Opinión

Por qué el mercado será aún alcista en 2022

La renta variable, en retrospectiva, siempre se comporta del modo más inesperado, pero, a su vez, de forma sorprendentemente lógica, teniendo presentes los indicadores fundamentales. Aunque mis pronósticos no suelen abarcar más de un año, preveo que nos aguardan dos o tres años de mercado estupendos; algo que nadie espera y, por ello, es más probable que suceda. Antes de tachar mis palabras de necias, veamos el porqué de mis declaraciones.

En 2022, espero que la bolsa internacional se mantenga plana, con bastantes sobresaltos hasta otoño y, a partir de ahí, repunte con fuerza hasta cerrar el ejercicio con ganancias de dos dígitos.

En enero del año pasado les conté que el ciclo político en EEUU. (un factor decisivo para los mercados mundiales) depararía un 2021 fantástico para las acciones mundiales. Desde 1925, las bolsas han caído durante el primer año de mandato de un presidente estadounidense en la mitad de los casos, y en la otra mitad han tendido a subir con fuerza. Así fue en 2021, en el que las acciones mundiales se revalorizaron un 31,9% hasta el 27 de diciembre, mientras que el Ibex 35, muy orientado a las empresas de valor, solo subió un 9,6% (ya expliqué el mes pasado que, en los últimos compases de los mercados alcistas, las acciones de valor suelen rezagarse frente a las de crecimiento). La renta variable se ha proyectado más allá de los retrasos de las vacunas, los problemas en la cadena de suministro y la variante ómicron para dar la bienvenida a la normalización de la economía y la mitigación del riesgo legislativo.

En los segundos años presidenciales, los mercados históricamente también han caído en casi la mitad de los casos, pero, cuando no lo han hecho, han promediado alzas del 21,1% (en dólares estadounidenses), impulsando las acciones mundiales. Tanta diferencia dificulta la formulación de previsiones: en caso de equivocarse, el error sale muy caro. Los analistas esperan que las acciones suban poco o apenas se muevan, pero el comportamiento de los mercados solo lo anticipan unos pocos.

El coronavirus, la inflación, los precios de la energía, el "endurecimiento" de la política monetaria por parte de los bancos centrales y algunos asuntos más borraron el optimismo del inicio de 2021 y, con ello, se desmoronaron las expectativas de crecimiento del PIB. El Banco de España revisó a la baja su previsión de crecimiento para 2021 del 6,2% en junio al 4,5% en diciembre e hizo lo propio con la previsión para 2022.

Todos estos temores llevan a los inversores a buscar más motivos para inquietarse, como las restricciones por la ómicron, el aumento de los contagios, la persistente escasez de camioneros y la inestabilidad de los precios de la energía; una búsqueda que, al continuar en 2022, nos conducirá a un primer semestre agitado. En EEUU, la crispación política explotará en cuanto empiecen las elecciones legislativas de mitad de mandato, pero esto es previsible. Las acciones normalmente oscilan durante buena parte de los segundos años presidenciales, cerrando el primer semestre prácticamente planas. 

Pero, luego, su tendencia cambia. Prueba de ello es su revalorización registrada en un 83% de los casos en el último trimestre de los segundos años presidenciales, cuando repuntan tras descontar el desenlace de las elecciones de mitad de mandato de noviembre: el implacable bloqueo que impide al Gobierno aprobar reformas de calado y que, en cambio, serena sorprendentemente el clima político. A los parqués les encanta.

En 2022 volverá a pasar, pero a lo grande. Para otoño ya se habrán apaciguado los temores actuales. En todo el mundo, la inflación se moderará tan pronto como remitan los problemas de oferta y de mano de obra antes de lo que la mayoría espera, lo que brindará un clima de tipos de interés a corto y a largo plazo benigno (cosa que pocos prevén). Esto será así pese a que el BCE y la Fed bajen el ritmo de compra de deuda que los mercados ya han descontado. La ómicron es muy contagiosa, pero sus síntomas son relativamente leves. En 2022 llegará una variante más benigna, pero el mundo aprenderá a convivir con la Covid de manera similar a con la gripe estacional.

A medida que se aplaquen los temores y se disipe la incertidumbre tras las elecciones en EEUU, debería desatarse un espectacular repunte a finales de año. El sesgo de confirmación hace que nadie crea que esto ocurre, por lo que acaba pasando con cierta frecuencia. La exigua mayoría demócrata de Joe Biden en el Congreso pasará a manos republicanas, lo que moderará su afán legislativo. Las acciones descontarán este estancamiento, lo que impulsará ganancias de dos dígitos en el cómputo del año.

Después, el efecto del bloqueo desencadenará un excelente 2023 y, posiblemente, 2024. La renta variable estadounidense se ha revalorizado un 92% de los terceros años presidenciales sin sufrir pérdidas desde 1939. En los cuartos años, la cifra se sitúa en un 83%, anotando un promedio de rentabilidades del 11%. Esto, a su vez, tiene eco en todo el mundo, dado que la correlación del Ibex 35 con el S&P 500 de EEUU es del 0,72, y la del índice general de la eurozona, del 0,82 (muy estrecha, si tenemos en cuenta que 1 correspondería a un movimiento idéntico y –1, a un movimiento completamente inverso).

A principios de 2023, la percepción de que al mercado alcista le quedan años de recorrido podría espolear las compras por miedo a perderse las ganancias, desatando un eufórico esprint final que se alargaría hasta 2024.

Aunque esto sea un buen presagio para el Ibex 35, es indispensable diversificar a escala mundial; el sesgo hacia el valor de la bolsa española la penaliza, pues las grandes empresas de crecimiento son las que toman la delantera en las últimas fases de los mercados alcistas. Por ello, invierta en el sector del lujo francés, en farmacéuticas y biotecnológicas danesas y británicas, y en los gigantes tecnológicos y afines estadounidenses.

Triunfar en el mundo de la inversión depende de comprender lo incomprensible. En 2022, eso significa entender, antes que nadie, que a este mercado alcista aún le quedan años por delante.

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