Opinión

Reforma laboral: el hurto de lo que importa

Yolanda Díaz, vicepresidenta y ministra de Trabajo

La sociedad española acepta una reforma laboral, que es una política de ajustes entre medios y fines, sin apoyo en cifras, datos y argumentos y sin que los motivos de la misma se hayan despolitizado. Se acepta sin contraste en un debate nacional abierto y convincente, a pesar de que es un asunto que importa absolutamente a todos. Mientras en el contexto europeo más próximo han sido posibles diagnósticos mayoritariamente compartidos sobre los problemas del mercado laboral y se han conseguido reformas apoyadas socialmente, la opinión pública española (supongamos que existe) está siendo testigo mudo de una discusión exclusivamente partidista que le impide formarse una idea del estado de la cuestión.

Ha contribuido a esta indolencia general por la reforma laboral la anacronía de su instrumentación ideológica, el estilo reiterativo y mortecino de la ministra Díaz, abrumadoramente insípido, así como el secretismo de los interlocutores sociales y, en fin, el modo superficial, dogmático, parcial y a veces frívolo con el que han tratado el tema los medios de comunicación. La reforma acordada es puramente cosmética y su único objetivo es doble: por un lado, mostrar un documento ante Europa con la firma de empresas y sindicatos aunque su contenido sea absolutamente incoloro y por otro, devolver a los sindicatos una parte del poder perdido con la reforma Báñez en materia de negociación colectiva.

Y se asiste ahora a un coro cacofónico de voces de políticos locuaces y de expertos en nada, convertidos en nuevos eruditos sobre todo, que opinan sin rubor apoyados en su propia carencia de conocimientos especializados. Y se asiste también a la palabrería populista de una ministra iluminada que encuentra en esta reforma una nueva ocasión de reiterar que se siente tan reparadora de injusticias, tan inteligente y tan importante que es como si creyese que Dios le ha plagiado su personalidad.

Pero lo que importa es la calidad de la reforma. Y esto es lo que espanta a los partidos políticos, que pretenden contaminar el Derecho del Trabajo con sus propios tintes sin admitir que las relaciones laborales son el principal factor de desarrollo de una sociedad y no una plataforma donde enarbolar banderas propias que reclamen votos. En realidad, el Derecho del Trabajo no es una ciencia. No nos dice nada acerca de la verdad. No hay certezas absolutas sobre el punto de equilibrio óptimo entre la defensa de los derechos de los trabajadores y los legítimos intereses de la empresa y si ese punto óptimo, en caso de ser localizado, sería igualmente óptimo para el conjunto de los factores que operan en la sociedad. Solo nos revela la imagen que una sociedad se forma acerca de cómo deberían ser las relaciones laborales en cada momento.

Es por ello preciso determinar si la reforma se ajusta al momento económico que vivimos y si las reglas jurídicas referidas al mercado de trabajo contemplan la protección de los trabajadores y también el desarrollo económico para contribuir a la prosperidad de las empresas y a la libre competencia económica sin las cuales nunca podrá haber una protección duradera de los trabajadores ni una real libertad para los ciudadanos.

Esta reforma, cuando iba a ser una absoluta derogación de la reforma de 2012, se anunció como un eslogan electoral, se exigió luego como botín político por algunos partidos, se negoció sin luz en medio de esa discreción que se disfraza de prudencia y que no es otra cosa que el hurto a la sociedad de lo que debe conocer, se ha concluido con mucho ruido y pocas nueces y se tramitará en el Congreso como se negocia la libertad de un rehén. Los políticos mediocres no abundan mucho en el momento actual en España porque casi todos son muy malos políticos. Y estos malos políticos son los que están jugando con el mercado de trabajo. Una cosa es cierta: no podrán resolver los problemas pensando de la misma manera que cuando los crearon.

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Comentarios 3

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Josep Ribes
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¡¡¡ Vaya cambalache que nos estan haciendo !!!.

Puntuación 11
#1
Hurl
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Si tan cosmética es, a que viene entonces tanta oposición de la derecha? Solo por orgullo?

Puntuación -9
#2
VIO
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En España se desprecia profundamente a las Pymes y a sus empresarios, hasta el punto que la palabra empresario es claramente peyorativa y nadie quiere serlo. Todo el mundo pretende un empleo fijo si es posible de funcionario, y a las Pymes que les den. Por ello no es de extrañar que tengamos uno de los tejidos productivos más paupérrimos de Europa, y así va a seguir mientras no se cambie la forma de cuidar, ver y entender el mundo empresarial. Corolario: sin Pymes no hay futuro, ni empleo de ningún tipo, ni fijo ni eventual. Las empresas nacen, crecen, se desarrollan y pueden morir. Por tanto, como pueden garantizar el empleo más allá de su propia existencia. Es imposible. Eso solo ocurre con el estado y sus funcionarios. Los ministros marxistas comunistas de Podemos en su extrema mediocridad no lo entienden. De modo que la reforma laboral acaba siendo una manera de ganar votos políticos formulando propuestas irreales para que las cumplan los demás.

Puntuación 5
#3