Daniel Gros

Director del Centro de Estudios de Política Europea

Muchos gobiernos europeos están tratando de combatir la segunda ola de la pandemia COVID-19 imponiendo un "confinamiento ligero", que suele incluir limitaciones en las operaciones de restaurantes, bares y algunas tiendas no esenciales. La suposición detrás de estos cierres parciales es que el riesgo de infección es alto cuando las personas interactúan y se relacionan en espacios cerrados. Un documento reciente publicado en Nature proporciona más evidencia, misma que señala que lugares como restaurantes, gimnasios y cafés pueden desempeñar un papel importante en la propagación del coronavirus.

Las elecciones tienden a poner en evidencia las diferencias. Eso es notabletamente cierto en los recientes comicios presidenciales de Estados Unidos, en las que sigue el recuento de los votos. Además de ser las elecciones más duramente disputadas de la historia del país, el resultado tendrá profundas implicaciones en muchos aspectos de la política estadounidense. Sin embargo, hay un tema en el que ambas partes parecen estar de acuerdo: la necesidad de “detener” a China.

La razón oficial de la renuncia de Shinzo Abe al cargo de primer ministro de Japón (que ocupó por más tiempo que nadie) fue su salud. Es posible que con su partida también termine el programa de política económica que caracterizó su mandato.

Europa está experimentando una crisis "buena", si se me permite la palabra. A pesar del daño ocasionado por la pandemia del Covid-19 y la recesión consiguiente, su respuesta ha minimizado los daños e impulsado la confianza en la economía. Sin embargo, hasta estas noticias positivas conllevan riesgos.

Hace unos meses parecía que la pandemia del Covid-19, en conjunción con la crisis económica y financiera que ha causado, podía causar la ruptura de la Unión Europea. Los Estados miembros habían cerrado sus fronteras nacionales y habían rechazado toda coordinación, y algunos incluso habían detenido la exportación de equipos médicos que urgentemente necesitaban importar sus socios de la UE. Hoy, sin embargo, se han reabierto las fronteras interiores de la UE, el equipo médico se desplaza libremente, y los países miembros han acordado medidas sin precedentes para hacer frente a las consecuencias económicas de la pandemia. ¿A qué se debe este notable cambio de rumbo?

Muchos creyeron el mes pasado que la reciente propuesta franco-alemana de un fondo europeo de recuperación, que se financiaría mediante bonos emitidos por la UE, podría ser el “momento hamiltoniano” del bloque. Este término se refiere al acuerdo del año 1790 cuya punta de lanza fue Alexander Hamilton, el primer secretario del Tesoro de EEUU; mediante dicho acuerdo, el Gobierno federal asumió las deudas contraídas por los 13 Estados del nuevo país durante la Guerra de Independencia.

Europa puede ver la luz al final del túnel del Covid-19 en tanto las cifras de infecciones y muertes diarias como consecuencia del virus caen gradualmente en todo el continente. Pero las repercusiones económicas del “Gran Confinamiento” todavía están por venir. El Fondo Monetario Internacional pronostica que la eurozona experimentará una caída del PIB real de más del 7% este año y sólo se recuperará en parte en 2021, lo que hará que esta crisis sea más profunda incluso que la Gran Recesión de 2008-09.

La propagación del coronavirus en Europa y EEUU ha llevado a una fuerte corrección en los mercados y ha provocado llamados a favor de la implementación de políticas monetarias y fiscales activas, para evitar una recesión. Sin embargo, un análisis más profundo sugiere que tal abordaje podría no ser de ayuda en absoluto.