Opinión

Es hora de rescatar a nuestra pymes

El autor denuncia el bombardeo de impuestos a las clases medias

Lo advertimos en mayo: esto no se ha acabado. Políticos, agentes sociales, y otros trincones de la colaboración público-privada se frotaban las manos mientras se les llenaba la boca de resiliencia, digitalización, y otros palabros que obnubilan al pueblo llano que asiente, ovino, a las filípicas de la caja boomer o de la red zoomer.

¿Para qué han servido todas esas Comisiones de Recuperación? ¿Cuál es el destino de todos esos dictámenes? No hay día que no vea en las redes sociales las imágenes de Sánchez anunciando que habíamos vencido al virus, allá por el mes de junio. Pero los mismos que se burlan hoy de Sánchez se afanaron en montar estas comisiones para lucir su retórica. ¿Se imaginan a Churchill convocando comisiones de reconstrucción entre bombardeo y bombardeo de la Luftwaffe? Economistas haciendo proyecciones de recuperación económica y hablando de digitalización mientras las pymes caían en la trampa de salir del Erte; sindicalistas hablando de inclusividad y perspectiva de género mientras sus antiguos representados acudían a las colas del hambre; patronales salivando por enganchar proyectos tractores mientras el noventa por ciento de sus representados a duras penas sobrevivían a costa de fundir los ahorros de años.

La tupida red de pymes del país, la savia de la nación, se desangra mientras los Presupuestos aprobados por el peor Gobierno para el peor momento de nuestra reciente Historia festejaba en el beach club del Patrimonio Nacional el incremento estructural de partidas para ministerios que ni siquiera deberían existir.

El Gobierno no quería un país de camareros, pero a cambio solo tendrá un país de parados

Bruselas se quedó horrorizada: antes habían levantado temporalmente el veto al endeudamiento presumiendo que los países estaban gobernados por personas medio decentes y no por un grupo de mafiosos del Este gozándola en la Costa del Sol. De no mediar la pandemia las consecuencias para España habrían sido terribles. Nunca pensó la Comisión que el Gobierno de una de las principales economías del Euro se dedicaría a diseñar unos Presupuestos dedicados a aumentar el gasto estructural de los ministerios, a partidas como pensiones o sueldos de funcionarios en un entorno de inflación negativa y con los ingresos desplomándose. No, para eso no se levantó la exigencia de reducir el déficit público. Ni tampoco se autorizó al BCE a comprar deuda sin fin. Y en algún momento tomarán las represalias, no lo olviden. El problema es que lo pagaremos los de siempre, las clases medias, los autónomos, las empresas, las familias trabajadoras.

Mientras Alemania, Francia, Italia, etc. no paran de dotar de ayudas directas sin reembolso a todos sus sectores afectados, aquí se deja en la estacada, y con la estocada bien colocada en todo lo alto, a todo el mundo en general y en particular a la principal industria del país, el ocio. No querían un país de camareros y, en efecto, no lo tendrán. A cambio tendrán un país de parados.

El desplome de la actividad relacionada con el turismo es absolutamente colosal. La hostelería está herida de muerte. La invasión migratoria ha sustituido al Imserso en esta temporada aciaga para el sector hotelero. La tercera ola ya está aquí y nada garantiza que no acabe tocando tierra el tornado surafricano o el tsunami brasileño. O los dos. Pero aquí, de lo único que hablan los trincones y los petimetres es de resiliencia y perspectiva de género. Toca la banda mientras el barco se hunde: claro, tienen bote reservado.

La pandemia ha demostrado la total prescindibilidad de las comunidades autónomas

Tienen incluso la desfachatez de anunciar a bombo y platillo planes de rescate a los hosteleros y a las familias que son sencillamente ataques indisimulados al derecho de propiedad, cargando sobre las espaldas del sector privado las dificultades financieras de ese mismo sector privado ¡Con barra libre en el BCE y sin límite al déficit! Les estorba el Estado de Derecho, les estorba la columna vertebral de la democracia liberal. Pagarán por ello; vaya si pagarán.

Ya está bien. No podemos seguir así. Machacando a impuestos a las clases medias, subiendo salarios públicos cuando la inflación es negativa, regando de recursos públicos a oenegés ideológicas, repartiendo fondos para proyectos faraónicos que nunca llegarán a quienes están quedándose por el camino.

Las autonomías han demostrado su total prescindibilidad e ineficiencia. No ha funcionado la Sanidad, no ha funcionado la Educación, no existe la más mínima coordinación, las medidas son arbitrarias, a menudo opuestas, y muchas veces contraproducentes. Sólo con testeo, testeo y testeo; rastreo, rastreo y rastreo, y vacunación, vacunación y vacunación se puede mantener a raya al virus. Pero siempre van por detrás, echando las culpas unos a otros mientras la ruina avanza al ritmo del caos gubernamental.

Si son incapaces de gestionar una pandemia con un mínimo de decencia, por lo menos que no nos arruinen. Ya está bien.

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