Michael Spence

Premio Nobel de Economía

A esta altura de la pandemia, la pregunta clave es si la producción de vacunas se puede aumentar lo suficientemente rápido como para permitir que la mayoría de las personas estén vacunadas relativamente pronto. Pero esta pregunta remite a otra: si es apropiado o no, y en qué circunstancias, suspender los derechos de propiedad intelectual acordados a nivel nacional e internacional. La cuestión se está discutiendo en la Organización Mundial de Comercio ahora que la administración del presidente norteamericano, Joe Biden, ha salido sorpresivamente en respaldo de una exención de las patentes ante la emergencia creada por el Covid-19, dejando en evidencia una fisura entre los Gobiernos occidentales.

Una recuperación económica de múltiples velocidades está en marcha, lo que refleja las importantes variaciones entre países a la hora de contener el coronavirus y adquirir y administrar vacunas. Pero, más allá de estas diferencias en los plazos, pronto veremos una secuencia en cascada de recuperaciones rápidas en todo el mundo.

El plan del presidente de EEUU, Joe Biden, para poner fin a la pandemia del Covid-19 y acelerar la recuperación económica es exhaustivo y está bien diseñado, con objetivos y prioridades claros. Pero ejecutarlo no será fácil, especialmente porque depende de la rápida implementación de la vacuna.

Un aumento del gasto público durante la pandemia es esencial para superar la crisis sanitaria, dar apoyo a las familias que perdieron ingresos y evitar quiebras de empresas que puedan causar un daño duradero a la producción y el empleo. Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional, exhortó a los gobiernos a que «gasten, pero guarden las facturas». Asimismo, la economista principal del Banco Mundial Carmen M. Reinhart nos recuerda que «primero hay que pensar en cómo librar la guerra, después se busca el modo de pagarla».

A finales de julio las encuestas de opinión indicaban claramente que el presidente estadounidense Donald Trump había perdido terreno frente a Joe Biden, su contrincante demócrata en las elecciones presidenciales en ciernes, principalmente por la mala gestión que hizo su gobierno de la pandemia del Covid-19. Desde entonces, la suerte de Trump no mejoró, sino todo lo contrario. Ahora parece que Trump no solo perderá las elecciones, por número de votos, hoy sino que tampoco logrará una victoria sorpresa gracias a los compromisarios, como ocurrió en 2016.

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