se hace insostenible y las personas encuentran insoportables pequeñas manías o hábitos de sus compañeros".

Introducir una pequeña variación en ese microcosmos puede aliviar tensiones y hacer que los profesionales se enchufen de nuevo a un proyecto. "Los entornos estáticos son más predecibles y albergan menos incertidumbre, pero también ofrecen resultados menos sorprendentes. Cualquier cambio, por el contrario, es siempre estimulante. Moviliza a la acción y hace que te replantees cosas que antes no habías considerado. Te preguntas: ¿y si lo hacemos de otra manera?", argumenta Antonio Pamos.

Movilidad interna

Durante una visita de Pamos a la sede de Bloomberg en Nueva York presenció un inusual trasiego de personas cargadas con cajas que iban de aquí para allá por las oficinas. Le explicaron que la empresa tenia como política cambiar a los empleados de departamento cada seis meses para estimular el intercambio de conocimientos y experiencias. "Incluso se penalizaba el uso el ascensor para forzarles a pasar físicamente por otras plantas y ver lo que estaban haciendo allí". ¿Por qué? El CEO de Facthum recuerda que el aprendizaje también se produce de manera pasiva. "Alguien con una visión diferente te acaba contagiando. Ves otra manera de actuar, de trabajar, y de forma inconsciente acabas adoptando esos hábitos. El simple hecho de estar cerca de esas personas te hace crecer".

Existen numerosos ejemplos de empresas que encuentran en la movilidad interna de sus trabajadores un factor motivador y de retención del talento muy importante. Gonzalo de la Rosa, director de Recursos Humanos del Grupo BNP Paribas en España, destaca cómo un cambio de aires cada cierto tiempo dentro de la misma empresa facilita la actualización y mejora la empleabilidad de los profesionales. "Además, el hecho de poder mezclar culturas y hábitos de trabajo entre entidades dentro de un grupo global como el nuestro enriquece, no solo a las personas que lo experimentan, sino a toda la organización. Sin duda, tener la certeza de que estamos en desarrollo constante como personas es un antídoto excelente para curar la frustración y la desmotivación".

Está claro: la savia nueva puede tener un efecto dinamizador en un equipo de trabajo. "Cuanta más diversidad, mayor riqueza habrá en una organización", subraya Isabel López Triana. "En nuestro equipo hay personas muy jóvenes y otras con mas años y experiencia, y esa mezcla aporta mucha ilusión y ganas de mejorar". Pero, puntualiza, esa savia nueva puede llegar a través de nuevas incorporaciones a la empresa, por supuesto... pero también por medio de las que ya estaban allí desde el primer día. "Es una cuestión de regenerarnos a nosotras mismas, de hacer cosas distintas, de innovar, de crear... De hacer que emerjan en nosotras nuevas facetas y habilidades".

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