Banca y finanzas

El sector financiero ve oportunidad de negocio en la desglobalización

  • Entidades y aseguradoras atisban proyectos de inversión en la repatriación de industrias
Varias oficinas bancarias en una calle.

La globalización ha entrado en una encrucijada a raíz del severo desabastecimiento causado por los problemas logísticos internacionales desatados por la pandemia y por la guerra de Rusia en Ucrania, que agravan una situación que ya venía de la crisis de 2008. En el sector financiero, ejecutivos de primera línea de bancos y aseguradoras españolas han alertado de que el contexto geopolítico derivará en un "nuevo orden mundial", con revisiones en los bloques internacionales y donde "primará la autonomía en cuestiones estratégicas" como la energía, alimentos, materias primas, tecnología, defensa y datos.

Sufrirán mermas en la actividad derivadas de la propia ralentización económica que el conflicto bélico y el Covid está acarreando, pero no trasladan gran preocupación desde la óptica específica de la 'desglobalización' y sí atisban, en cambio, potenciales oportunidades. Su confianza radica en el propio modelo de banca y seguros nacional (doméstico en su integridad o con filiales totalmente autónomas en cada uno de sus países). En el caso de la banca, su perfil es más retail y depende, por tanto, del negocio tradicional con particulares o empresas y menos de una banca mayorista más comprometida en caso de distorsiones internacionales.

El foco de las aseguradoras españolas es también principalmente minorista. Incluso en la zona del conflicto (Rusia y Ucrania) el riesgo del seguro nacional es casi inexistente. Y la banca lo ha cifrado en menos de 700 millones de los 70.000 millones declarados por todas las entidades europeas, mientras algunas firmas se repliegan (Goldman Sachs, JPMorgan Chase, Deutsche Bank, American Express, Visa o Mastercard, entre otras). Las mayores posiciones allí son de banca de inversión y entidades de Europa del Este, Francia, Alemania o, incluso, de Italia.

En un sistema financiero global, de vasos comunicantes, existe riesgos evidentes de importar volatilidades en las valoraciones de activos o en la financiación mayorista si la situación provoca vaivenes, pero más allá de eso limitan sus efectos financieros por varias razones. En primer lugar, el interbancario ni siquiera se ha restablecido desde la crisis financiera. Colapsó, precisamente, con la quiebra de Lehman Brothers en 2008 y fue entonces el máximo exponente de 'desglobalización' para la banca. Hoy las entidades nadan en liquidez para transitar cualquier shock y no es tan evidente que se propague una renacionalización y proteccionismo, aunque se hable de buscar la autosuficiencia en ámbitos críticos. La misma China mantiene sus lazos económicos con Rusia, sin romper amarras con Estados Unidos o Europa.

Más bien al contrario, el sector ve oportunidades de negocio en la medida de que la situación aliente proyectos de inversión locales para ganar autonomía que necesiten financiación y aseguramiento. Un ejemplo claro es la decisión europea de limitar la dependencia energética de Rusia, que debería acelerar las apuestas regionales y nacionales por energías no contaminantes, o la posibilidad de que se promuevan explotaciones agrarias y proyectos tecnológicos para ser menos vulnerables. Según el consejero delegado de BlackRock, Larry Fink, las empresas y los gobiernos se replantearán su dependencia de otros países y tratarán de "repatriar o acercar más sus operaciones", y eso podrían ser proyectos financiables.

La actual situación traerá además un aliciente en términos de alzas de tipos para corregir la inflación desatada con la guerra y los cuellos de botella logísticos, que resulta beneficioso para los márgenes financieros y permitirá además recuperar el atractivo en productos de seguros-inversión. Aquí Europa va rezagada, pero el bancos y aseguradoras han comenzado a beneficiarse de su diversificación internacional gracias a las subidas de tipos llevadas a cabo por países de fuera del euro para frenar la escalada de precios y la apreciación de las divisas.

