Economía

¿Tiene la banca central las herramientas para 'salvar' a la economía del coronavirus?

  • La banca central se enfrenta a un problema nueva y con el arsenal casi agotado
  • Las políticas monetarias no tienen gran impacto en este tipo de disrupciones
  • Sus efectos pueden ser paliativos y sobre todo una ayuda para el mercado
Christine Lagarde, presidenta del BCE, junto a Jerome Powell, presidente de la Fed de EEUU

Das la mano y te cogen el brazo. Esto es lo que debe pensar algún que otro banquero central. Tras una intervención decisiva y extraordinaria durante la crisis financiera de 2008, ahora cada vez que algo se mueve en los mercados o en la economía, todo el mundo espera que la banca central solucione el problema. Hoy, parece que la banca central tiene que resolver, sin apenas ayuda, desde una guerra comercial hasta el cambio climático. Por si esto fuera poco, ahora se espera que el escaso margen de estos organismos solucionen la crisis del coronavirus. Aunque la misión parezca compleja, los banqueros centrales han dado la cara y están dispuestos a hacer todo lo que sea necesario para aliviar el impacto de esta enfermedad sobre la economía (como ha demostrado este martes la Fed), otra cosa es que sus herramientas puedan reanimar la economía.

Por ahora, la predisposición a actuar de la banca central ha servido para detener (al menos temporalmente) la drástica corrección que estaban sufriendo las bolsas y otros activos de riesgo a nivel global. Algunos institutos monetarios, como el de China, Australia, Japón o la Reserva Federal, ya han adoptado nuevas medidas expansivas. Ahora, el Banco Central Europeo amenaza con desenfundar la pistola. Sin embargo, las críticas no han tardado en aparecer, no solo por el escaso margen de actuación (el BCE tiene casi toda la artillería desplegada), sino también por su incierto impacto ante un enemigo diferente. Quizá los bancos centrales logren mantener con vida el precio de los activos, pero su efecto sobre el PIB o el empleo son más inciertos.

En esta ocasión, la caída del consumo y la inversión se produce por el miedo a una enfermedad contagiosa (no por el miedo a una recesión, la deflación o la caída de la demanda externa), por lo que las habituales bajadas de tipos e inyecciones de liquidez podrían ser insuficientes (o casi estériles) para que la gente vuelva a coger vuelos, a salir a las calles a comprar o para volver a poner a las cadenas globales de producción a funcionar a pleno rendimiento. Por el lado de la demanda, el problema es un miedo que no tiene que ver con la economía, mientras que por el lado de la oferta las disrupciones presentan el mismo síntoma.

Varios pesos pesados de la banca central han advertido sobre esta problemática. Jon Cunliffe, miembro del Consejo de Gobierno del Banco de Inglaterra, advertía hace unos días de que el coronavirus "es un shock puro de oferta, no hay mucho que la política monetaria pueda hacer". Por ahora, en las zonas en las que el coronavirus no se ha extendido de una forma tan exponencial como en China se están empezando a atisbar escasez de ciertos inputs y bienes que se importan de los países más afectados. En este caso, la banca central poco puede hacer.

Aún así, Vitas Vasiliauskas, gobernador del Banco de Lituania y miembro del Consejo de Gobierno del BCE, asegura que se está vigilando muy de cerca un posible impacto en la demanda. El miedo de la población a viajar o de salir a la calle para consumir también está empezando a impactar en algunos sectores como el de las aerolíneas y si el coronavirus sigue ganando peso afectará a otros muchos sectores. De nuevo, el poder de la banca central en este lado es limitado, dado que la reticencia a consumir proviene de un miedo que supera al de los intereses de un préstamo. Por ello, Jens Weidmann, gobernador del Bundesbank alemán, también ha apostado por una postura de 'ver y esperar' antes de actuar: "Es un tema monetario muy complejo, desde mi punto de vista no requiere una intervención aguda de la política monetaria".

