Opinión

El impacto real de la pandemia en el crecimiento que China mostrará

China podría no cumplir las expectativas de mercado en cuanto a su crecimiento en 2021

En la segunda mitad de 2021, el PIB de China creció a un ritmo del 7,9% interanual. Fue un desempeño relativamente sólido, sobre todo si se consideran los efectos duraderos de la pandemia del Covid-19 en la economía global. Pero, para China, representa una desilusión: una encuesta de economistas de Caixin demostró que la estimación media para el segundo trimestre era un crecimiento del 8,2%.

Los economistas chinos en general coinciden en que la tasa de crecimiento potencial de China es del 6%. De modo que, teniendo en consideración el efecto de base, los porcentajes de avance económico interanual de China en los cuatro trimestres de 2021 deberían ser respectivamente: 19,1%, 8,3%, 6,7% y 5,5%. Sin embargo, en el primer trimestre, el crecimiento fue del 18,3%. Este desempeño peor de lo esperado es producto, en gran medida, de la política oficial.

Si bien las autoridades chinas implementaron una política fiscal y monetaria expansionista a comienzos de la pandemia, se mostraron ansiosos por normalizarla, por miedo a que alimentara la inflación y agravara los riesgos financieros. La contracción fiscal ha sido particularmente rápida. En la primera mitad de 2021, los gastos gubernamentales generales de China aumentaron sólo el 4,5%, mientras que los ingresos subieron el 21,8%. Aunque esto en parte refleja el efecto de base, hubo un ajuste innegable. De hecho, en la primera mitad de 2021, el déficit del presupuesto público de China fue 1,6 billones de yuanes (247.000 millones de dólares) menos que en 2020.

La política monetaria ha seguido siendo acomodaticia, pero el Banco Popular de China (PBOC) ha sido, cuando menos, cauteloso. En el primer semestre de 2021, la financiación a hogares y empresas aumentó 17,7 billones de yuanes. Ese incremento es 3,1 billones de yuanes menor que la cifra para el mismo período de 2020. En este contexto, no debería sorprender que los indicadores económicos apunten cada vez más a una desaceleración del crecimiento chino.

Las autoridades chinas hoy están tomando medidas para abordar esa pérdida de ritmo. A comienzos del mes pasado, el PBOC, con la esperanza de impulsar un incremento del crédito, anunció que recortaría 50 puntos básicos el ratio de reservas obligatorias para todos los bancos.

Unas semanas después, la Oficina Política del Comité Central del Partido Comunista de China difundió un comunicado en el que reconocía que "la economía doméstica de China todavía es inestable y desequilibrada", y en el que reclamaba que se acelerara "la construcción de proyectos de envergadura planeados en el 14° Plan Quinquenal". El mercado ha interpretado ampliamente esto como una señal de que el Gobierno implementará una política macroeconómica más expansiva en la segunda mitad de este año.

Un ajuste de las políticas de estas características, si bien todavía marginal, ha generado esperanzas de que el crecimiento repuntará en la segunda mitad de 2021, quizás alcanzando, inclusive, un nivel consistente con la tasa de crecimiento potencial. Pero un cambio de política podría no ser suficiente. Por el contrario, la recuperación económica de China dependerá, por encima de todos los demás factores, de cómo se desarrolle la lucha contra el Covid-19.

Desde el levantamiento del confinamiento en Wuhan a comienzos de abril de 2020, China ha logrado prevenir brotes locales de relevancia y mantener el número de nuevos casos diarios de Covid confirmados en cuantías de sólo dos dígitos. Mucha gente creía incluso que China directamente iba camino de reducir prácticamente a cero la transmisión del coronavirus en su territorio.

Esas esperanzas se desbarataron el mes pasado, cuando varios trabajadores aeroportuarios en Nanjing dieron resultados positivos en Covid durante un control rutinario. A los pocos días, la variante Delta, altamente transmisible, se había propagado a 22 ciudades en diez provincias. El total de casos confirmados en China subió de 251 el 16 de julio a alrededor de 2.000.

El Gobierno, todavía decidido a llevar las infecciones a cero, respondió rápidamente, cerrando zonas de alto riesgo, ajustando las restricciones de viajes en zonas de riesgo medio y poniendo en cuarentena a unas 100.000 personas. Pero se han producido situaciones similares antes, aunque en menor escala. Y considerando que gran parte del mundo todavía no ha sido vacunado, y frente al surgimiento de variantes del virus cada vez más transmisibles, sin duda volverán a ocurrir.

Los costes económicos de estos confinamientos -incluidas las restricciones a los viajes internacionales- son extremadamente altos. Frente a esto, algunos virólogos, epidemiólogos y economistas hoy sostienen que China necesita abandonar su política de tolerancia cero y aprender a convivir con el virus.

Pero la resistencia a esta actitud sigue siendo fuerte. Después de todo, la estrategia de máxima severidad de China -que sólo allí fue posible gracias a la actuación totalmente coordinada de sus instituciones y a la tradición cultural de su población- ha mantenido al país prácticamente libre de Covid durante varios meses. Y si bien los costes son altos, especialmente para el turismo y los servicios relacionados con los viajes, China puede hacerles frente.

Más importante aún es el hecho de que China todavía tiene que hacer mucho para vacunar a su población. Si bien hasta el momento ha administrado 1.900 millones de dosis de vacunas -esencialmente provenientes de sus propios antídotos Sinovac y Sinopharm, que requieren dos dosis-, necesitará vacunar a más del 83% de su población antes de que se alcance la inmunidad de rebaño, según su principal epidemiólogo, Zhong Nanshan.

Asimismo, dados los interrogantes sobre la eficacia a largo plazo de las vacunas que se están administrando actualmente, tal vez haga falta más tiempo para ofrecer vacunas de refuerzo o desarrollar alternativas más efectivas. E inclusive si China efectivamente lograra inmunizar a un porcentaje lo suficientemente alto de su población con vacunas efectivas, forma parte de un mundo globalizado, donde muchos países tienen tasas de vacunación muy bajas y eso le acabará afectando más tarde o más temprano.

Se podría afirmar que la lucha contra el Covid-19 está lejos de haber terminado. Para China, esto implica que es prácticamente inevitable que haya más brotes de coronavirus de pequeña escala –con las alteraciones económicas asociadas a ellos-. Frente a esto, es muy probable que el crecimiento total de China en 2021 no cumpla con las expectativas previas del mercado.

Esto no implica minimizar la importancia de la política fiscal y monetaria. Una estrategia más expansionista serviría para compensar el impacto económico de la pandemia. En particular, muchas pequeñas y medianas empresas que se han visto muy afectadas por la situación de emergencia necesitan ayuda desesperadamente, y el gobierno todavía tiene margen de maniobra para brindarla. Por cierto, con la combinación de políticas correcta, China puede alcanzar un crecimiento razonablemente bueno en la segunda mitad del 2021 y en los trimestres posteriores también.

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