Pymes y Emprendedores

Se buscan fracasados: cómo aprovechar la derrota para impulsar tu carrera profesional

  • El profesional perfecto no es aquel que acierta siempre...
  • ... sino el que sabe aprender de sus errores

En el año 2003 tres estudiantes de tecnología finlandeses unieron sus talentos para fundar su propia empresa de videojuegos para móviles: Rovio Entertainment. Los comienzos del ilusionante proyecto, sin embargo, no fueron todo lo halagüeños que sus creadores habían imaginado.

A pesar que la compañía no dejaba de producir buenos juegos y de que sus jóvenes ejecutivos llamaron a innumerables puertas, las barreras de entrada al incipiente mercado de aplicaciones móviles parecían insuperables para aquellos esforzados escandinavos. Hasta que seis años y una cincuentena de aplicaciones fallidas después, a las puertas de bancarrota, unos irritables pájaros vinieron en su auxilio. Hoy, con más mil de millones de descargas y unas ventas millonarias, Angry Birds ha convertido a sus perseverantes artífices en unas de las empresas más exitosas de su sector.

Así que la próxima vez que alguien (o tú mismo) insinúe que eres un fracasado por haber tenido alguna mala experiencia laboral o empresarial en el pasado, acuérdate de los pájaros de Rovio. "El fracaso es algo habitual e inevitable en toda carrera profesional. ¿Quién no ha obtenido alguna vez un resultado peor del esperado con una idea, un proyecto o una decisión que ha tomado?", reflexiona Samuel Pimentel, presidente de Ackermann International.

Para este cazatalentos lo importante del fracaso es "saber gestionarlo y el aprendizaje que se obtiene del mismo". De hecho, tercia el conferenciante y formador Iñigo Sáenz de Urturi, equivocarse es absolutamente obligatorio y debería ser interpretado "siempre como el siguiente escalón, nunca como el último. Si un bebé que prueba a ponerse en pie por primera vez se cae, ¿a que sus padres nunca le van a decir que deje de intentarlo? Sería absurdo".

Pero esta lógica aplastante no siempre se aplica en los entornos empresariales, especialmente en España, donde el fracaso sigue de algún modo estigmatizado. "Si lo que te han enseñado es a no fallar nunca y a que si te equivocas eres un don nadie, entonces no tendrás posibilidad de levantarte", advierte Sáenz de Urturi.

"Si nos abrimos al error, a la posibilidad de cometerlos y aprender de ellos, nos sentiremos seguros y actuaremos cada vez mejor"

La tolerancia al fallo es, de hecho, uno de los grandes desafíos a los que se enfrentan las empresas actuales. Según Emilio Solís, socio director de The Human Talent Factory, el error es el único camino posible hacia la excelencia. "Como profesionales tenemos mucho miedo a fracasar, y si trabajamos en un entorno en el que los fracasos no se toleran, los evitaremos no haciendo nada, los ocultaremos o echaremos la culpa a otros.  En cambio, si nos abrimos al error, a la posibilidad de cometerlos y aprender de ellos, nos sentiremos seguros y actuaremos cada vez mejor".

Íñigo Sáenz de Urturi aconseja hacerse tres preguntas después de cada tropiezo sufrido: "¿Qué he aprendido?, ¿qué haré distinto la próxima vez para no repetir este mal resultado? y ¿para qué me ha servido todo esto?". De las respuestas a esas tres cuestiones fundamentales dependerá que ese fracaso pueda transformarse en algo positivo en el futuro. "Si eres un emprendedor que no consigue financiación, a lo mejor la próxima vez que acudas a un inversor lo harás con plan de negocio más sólido y mejor estructurado que le permita ver la consistencia de tu proyecto", ilustra.

Cuestión de lenguaje

La RAE define "fracaso" como "resultado adverso de una empresa o negocio". Y visto así, no parece algo tan dramático. Pero en el imaginario colectivo el término no resulta tan inofensivo. "Culturalmente ha sido un concepto que da a entender un problema de gran envergadura, gravedad y de, alguna manera, irreversible", comenta Samuel Pimentel.

