Daniel Gros

Director del Centro de Estudios de Política Europea

Hace unos meses parecía que la pandemia del Covid-19, en conjunción con la crisis económica y financiera que ha causado, podía causar la ruptura de la Unión Europea. Los Estados miembros habían cerrado sus fronteras nacionales y habían rechazado toda coordinación, y algunos incluso habían detenido la exportación de equipos médicos que urgentemente necesitaban importar sus socios de la UE. Hoy, sin embargo, se han reabierto las fronteras interiores de la UE, el equipo médico se desplaza libremente, y los países miembros han acordado medidas sin precedentes para hacer frente a las consecuencias económicas de la pandemia. ¿A qué se debe este notable cambio de rumbo?

Muchos creyeron el mes pasado que la reciente propuesta franco-alemana de un fondo europeo de recuperación, que se financiaría mediante bonos emitidos por la UE, podría ser el “momento hamiltoniano” del bloque. Este término se refiere al acuerdo del año 1790 cuya punta de lanza fue Alexander Hamilton, el primer secretario del Tesoro de EEUU; mediante dicho acuerdo, el Gobierno federal asumió las deudas contraídas por los 13 Estados del nuevo país durante la Guerra de Independencia.

Europa puede ver la luz al final del túnel del Covid-19 en tanto las cifras de infecciones y muertes diarias como consecuencia del virus caen gradualmente en todo el continente. Pero las repercusiones económicas del “Gran Confinamiento” todavía están por venir. El Fondo Monetario Internacional pronostica que la eurozona experimentará una caída del PIB real de más del 7% este año y sólo se recuperará en parte en 2021, lo que hará que esta crisis sea más profunda incluso que la Gran Recesión de 2008-09.

La propagación del coronavirus en Europa y EEUU ha llevado a una fuerte corrección en los mercados y ha provocado llamados a favor de la implementación de políticas monetarias y fiscales activas, para evitar una recesión. Sin embargo, un análisis más profundo sugiere que tal abordaje podría no ser de ayuda en absoluto.

La Unión Europea ha perdido uno de sus Estados miembro más importantes. Reino Unido representaba aproximadamente una sexta parte de la población y economía de la UE. Sin él, la Unión seguirá siendo una de las principales potencias económicas del mundo, pero sufrirá una pérdida de dinamismo.

Tribuna

El comienzo de un nuevo año, y el inicio de una nueva década, es buen momento para una reflexión a más largo plazo sobre la política económica. En la década de 2010, dominada por las consecuencias de una crisis financiera extraordinaria, un fuerte estímulo monetario y fiscal estaba claramente justificado. De hecho, hoy en general se coincide en que la aplicación por casi todos los gobiernos de grandes expansiones fiscales seguidas de políticas monetarias no convencionales fue esencial para evitar que la Gran Recesión se convirtiera en una repetición de la Gran Depresión de los años treinta.

Tribuna

Las discusiones en torno a la política económica en Europa solían estar dominadas por el número tres: el límite superior del 3 por ciento del PIB sobre los déficits fiscales.

Tribuna

Los bancos centrales apuntan a la estabilidad de precios y, hoy, los precios son en general estables en gran parte del mundo desarrollado. Sin embargo, los banqueros centrales se declaran insatisfechos. Algunos responsables de políticas, principalmente en el Banco Central Europeo, hasta están preparando más medidas de estímulo destinadas a convencer a los mercados financieros de su voluntad de combatir la deflación. Pero esas políticas sobreestiman el riesgo de la caída del IPC.

Tribuna

Al menos por algún tiempo, pareció que las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China se habían asentado en un estado de "nueva normalidad". Después de que ambos países impusieron altos aranceles a buena parte de sus exportaciones respectivas, el presidente estadounidense Donald Trump se abstuvo de continuar la escalada. Pero tras otra ronda infructuosa de negociaciones comerciales bilaterales que tuvo lugar en Shanghai, Trump anunció que a partir del 1 de septiembre, Estados Unidos impondrá un arancel del 10 por ciento a otros 300.000 millones de dólares de productos chinos.