Bolsa, mercados y cotizaciones

Trump pretende un año electoral en Wall Street de al menos un 7% de ganancias

  • En la media de los ejercicios con comicios presidenciales desde 1930
  • El presidente de EEUU necesita una bolsa alcista para favorecer su reelección
Trump ha celebrado los máximos de Wall Street como un forofo del deporte.
Madrid / Nueva York

Desde que entró en la Casa Blanca, tras ganar las elecciones presidenciales de 2016 con cierto grado de sorpresa, el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no ha dejado de usar a Wall Street como referencia del éxito de su Administración y de sus decisiones políticas. Las subidas de la bolsa le han servido incluso para justificar políticas migratorias en contra de los derechos humanos, para enardecer una guerra comercial con China que amenaza con sumergir a la economía global en una recesión o como pastilla para olvidar las promesas incumplidas sobre inversiones en infraestructuras o mejoras salariales en la industria y en el campo.

El aliento de Wall Street será todavía más crucial en 2020, el último año de su primer mandato. Un curso en el que enfrenta su reelección con el conflicto arancelario con pocos visos de resolverse, con una evidente desaceleración del crecimiento económico, enfrentado con la Reserva Federal (Fed) por sus críticas frontales sobre su gestión de la política monetaria y con la competencia de un Partido Demócrata cuyos líderes ganan popularidad rearmándose por flancos que él desprecia pero que ya son constantes en la agenda pública: el cambio climático, la desigualdad, el acceso a la sanidad, la dignidad de los inmigrantes o el feminismo.

Al menos, la estadística está de su parte. Desde la década de los 30, tras el crack de 1929, el S&P 500, el índice de referencia en Estados Unidos, repunta un 6,7% de media en los años electorales y un 5,8% en los ejercicios con comicios en los que el presidente del momento consiguió su reelección. Aunque, quizá, unas ganancias cercanas al 7% no sean suficientes para un personaje que busca ser la punta de lanza de una sociedad opulenta y que recurrentemente ha celebrado los máximos de Wall Street como un forofo del deporte.

La ventaja con la que cuenta es que casi el 73% de los años electorales del periodo estudiado han terminado con subidas del S&P 500, aunque preferirá el recuerdo de ejercicios bursátiles como 1936, en el que el selectivo recibió a Franklin D. Roosevelt con unas ganancias del 27,92%, o como 1996, en el que Bill Clinton fue reelegido presidente con un bagaje del índice del 20,26%. Y, seguro, preferirá no pensar en el desplome del 38,49% de 2008, el año que el demócrata Barack Obama llegó al poder.

El estilo de Trump, "dos pasos hacia adelante y uno para atrás mientras la salud de la economía se lo permita", como lo describen desde A&G Banca Privada, ha llevado a Wall Street a acumular ganancias de más del 20% en 2019, hasta situarse en zona de máximos históricos. El S&P 500 sube concretamente un 24% desde que empezó el año, tras caer un 6,24% en el 2018 de la Navidad del pánico y ganar un 19,42% en 2017. "A corto plazo, se puede esperar cierta corrección, pues las valoraciones descuentan, entre otras cosas, la solución a la guerra comercial", observa Olivier Govaerts, experto de Pictet AM.

Este no sería un mal escenario para Donald Trump si esa corrección es controlada y viene seguida de "una segunda parte del año con recuperación de la economía", según continúa el analista, aunque como destacan desde Pimco, "merece la pena enfatizar que el crecimiento global está cerca de detenerse y por lo tanto es más vulnerable de lo habitual a cualquier shock adverso, cualquiera que sea la causa". La previsión para el año electoral de Robeco es el ideal para el actual presidente: "Es improbable que Estados Unidos caiga en recesión a corto plazo, pero sí podría después de 2020".

Una brutal carrera electoral

Mientras se van despejando las incognitas macroeconómicas y comerciales, Donald Trump se enfrenta a una brutal carrera electoral bajo el acecho de un posible juicio político (impeachment) abanderado por los demócratas en el Congreso. Este partido todavía debe perfilar en los próximos meses qué delfín de la decena de aspirantes a la nominación será responsable de conseguir un cambio de rumbo en el Despacho Oval. "Bajo la Administración Trump hemos visto una redistribución de la riqueza de los balances del gobierno a los balances corporativos; ha sido un gran viento de cola para las acciones en general", estima Elliot Hentov, jefe de análisis político en State Street Global Advisors, al referirse no solo a la rentabilidad del 40% acumulada por el S&P 500 sino también a la reforma fiscal orquestada por los republicanos en 2017, que rebajó el impuesto de sociedades desde el 35% hasta el 21. Eso sí, el coste aproximado de esta medida, que vino acompañada con otros recortes, alcanzó los 1,5 billones de dólares.

