Opinión

Europa en la era de la política industrial

  • La transición ecológica es un impedimiento para el crecimiento de la UE a medio plazo
Imagen de una trabajadora ultimando detalles de banderas de la UE.

La UE, como gran parte del resto del mundo, enfrenta fuertes vientos económicos en contra. Sin embargo, mientras que otras economías importantes, como China y EEUU, están bien posicionadas para utilizar las políticas industriales con el fin de contrarrestar los desafíos que enfrentan, la UE tiene por delante impedimentos estructurales significativos en este frente.

Tal como están las cosas, el crecimiento económico de la UE es lento y se desacelera, y a algunas de las economías del bloque les va peor que a otras. No ayuda que los motores del crecimiento de las exportaciones estén flaqueando debido a la mayor competencia de China, que se adentra aceleradamente en sectores industriales relevantes como el coche eléctrico.

Asimismo, mientras que el compromiso de Europa de liderar el mundo en materia de acción climática y transición a energías limpias, llegado el caso, podría resultar en una ventaja competitiva, hoy actúa como un impedimento económico -y lo seguirá siendo en el medio plazo-, sobre todo porque los sectores industriales con un alto consumo de carbono dominan las exportaciones. La guerra de Ucrania ha exacerbado este problema, no solo al hacer subir los costes de la energía, sino también, y aún más, al obligar a la UE a diversificar rápidamente de los combustibles fósiles rusos -un proceso muy oneroso-. Como resultado de ello, los precios del carbono en Europa son significativamente más altos que en otras regiones.

Otro problema reside en los sectores tecnológicos de Europa, que están menos desarrollados que sus contrapartes en EEUU y China. La computación en la nube, la supercomputación y el desarrollo de inteligencia artificial avanzada, en general, no están presentes en el paisaje económico y tecnológico europeo. Las consecuencias son de amplio alcance: son sectores de alto crecimiento y motores importantes del cambio estructural y las alzas de productividad de las que depende el bienestar a largo plazo de una economía.

Para progresar en el terreno tecnológico, la escala es importante. Por ejemplo, hace falta una enorme cantidad de poder informático para entrenar a los modelos de IA generativa más avanzados. Si bien es posible que los progresos en tecnología de IA reduzcan los requerimientos en esta área, la idea de que un poder informático limitado no afectará el progreso es una apuesta equivocada. Como sea, las mega plataformas hoy en día son las únicas entidades con el poder informático necesario.

Y es el gobierno federal de EEUU -no los estados norteamericanos- el que domina la inversión en ciencia y tecnología. Esto es particularmente notable si consideramos que la economía de California, que alcanzó 3,6 billones de dólares en 2022, es mucho más grande que cualquier economía nacional de la UE excepto la de Alemania (que tiene un valor de 4 billones de dólares). Ningún estado norteamericano, ni siquiera California, podría afrontar la Ley CHIPS y Ciencia de 2022, que apoya la investigación, el desarrollo, la fabricación y el desarrollo de la fuerza laboral en los semiconductores.

El gobierno norteamericano reconoce que, en un sistema federal, la descentralización es una receta para la subinversión. Esto también conduce a la ineficiencia, ya que la inversión a nivel estatal inevitablemente está dirigida a los actores locales, mientras que la inversión federal se distribuye en base a un mérito competitivo en la economía más amplia. En el contexto de hoy, donde cualquier cosa que carezca de una transformación estructural de gran escala implica un relativo estancamiento, los costos de la descentralización son particularmente altos. Esto es válido también para la seguridad y la defensa nacional.

Aquí reside el problema para Europa. Mientras que China y EEUU sacan ventaja de la escala para implementar políticas industriales que incluyen inversión de gran escala en sectores críticos, a la UE le cuesta hacer lo mismo, debido a sus políticas y reglas fiscales descentralizadas que limitan los subsidios del gobierno a la industria.

El Mecanismo de Recuperación y Resiliencia de 2021 de la UE -un programa de 723.000 millones de euros destinado a mitigar los peores efectos de la pandemia e impulsar el cambio estructural, el crecimiento y la estabilidad en la era digital- fue un paso en la dirección correcta. Pero tenía deficiencias.

Imaginemos si, en Estados Unidos, toda la inversión bajo la Ley CHIPS y Ciencia y la (mal llamada) Ley de Reducción de la Inflación (IRA) se distribuyera a los estados en proporción a su tamaño, y se entregara según propuestas preaprobadas, que los 50 estados hubieran tenido que presentar antes del desembolso de cualquier fondo. Sería un procedimiento ineficiente, pero es básicamente la estrategia que adoptó el MRR.

El punto no es criticar el MRR, que se creó en respuesta a un conjunto inmediato de desafíos comunes y resultó ser mucho más constructivo que la respuesta fiscal a la crisis financiera global de 2008 y la crisis de deuda europea que vino después. Por el contrario, se trata de destacar las limitaciones asociadas con la inversión pública europea de largo plazo.

Hoy hace falta con urgencia un nuevo programa de inversión europeo, pero, a diferencia del MRR, no debe ser ni limitado ni temporal. Si Europa quiere alcanzar crecimiento y dinamismo en el siglo XXI, se deben ampliar las inversiones federales, y se las debe hacer permanentes. Deberían estar financiadas a través de la emisión de deuda soberana de la UE y administradas de manera centralizada.

En un comentario reciente, el expresidente del BCE Mario Draghi ha dicho que las perspectivas para la unión fiscal en Europa están mejorando, porque "la naturaleza de la integración fiscal necesaria" ha cambiado considerablemente desde la creación del euro. En lugar de una "estabilización" fiscal federal, Europa necesita movilizar "grandes inversiones" -en defensa, transición verde y digitalización- en un "marco de tiempo acotado". Aunque esto no exige una centralización fiscal completa -algo que, de cualquiera manera, no lograría ninguna estructura federal-, sí implica que Europa debe encontrar una manera de federalizar la inversión crítica en bienes públicos que produzcan beneficios compartidos.

Esto mejoraría la competitividad y el dinamismo de las economías europeas, permitiéndoles evitar un estancamiento prolongado. Más concretamente, ayudaría a garantizar que la gente talentosa de la UE -especialmente los jóvenes- tenga las oportunidades que necesita para alcanzar su potencial.

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