Opinión

¿Qué nos jugamos en la COP 28?

  • Las ciudades tienen un papel clave en la lucha contra las emisiones de gases a nivel de movilidad

Entre el 30 de noviembre y el 12 de diciembre tendrá lugar en Dubai la Conferencia de las Partes (COP) número 28 de Naciones Unidas sobre cambio climático. En la agenda está hacer balance del Acuerdo de París, avanzar en una transición energética justa, impulsar la financiación climática y lograr una COP más inclusiva.

Somos conscientes de las dificultades que entraña poner de acuerdo a estados con intereses opuestos, economías diversas y niveles de desarrollo distintos, pero algunas COP han alumbrado importantes compromisos, como la 16 de Cancún, en la que se acordó movilizar fondos desde los países desarrollados para ayudar a las regiones en desarrollo, o la COP21, cuando se aprobó el Acuerdo de París que comprometía a mantener el aumento de la temperatura por debajo de los 2º C con respecto a los niveles preindustriales.

En la COP 26 de Glasgow se acordó reforzar los mecanismos de transparencia en el grado de cumplimiento de países y empresas y, bajo ese espíritu, Siemens ha elaborado el estudio The Great Divide on The Path to Net Zero entre 1.400 ejecutivos de todo el mundo. El informe revela que menos del 50% de las organizaciones espera cumplir sus objetivos climáticos en 2030 y que la mayoría cree que existe una preocupante falta de alineación y una lenta progresión en la transición hacia un modelo descarbonizado en la energía, la movilidad y los edificios.

Entre otras conclusiones, este informe pone de manifiesto la necesidad de actuar con urgencia para evitar las consecuencias desastrosas de la inacción e insta a aprovechar las tecnologías disponibles y el potencial de la digitalización como palancas para lograr una transición inteligente y sostenible.
Uno de los principales desafíos en este proceso pivota sobre la energía, ya que casi tres cuartas partes de las emisiones mundiales provienen de su producción, uso y transporte.

En la descarbonización del sistema energético mundial, se estima que se necesitarán unos 275 billones de dólares para realizar los cambios necesarios en generación, distribución y consumo. Las autoridades reguladoras, junto con los propietarios de activos e inversores, son los responsables directos de impulsar esta transición, sin olvidar que las empresas, los políticos y los ciudadanos también deben asumir su parte de responsabilidad.

Asimismo, las ciudades desempeñan un papel clave en la lucha contra las emisiones de la movilidad. En España, por ejemplo, existen grandes asignaturas pendientes, como la ausencia de una sólida red de infraestructuras de recarga para vehículos eléctricos, algo que frena la adopción generalizada de tecnologías más limpias. Sin embargo, debemos tener claro que no hay marcha atrás en este proceso, ya que la inmensa mayoría de los fabricantes de automóviles se ha comprometido a ser neutral en carbono en 2050, algunos incluso antes, y están acelerando la electrificación de sus plantas.

El reto de este sector en nuestro país es transformarse hacia un modelo de producción en el que la batería gane importancia frente al motor sin perder la posición hegemónica como segundo productor europeo y noveno mundial. También se han dado pasos regulatorios importantes, como la reciente publicación del Real Decreto 450/2022, por el que se modifica el Código Técnico de la Edificación para obligar a instalar un número mínimo de cargadores en edificios nuevos y en los ya existentes de determinado tamaño.

No obstante, existen aún enormes barreras en el ámbito de la edificación para mejorar la eficiencia energética. El foco debe ponerse en los sistemas de calefacción y refrigeración y aprovechar las soluciones ya existentes para incrementar el rendimiento sin necesidad de grandes inversiones. La inteligencia artificial, la realidad virtual y las redes móviles 5G son tecnologías que ayudan a generar un impacto notable en la eficiencia energética de edificios.

En cuanto a las empresas, se enfrentan a una creciente presión para descarbonizar sus modelos de negocio, activos e infraestructuras. Aunque casi la mitad tiene objetivos para las emisiones de Alcance 1 y 2, solo el 40% cree probable cumplir dichos objetivos para el próximo año y el 44% espera hacerlo en 2030. Es destacable observar que la confianza en los objetivos de descarbonización se correlaciona directamente con las perspectivas de crecimiento de la compañía. Para situar esta realidad en contexto, hay que tener en cuenta que la UE pretende reducir las emisiones un 55% de aquí a 2030 y ser neutra en 2050.

En resumen, la descarbonización es un reto global que requiere una acción concertada si tenemos en cuenta que la demanda global de energía se va a triplicar de aquí a 2050. Aunque los avances son demasiado lentos, es fundamental que las organizaciones, gobiernos y ciudadanos actúen ya para mitigar los efectos. Por ello, la colaboración y la digitalización son fundamentales para allanar el camino y solo mediante la adopción de tecnologías innovadoras podremos lograr una transición exitosa que aporte un mayor bienestar social.

En definitiva, la apuesta por la sostenibilidad no solo es rentable socialmente, también económicamente y eso es algo que debe ser asumido de pleno por los países que asistirán a la COP 28 y a las siguientes para así concienciarse y concienciar sobre la urgencia de cumplir los compromisos. Nos jugamos mucho, pero aún estamos a tiempo.

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