Todos miran a la banca central

Beata Caranci, economista de TD Bank Group, recalca en una nota para clientes que "las expectativas se han centrado en una banca central al rescate recortando tipos... nosotros no estamos de acuerdo con esta perspectiva pero entendemos la lógica del mercado. Ante la ausencia de una actuación activa por parte de los gobiernos, los mercados miran a la banca central como el único actor que puede responder con velocidad, incluso aunque sus acciones tengan una efectividad limitada".

En el mismo sentido valoran la situación desde ING. "Políticas monetarias más expansivas pueden ofrecer algo de respiro para los mercados, pero lo que de verdad se necesita es que el avance de los casos fuera de China toque techo o al menos ver que lo peor ya ha pasado".

Gilles Moëc, economista jefe de Axa Investment Managers, explicaba hace unos días que las opciones son limitadas, sobre todo en el caso de la zona euro: "Otra ronda de TLTRO probablemente sería inútil, las instituciones bancarias tendrían dificultades incluso para encontrar suficiente demanda para cumplir con las condiciones del programa", subraya Moëc. "Un recorte adicional en la tasa de depósitos tendría un efecto debilitador en el euro frente al dólar, lo que provocaría un estrés adicional en la ya tensa relación comercial entre EEUU y la UE". En este sentido, desde AXA IM se considera que una de las opciones más claras que tiene la autoridad monetaria, en el hipotético caso de que tuviera que actuar, sería "elevar el volumen de compra de bonos corporativos",

Pueden infundir confianza

Aunque la intervención de la banca central pueda tener un efecto más limitado que en otras ocasiones, los mercados ya descuentan bajadas de tipos en EEUU y la zona euro. Mark Holman, CEO de TwentyFour AM, explica que "naturalmente, ni siquiera un intento coordinado de los principales bancos centrales mundiales puede curar un virus, pero sí puede inyectar confianza en el sistema cuando más lo necesita".

Este experto señala que desde una perspectiva técnica, también estamos asistiendo a un agresivo endurecimiento de las condiciones financieras impulsado por el mercado, que si se dejara demasiado tiempo tendría un impacto perjudicial en las economías mundiales, algo que los bancos centrales normalmente tratarían de mitigar.

"Por lo tanto, hay buenas razones para que los bancos centrales actúen. Esta mañana, el Banco Central de Australia se convirtió en el primero en hacerlo, recortando los tipos de interés en 25 puntos básicos hasta un mínimo histórico del 0,5% e indicando un sesgo hacia una mayor relajación", destaca este experto.

Por otro lado, los economistas de AMN Amro sí ven relevante la intervención de la banca central: "Algunos analistas han argumentado que lo que estamos presenciando es un shock de oferta y, por lo tanto, la acción del banco central no tiene sentido. No estamos de acuerdo. El shock siempre ha sido de naturaleza tanto de demanda como de oferta, y en todo caso, creemos que ahora estamos predominantemente presenciando un choque de demanda".

Esto refleja el endurecimiento de las condiciones financieras, los cambios en el comportamiento de los hogares en términos de gastos de consumo y viajes y el fuerte endurecimiento de las condiciones financieras que se han visto en los últimos días. Si a esto se le suma un probable impacto en la confianza de las empresas y los consumidores, es probable que los efectos de la demanda superen la caída de la producción (el shock de oferta). Lo que comenzó siendo un problema en el lado de la oferta termina afectando a la demanda, llevando al punto de equilibrio a un lugar inferior, pudiendo afectar al crecimiento potencial a medio plazo.

Es cierto que "los recortes de tipos no curarán el coronavirus, pero pueden ayudar a amortiguar las consecuencias económicas. Esto no quita nada de la opinión de que las medidas fiscales serían muy deseables y realmente deberían tomar relevancia. De hecho, esperamos un aumento del estímulo fiscal en los próximos meses".

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