Julio Anguita

Excoordinador general de IU

Para el hinduismo, el ser humano está envuelto y atrapado en un mundo ilusorio y fantástico en el que la realidad queda oculta y velada por un estado de ánimo y de falta de consciencia denominado maya. Los griegos distinguían entre la episteme y la doxa. El primer vocablo hace referencia al saber científico y sólido que es buscado intencionadamente; el segundo significa opinión, es decir el saber que tenemos sin haberlo buscado y es transmitido por la tradición, las relaciones sociales, los credos religiosos, las ideologías políticas y -muy especialmente en esta época- los medios de comunicación de masas y el uso masivo y frecuente de la red. El problema de nuestros tiempos radica en que la doxa suplanta y sustituye a la episteme y el maya deviene en verdad oficial, verdad estadística, verdad económica, verdad cultural, verdad política, verdad científica y verdad jurídica. Toda una contrarrevolución copernicana; el mundo al revés.

La pandemia pasará y dejará un rastro de víctimas mortales considerable, al menos para esta parte del mundo nada acostumbrada a tragedias como ésta. Súbitamente, la realidad nos ha mostrado cuán vulnerables somos y cuán vulnerables podemos llegar a ser. Vulnerables como especie imbricada en la dialéctica vida-muerte, de la cual no podemos evadirnos, pero vulnerables también según el tipo de sociedad en la que estamos viviendo.

El coronavirus se expande por España y en consecuencia el Gobierno ha decretado el Estado de Alarma. Una parte dela ciudadanía ha asumido que debe seguir las instrucciones de las administraciones públicas y de las instituciones. Sin embargo muchos otros han creído que era la ocasión para tomar unas vacaciones y se han ido de casa hacia lugares de descanso; huían del virus y tal vez lo hayan difundido. Las fuerzas políticas de la oposición se han sumado -con alguna reticencia- al mensaje gubernamental de que estamos ante una situación excepcional corroborada por las calles vacías y que exige acopio de fuerzas y sintonías operativas.

En Diciembre de 2017, el presidente Donald Trump presentó un documento sobre la Estrategia Nacional de Seguridad que se desarrolla en torno a cuatro ideas básicas: Desarrollar el principio de si vis pacem para bellum (si quieres la paz prepárate para la guerra). Reforzar la competitividad de la economía estadounidense con la consiguiente retirada del Tratado de Libre Comercio del Pacífico y la renegociación de los tratados con Canadá y México. Es decir la economía de mercado capitalista es buena en la medida en que el defensor de la idea sea el que exporte y los demás importen. La seguridad nacional exige un cierre de fronteras a la emigración (muros incluidos) e impedir que la llamada chain migration (emigración en cadena) potencie la reunificación familiar entre los inmigrantes que ya están dentro y sus familiares que todavía están en sus lugares de origen. Una actitud de distanciamiento de las NNUU y un nuevo papel para la OTAN.

La desaparición de la URSS en 1991 fue considerada como la demostración de la superioridad económica, moral y política del liberalismo y su consolidación como único y definitivo modelo de organización mundial; la Globalización se desarrollaría en la matriz incontestable del mercado, la competitividad y el crecimiento sostenido. A la llamada Guerra Fría le sucedía el nuevo orden unipolar hegemonizado militar y económicamente por USA. La creación en 1995 de la Organización Mundial del Comercio (OMC) marcaba un hito en la consolidación de la red comercial mundial dominada por la tríada EEUU, UE- Alemania y Japón. El proteccionismo era abominado por ser considerado una abominación residual del pasado. En este apoteosis de victoria sobre el “eje del mal” de entonces, la URSS, Francis Fukuyama recuperó el concepto hegeliano del Fin de la Historia al escribir un libro con ese título en el que se puede leer que el igualitarismo de EEUU representa el logro de la sociedad sin clases prevista por Marx.

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