El auge progresista de Sanders o Warren comienza a generar cierto desazón entre los inversores

Sin embargo, en el campo demócrata, el ex vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, claro representante del establishment del partido, ve cómo su ventaja frente a candidatos progresistas como la senadora de Massachussetts, Elizabeth Warren, o su homólogo en Vermont, Bernie Sanders, continúa estrechándose. Al mismo tiempo, en las primarias de Iowa y New Hampshire, un barómetro para ver qué nombres brillarán en los próximos meses, Pete Buttigieg, el alcalde de South Bend, Indiana, y Warren encabezan las encuestas en cada estado, respectivamente.

Michael Bloomberg, ¿candidato?

El auge progresista encabezado por Sanders y Warren comienza a generar cierto desazón entre los inversores, aunque en la actualidad no se puede dar por sentado que alguno de ellos conseguirá la nominación del partido y mucho menos alcanzar la presidencia en noviembre de 2020. No obstante, por los platós de Bloomberg y la CNBC, estrategas y empresarios han barajado caídas de entre un 20 y un 30% en el caso de una victoria de estos aspirantes, aludiendo la animadversión de estos contra las grandes empresas del país, así como su intención de elevar impuestos y fortalecer la regulación. De ahí, que tampoco se descarte el desembarco tardío en las primarias del ex alcalde de Nueva York y multimillonario empresario, Michael Bloomberg, para intentar brindar una postura más moderada y atraer el voto de los indecisos.

Uno de los sectores más amenazados es la salud por la intención de universalizar el 'medicare'

Sin embargo, Tobias Levkovich, estratega de Citi, considera que parte de la retórica más agresiva de las primarias demócratas "se atenuará a medida que se acerquen las elecciones, ya que atraer el voto de los indecisos puede no combinarse con una agenda muy progresista". Desde su punto de vista, las tecnológicas que han experimentado problemas de privacidad podrían verse afectadas de manera significativa bajo un gobierno demócrata. Otro sector que enfrentaría dificultades es el petrolero así como el de minas y químicos contaminantes. Pero quizás uno de los más damnificados puede ser la industria de salud, dado que los programas electorales de Warren y Sanders buscan extender la cobertura universal del Medicare.

"Las elecciones y ruido político pueden hacer mella en los múltiplos de precios que los inversores están dispuestos a pagar por los valores de salud", determina Michael Maguire, gestor de cartera en Putnam Global. "Es fácil para los candidatos hacer propuestas provocativas, pero difícil para que las empresas ofrezcan respuestas rápidas y simples porque los problemas son muy complejos", asegura. Un aspecto que muchas mesas de inversión ya dan por descontado es que una administración demócrata intentará deshacer buena parte de la rebaja fiscal aprobada el 22 de diciembre de 2017. Una reversión completa, según calcula el equipo liderado por David Kostin, estratega jefe en Goldman Sachs, reduciría sus estimaciones de beneficio por acción del S&P 500 desde los 185 dólares proyectados en estos momentos hasta los 164 dólares en 2021.

La guerra comercial y la Fed

Ahora bien, para que esto y otras de las medidas previamente mencionadas pudieran materializarse, los demócratas no solo tendrían que hacerse con la presidencia del país, también controlar ambas Cámaras en el Capitolio. De lo contrario, un presidente demócrata sin el apoyo del Capitolio quedaría limitado a desarrollar parte de su agenda a golpe de decreto.

Una hazaña de largo alcance que actualmente está dificultada por las condiciones económicas del país, que continúan favoreciendo una reelección de Trump. El modelo electoral elaborado por Moody's Analytics estima que si solo se tomasen en cuenta variables económicas, como el precio del combustible, el coste de la vivienda o los ingresos personales, el republicano ganaría holgadamente las elecciones llevándose alrededor de 351 votos en el colegio electoral frente a los 187 de los demócratas. Dicho esto, son muchos los factores a tener en mente.

Tanto la economía como la renta variable estadounidense seguirán reaccionando tanto a las las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China como a las rencillas con otros socios comerciales, como la Unión Europea. Al mismo tiempo, después de haber rebajado los tipos de interés en 75 puntos básicos desde el pasado julio, la Reserva Federal no tiene previsto mover el precio del dinero ni este año ni el que viene salvo que la expansión se vea seriamente amenazada.

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