Por esa razón algunos expertos prefieren hablar de "intentos" o de "errores" antes que de fracaso. Porque, argumenta Emilio Solís, "mientras que los errores hacen referencia a lo que hacemos, los fracasos atacan directamente nuestra autoestima, a nuestra línea de flotación. Si al hacer algo nos equivocamos, tendremos que analizar qué errores hemos cometido y modificar nuestra conducta, aprender otra forma de hacerlo mejor. Pero si nos decimos a nosotros mismos que lo que ha ocurrido es un fracaso, nos estaremos calificando de fracasados, y esto afecta a nuestra identidad personal y profesional".

Los errores son inevitables en el mundo del trabajo. "Equivócate pronto, equivócate barato", dicen en Silicon Valley. Eso sí, no todos los fracasos son útiles. Juan Carlos Álvarez Campillo, profesor de ESADE, dice que lo serán solo en la medida en que partan de una base plausible y sirvan para mejorar. "Que nos salga mal un proyecto al que nos hemos lanzado sin más porque nos apetecía, pero sin contar con un estudio de mercado, competencia y proyección de futuro adecuados, no es fracaso sino pura inconsciencia", señala. En la misma línea, Fernando Botella, CEO de Think&Action, añade que alguien que tropieza una y otra vez con la misma piedra no aprende. "Es un fracasado crónico, y eso no lo quieren las empresas".

Contratar a un fracasado

"Cuando uno fracasa se ve forzado a ser creativo, a profundizar y a pensar noche y día. Me gusta tener cerca a personas que hayan pasado por ello". Esta frase, atribuida a Bill Gates, es sintomática de la nueva realidad que manda en los procesos de selección. El candidato perfecto ya no es aquel que presume de infalibilidad, sino el que acredita salir fortalecido y más sabio de sus equivocaciones. "Hoy los cambios son imprevisibles y ningún éxito del pasado garantiza los del futuro. Las empresas ya no quieren personas acomodadas que solo saben aplicar viejas recetas. Lo que buscan son profesionales curiosos, resilientes, con capacidad de aprendizaje y alta tolerancia al error y a la frustración. Personas con la facultad de descubrir, explorar, experimentar, solucionar, reaccionar y volver a empezar", sintetiza Samuel Pimentel.

No es que los profesionales 'estrellados' tengan más ideas que los demás, pero las suelen tener mejores

Fernando Botella cree que un candidato con un historial de tropiezos a sus espaldas ofrece tres elementos muy atractivos para cualquier empresa que se plantee contratarlo. "En primer lugar, el fracaso hace que esa persona se cuestione críticamente sus actos pasados; no se queda anclado, sino que busca evolucionar. Además, mejora sus habilidades para relacionarse con los demás, ya que las situaciones complicadas a menudo hacen que salten chispas y sirven de aprendizaje para manearse en condiciones adversas. Por último, se incrementa su capacidad creativa. No es que los profesionales 'estrellados' tengan más ideas que los demás, pero las suelen tener mejores. De alguna manera, sus fracasos pasados hacen que se afine su olfato para los éxitos futuros", concluye.

De acuerdo; el fracaso es humano y quizá ya no está tan mal visto como antes. Pero, ¿hasta el punto de admitirlo en el contexto de una entrevista de trabajo? El cazatalentos Samuel Pimentel no tiene dudas. "La manera en que un candidato afronta un revés es indicativa de honestidad, humildad, autenticidad, transparencia, seguridad en uno mismo, reflexión y análisis, credibilidad, capacidad de despertar confianza… cualidades todas ellas muy valiosas para las compañías."

Juan Carlos Álvarez Campillo, por su parte, destaca que las experiencias malogradas hacen a una persona "más fuerte y dotada de recursos que aquella que nunca se equivoca porque nunca intenta nada". ¿Qué si existe una fórmula para enfrentarse al fracaso? Una muy sencilla, asegura este experto:  "Aprender, volver a levantarse y seguir intentándolo cada día con energías y estrategias renovadas".

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