En el ámbito de la banca española, el Santander, BBVA o Sabadell ya han reflejado en sus cuentas la mejora de la subida de tasas y el impacto de los tipos de cambio. El Santander ganó 2.543 millones de euros durante el primer trimestre del año, cifra que aumenta un 58% interanual y un 38% frente al beneficio preCovid. La fuerte actividad y el alza de los tipos de interés oficiales en algunos de sus mercados principales impulsó un 6% el margen de intereses, con un crecimiento especialmente fuerte -y a tipos de cambio constantes- en Reino Unido (15%), Polonia (78%), Brasil y México (7%) y Argentina (69%).

Crecen los ingresos

BBVA batió sus mejores cifras en el arranque del año con un resultado trimestral récord de 1.651 millones de euros, un 36,4% más que en el ejercicio previó, en una situación similar y que le animó a revisar al alza sus previsiones en México ante el pujante escenario de tipos. También prevé mejoras en otros de los mercados en los que opera como Colombia y Perú, y lo hace tras observar una apreciación significativa de las divisas de Latinoamérica favorecidas por el alza del precio de las materias primas y la intensificación del ritmo de subidas de tipos por parte de los diferentes bancos centrales de la región. Así el peso mexicano mostró una apreciación del 4,8% frente al euro, el sol peruano del 9,4%, el peso colombiano del 8,4% y el chileno del 9,5%, mientras que el dólar americano escaló un 2,0%. Del lado negativo, la lira turca mostró una depreciación del 6,4% frente al euro en el primer trimestre del año.

Por su parte, el Banco Sabadell, con presencia internacional a través de TSB en Reino Unido y también en México, especialmente con banca de empresas, cerró marzo triplicando ganancias, con 253 millones de euros de beneficio. Del lado del país azteca, le entidad financiera apuntaba que el margen de intereses creció un 15% interanual apoyado en el incremento de tipos de interés, mientras que los recursos de clientes en balance aumentan un 20,5%, apoyados en la evolución del peso mexicano. Por su parte, en Reino Unido el beneficio se multiplicó por diez gracias al alza de los tipos, mientras que la apreciación de la libra se reflejó en la inversión crediticia con un crecimiento del 11% y en los recursos de clientes (+3%).

La banca se encomienda al negocio internacional para mejorar su actividad y con ella su rentabilidad. La diversificación del sector compensará la ralentización del crecimiento económico en Europa impactado por la guerra, aunque se espera que el Banco Central Europeo (BCE) inicie en julio un cambio en la política monetaria que beneficiará a un sector que ha sufrido en sus márgenes seis años de tipos negativos. El mercado de futuros prevé que la facilidad de depósito, actualmente en negativo en el -0,5%, vea su primera subida este verano, dos más para el cuarto trimestre y nuevas alzas a partir de 2023.

En el sector asegurador y, según Mapfre Economics, el conflicto bélico ha venido a complicar el panorama para el desarrollo de los mercados a nivel global al entorpecer la recuperación económica y disparar una inflación que afecta a sus costes indemnizatorios sin que puedan repercutirla en tarifas al instante. La disrupción de las cadenas de suministros continúa afectando a ciertas líneas de negocio, como el aseguramiento en automóviles ya que se contratan menos pólizas a todo riesgo por la mayor venta de vehículos de ocasión. Pero la guerra y la pandemia también alientan una mayor demanda de seguros de salud y vida riesgo, y se espera que la futura subida de tipos favorezca al desarrollo de productos de ahorro.

Como la banca, las subidas de tipos anticipadas por algunas geografías y el mejor desempeño de las divisas también les beneficia. Mapfre, por ejemplo, registró en las cuentas del primer trimestre un efecto positivo de las monedas que favoreció crecimiento en facturación de entre el 18 y 35,3% en Brasil y el resto de países de Latinoamérica. La región contribuyó, de hecho, con el 46% de los ingresos por primas frente al 41% que reportaba en 2021. En Grupo Mutua, que mantiene su apetito por la diversificación exterior, su participada chilena BCI Seguros mejoró un 21% los ingresos ya en 2021 y sumó un 54% más en beneficio.

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