Opinión

El sector tecnológico en la etapa post-Covid

La tecnología será el sector económico en el que muchos países se apoyarán para crecer en la era post-Covid.

Una recuperación económica de múltiples velocidades está en marcha, lo que refleja las importantes variaciones entre países a la hora de contener el coronavirus y adquirir y administrar vacunas. Pero, más allá de estas diferencias en los plazos, pronto veremos una secuencia en cascada de recuperaciones rápidas en todo el mundo.

Los sectores que tuvieron que cerrar porque no podían funcionar sin afluencia de público ahora (o pronto) reabrirán. Las empresas que sobrevivieron a los cierres por la pandemia (muchas gracias al apoyo de programas fiscales) experimentarán una rápida expansión, generada por una demanda contenida. Las tasas de crecimiento subirán durante un período limitado antes de regresar a niveles normales. Entraremos en el mundo post-recuperación en algún momento de 2022 (aunque algunos lo experimentarán antes que otros).

Para inversores, responsables de políticas, empresas y hogares por igual, un interrogante importante es si regresaremos, y hasta qué punto, a los patrones de crecimiento pre-pandemia. ¿Seremos testigos de un cambio hacia algún conjunto de dinámicas marcadamente diferente?

Si bien existen muchas áreas de incertidumbre en la economía post-recuperación, algunas industrias parecen posicionadas para un período de crecimiento extraordinariamente rápido. Específicamente, en sectores con una combinación de posibilidades tecnológicas, capital disponible y una alta demanda de soluciones nuevas y creativas, las condiciones serán sumamente favorables para la inversión y la formación de nuevas empresas.

Entre los amplios sectores con el mayor potencial de crecimiento, mis tres candidatos principales son la aplicación de tecnologías digitales en toda la economía, la ciencia biomédica (y sus aplicaciones en atención médica y otras áreas) y las tecnologías que se ocupan de los diferentes desafíos para la sostenibilidad, especialmente aquellos asociados con el cambio climático. Un crecimiento elevado en este contexto implica no sólo un crecimiento por sectores, sino altos niveles de actividad e innovación empresarial, una plétora de nuevas empresas de rápido crecimiento y grandes ingresos de capital que generen tasas de retorno mayores de lo esperado.

Estas áreas son distintas, pero se superponen, porque están definidas más por la ciencia y las tecnologías que por las producciones. Las tres son consideradas fuentes clave de resiliencia –para las empresas y para la sociedad en general- y esa percepción se ha visto reforzada por la pandemia y la creciente conciencia de los efectos del cambio climático. Entre esta perspectiva cambiante y la adopción forzada de tecnologías digitales durante la pandemia, hoy existe una mayor conciencia tanto de la oportunidad como de la necesidad de una digitalización, que se refleja en la demanda alta y creciente de soluciones tecnológicas.

En las tres áreas, muchos años de investigación e innovación han producido herramientas y tecnologías científicas poderosas que cada vez están más al alcance de los empresarios y los inversores que apuntan a resolver problemas específicos. Al mismo tiempo, los ecosistemas tecno-empresariales que en el paado estuvieron concentrados en apenas unos pocos lugares se han expandido globalmente, lo que resulta en una red interconectada de inversores y empresarios que comparten ideas, transfieren tecnología y se adaptan a las condiciones locales.

Los nuevos "unicornios" alguna vez asociados con Silicon Valley y unos pocos centros de alta tecnología ahora se pueden encontrar en números crecientes en un amplio rango de países desarrollados y de ingresos medios- y en sectores sorprendentes como la educación-. En resumen, los sistemas que potencian el talento empresarial cada vez se afianzan más en el mundo.

Esto en parte se debe a que los Gobiernos han reconocido las oportunidades en estos sectores y han redoblado debidamente su juego. Los programas fiscales que surgieron como consecuencia de la pandemia han sido mucho más agresivos que en el pasado. Los compromisos para invertir en infraestructura (inclusive digital), ciencia y tecnología se están expandiendo, no sólo en Estados Unidos y China, sino también en Europa, en los sectores digital, biomédico y de tecnología verde.

Asimismo, los responsables de las políticas parecen entender que una demanda deficiente tiene efectos negativos no sólo en el empleo sino también en los incentivos para adoptar nuevas tecnologías. La mayoría de los Gobiernos, por ende, están ansiosos a la hora de garantizar que la economía funcione a una alta intensidad sin vientos de frente del lado de la demanda que retrasen el crecimiento y el empleo.

Frente a estos factores, existe una posibilidad razonable de que la tendencia negativa de 15 años en el crecimiento de la productividad agregada –y por lo tanto del crecimiento real general- se revierta. Se están implementando nuevas tecnologías poderosas de propósito general y la pandemia ha aumentado la adopción y el aprendizaje en sectores anteriormente rezagados. Esto es crucial, porque el crecimiento de la productividad a nivel agregado exige no sólo una disponibilidad generalizada de las tecnologías necesarias, sino también su amplia difusión. 

Particularmente importante es la adopción digital por parte de las pequeñas y medianas empresas y de los sectores rezagados. En India, parte de la transformación digital implica equipar a millones de pequeños comercios minoristas y las cadenas de suministro relacionadas con soluciones tecnológicas, en lugar de que sean arrasados por grandes entidades, causando una alteración del empleo potencialmente masiva.

La distribución del ingreso es otro factor clave en el crecimiento de la productividad. Si el ingreso incremental sigue fluyendo principalmente hacia los individuos de altos ingresos y hacia los dueños del capital, puede ser bueno para los precios de los activos, pero será malo para la demanda y, por lo tanto, la inversión y productividad de las empresas.

Al menos en Estados Unidos, los planes fiscales del presidente Joe Biden -que incluyen inversión en infraestructura, cambios en la tributación y un salario mínimo más alto- están destinados a restablecer los empleos de ingresos medios e impulsar los ingresos para los hogares de bajos y medianos ingresos.

Tal como indica un estudio reciente del Instituto Global McKinsey, la transformación digital puede ser lo suficientemente amplia como para ayudar a aumentar el crecimiento de la productividad general de manera sustancial. Por ejemplo, la innovación en el suministro de atención médica primaria (antes un sector rezagado) probablemente se haga evidente no sólo en los datos de productividad para ese sector, sino también en otras mediciones importantes de desempeño, entre ellas los resultados generales de salud y la calidad y rapidez de la atención.

En cuanto a la agenda de descarbonización, algunos podrían sostener que esto tendrá un impacto inmediato pequeño o hasta ligeramente negativo en el crecimiento y la productividad. Pero en esta cuestión, en especial, deberíamos ser conscientes de los horizontes temporales relevantes. Más allá de los efectos de corto plazo de una agenda de inversión verde ampliada, el objetivo no es elevar la productividad de corto o hasta de medio plazo. El punto, más bien, es evitar o reducir el riesgo de un shock negativo importante en la productividad (entre otras cosas) en el largo plazo. El valor actual de las inversiones verdes, por ende, puede ser muy alto aún si el impacto en las medidas de flujo de la productividad en el corto plazo es pequeño.

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