Opinión

BCE: bienvenidos a la desilusión

La presidenta del BCE Christine Lagarde

Si piensa encontrar en esta columna complacencia con el último movimiento del BCE, basado en emitir a troche y moche euros para dárselos a los bancos y que los presten, no pierda el tiempo y no siga leyendo. Al BCE al igual que al resto de bancos centrales se les acabó la magia de la pócima hace mucho tiempo. La política monetaria es un bálsamo fuerte para el corto plazo, para doblegar inflaciones, nunca para en el largo plazo sacar a un país o área económica de una situación calamitosa.

Por los titulares, sabrá que el BCE ha dado un nueva vuelta de tuerca aumentando la represión financiera, los tipos a cero e imprimiendo más dinero. Ese movimiento perjudica a aquellos ciudadanos que, teniendo un perfil conservador sobre su ahorro, se ven expulsados de los activos con menor riesgo por la ausencia de rentabilidad. Los bancos son otra de las víctimas de los daños colaterales de los tipos nulos y negativos. Una vez más ven cómo se retrasa la anhelada subida del precio del dinero que les permitiría lograr rentabilidad mediante su actividad y que no tengan que recurrir a fusiones y reducción de estructuras. Las presiones para llevar a cabo dichas fusiones aumentan proporcionalmente al alargamiento del calendario y al aumento de la cuantía inyectada.

La burbuja de deuda pública creada por los bancos centrales ya es mayor que las 'subprime'

Los grandes beneficiados son los Estados (no sus ciudadanos), a muchos de los cuales les sería imposible por sí mismos mantener la prima de riesgo sobre el bono alemán. Encuentran en el BCE el comprador de unos bonos que, sin su actuación, pondría en riesgo la colocación de la financiación que en estos momentos necesitan. También las grandes corporaciones están en el grupo de los agraciados, especialmente aquéllas que demandan financiación verde, pues verán disminuir sus gastos financieros y les posibilita financiarse durante tiempo a tipos escuálidos. Se preguntarán por qué los ciudadanos no se benefician. Fácil: ellos con su ahorro pagarán la fiesta y no serán los estratos ricos sino las rentas medias y bajas cuyo patrimonio principal son los activos sin riesgo, con bajo poder de diversificar y que se desesperarán una vez más. La burbuja de deuda pública que han montado los bancos centrales es muy superior a la de las subprime. ¿Intereses negativos para España, un país con una ratio de deuda del 120% sobre el PIB? ¿Intereses negativos para la deuda francesa con una ratio de endeudamiento total, privado y público, del 260%, 120% pública y 140% privada?

Esa facilidad de financiación a los Estados y grandes empresas se me antoja mucho más compleja para pymes, autónomos y familias. Las entidades de crédito, ante el panorama actual, no van a abrir fácilmente el grifo del crédito si no esta cubierto, total o parcialmente el riesgo de morosidad por avales estatales. Ya hay personas a las que no se les concede en estos momentos créditos o subrogación de los que tienen. Esa normalización no es posible verla hasta tener una foto nítida de la situación económica y los agujeros producidos en las familias y empresas, así como la evolución de sus ratios de morosidad.

La política monetaria no puede sacarnos de la crisis, solo permite ganar tiempo

La decisión llega en un momento complejo y habrá que ver si estas medidas son efectivas, para ello es necesario que desde Bruselas se ponga ya mismo en marcha la movilización de recursos destinados a paliar los daños del Covid y sentar las bases de la recuperación en esa Europa digitalizada y con una economía dirigida a la sostenibilidad. Es perentorio que los recursos comiencen a llegar a los países lo antes posible. Los incidentes con Hungría y Polonia son una piedra en el camino que parece en vías de solución. Por cierto, hablamos de un volumen de recursos que habrá que ampliar dado que el rebrote producido en el otoño nos sitúa en uno de los escenarios más pesimistas.

El Brexit complica además el panorama en Europa. España es el país del área euro al que más daño le hace una posible ruptura no pactada, llegando además en un momento en que el Covid nos hace situarnos a la cabeza de la caída de la actividad. Por cierto, habrá que ver qué ocurre con el desempleo en 2021 aquí; no es descartable que podamos ver una tasa de paro por encima del 20%. La situación es alarmante y desde luego más con los descabellados Presupuestos que se acaban de aprobar, donde además sobrevuela una subida de impuestos, una caída de la renta disponibles como consecuencia de la elevación del gasto y una más que previsible caída de la recaudación.

También influye el quebradero de cabeza de la revalorización del euro, un movimiento que puede deteriorar las exportaciones de los bienes y servicios del área euro. Habrá que estar muy vigilantes en este sentido a las exportaciones alemanas, la base de la primera economía del área.

En el pasado las medidas parecían suficientes. la realidad es machacona, esta crisis ha llegado y se buscan soluciones imaginativas y apartadas de la ortodoxia. No es que sean insuficientes, es que no solucionan problemas como los siguientes: dónde encontrar rentabilidad marginal en el trabajo y sobre todo en el capital o qué hacer con las empresas zombis. La política monetaria no contiene ya la suficiente magia como para sacarnos, ella sola, de la actual situación, solo permite ganar tiempo. Puede que estemos ante una nueva desilusión, un espejismo, la financiarización de la economía nos lleva a buscar remedios que no solucionan los actuales problemas.

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