Opinión

Manual de supervivencia

Para el autor, el único objetivo de Pedro Sánchez es mantenerse en Moncloa cueste lo que cueste

Dicen que una imagen vale más que mil palabras y, aunque no siempre sea verdad, este axioma se cumplía el miércoles en el Congreso con esa caricatura de Pedro Sánchez defendiendo verbalmente a la figura y la trayectoria de Felipe González ante las soflamas de Rufián, aunque los gestos y el tono de desidia del presidente reflejaban que esa defensa de su antecesor y figura señera de la Transición era forzada y más falsa que un billete de mil euros. Tan falsa como sus requerimientos de acuerdos con el PP porque si Sánchez de verdad quisiera un pacto, oportunidades ha tenido y sobradas para hacerlo durante el estado de alarma y ahora en su finalización cuando el líder popular le ha tendido la mano para hacer cinco grandes acuerdos destinados a crear una oficina de atención a las víctimas del Covid, un pacto por la Sanidad, la creación en el Senado de una comisión sobre las competencias sociales con participación de las autonomías, un plan de choque económico con bajadas de impuestos y un plan jurídico para aplicar la legislación ordinaria si hay rebrote sin recurrir al estado de alarma.

La aparente concordia de PSOE, PPy Cs es un espejismo por pura necesidad

Oferta a la que el jefe del Gobierno ha respondido con el silencio, cuando no con el desprecio, porque el proyecto de Sánchez, desde la moción de censura que le aupó a la Presidencia no es España ni para España, sino para satisfacer sus propias ambiciones y permanecer el mayor tiempo posible en La Moncloa. Y hoy eso sólo se lo garantiza el acuerdo con los populistas y los independentistas, los enemigos de España y del sistema democrático y de libertades del 78, representados por el Parlamento y la Monarquía Parlamentaria a los que intentan desprestigiar y socavar.

El proyecto de Sánchez no es España ni para España, sino permanecer el mayor tiempo posible en La Moncloa y hoy eso sólo se lo garantizan los populistas y los independentistas

En esta deriva a Sánchez sólo le puede parar el PSOE, por eso el empeño de sus socios y de los sanchistas de acabar con Felipe González y la "vieja guardia", o las condiciones de Bruselas vía Berlín que le obliguen romper esas amistades peligrosas si quiere recibir el dinero ese fondo europeo de reconstrucción que más que un rescate a España será un rescate a Sánchez y a sus intereses personales de supervivencia en el poder.

Esta última es también la razón por la que Sánchez ha dado el visto bueno a la candidatura de la ministra de Economía, Nadia Calviño, ha presidir el Eurogrupo, a sabiendas que de conseguirse eso le aboca a un enfrentamiento con su socio podemita y a rendirse ante las exigencias de reformas y recortes de gastos y de servicios que le van a imponer desde Bruselas para recibir esos más de 144.000 millones del fondo europeo de reconstrucción, empezando por no tocar la reforma laboral, al menos en sus aspectos esenciales.

Dineros que son imprescindibles para la reconstrucción de España, sobre todo tras la última revisión del FMI que nos sitúa a la cabeza del hundimiento económico mundial. Pero esos dineros son sobre todo el rescate de Sánchez y su garantía de supervivencia, al menos hasta el final de la legislatura. Un rescate que como me comenta un relevante ex diputado socialista "Pedro va a pagar cueste lo que cueste, caiga quien caiga y traicionando a quien tenga que traicionar".

De ahí que accediera a defender a Felipe González, al que detesta, porque permitir que los únicos defensores del expresidente fueran Pablo Casado y Ciudadanos – que fueron los primeros en hacerlo- era una ignominia que muchos socialistas de verdad, no los gregarios del sanchismo, no le iban a consentir ni a perdonar. Y de ahí también ese aparente clima de distensión y de consenso entre socialistas, populares y ciudadanos para aprobar el decreto de la llamada nueva normalidad y el respaldo a Calviño para Europa. Una concordia aparente que, me gustaría equivocarme, apunta más a ser un espejismo por necesidad que ese cambio de clima político que España necesita y que los españoles demandamos.

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