Bolsa, mercados y cotizaciones

Lo único que le faltaba a la imagen de Dia era la 'mala fama' de Fridman

  • Al problema reputacional se unen otros: como los del sector o su refinanciación
  • Es difícil explicar a un accionista qué ha pasado cuando pierde un 90%
Mikhail Fridman, socio fundador de LetterOne. Foto: Getty.

Hagamos memoria. Hace dos veranos, un inversor -de origen ucraniano, aunque en España haya sido ruso a todos los efectos- compró el 10% de Dia. En aquel momento, los bajistas controlaban una cuarta parte del capital sin una explicación aparente para su entonces director financiero, Amando Sánchez Falcón, y tenía excusa: los osos también se estaban llevando por delante a medio sector europeo, algo que hoy continúa pasando.

Todo fue bien hasta que Mikhail Fridman decidió aumentar su posición en la cadena, en parte a través de derivados. Y esto es un problema cuando algunos inversores están convencidos de que lo que Fridman estaba haciendo era prestar sus acciones a Goldman Sachs para que vendiera en 'corto'. Nunca se demostró en todo caso. Pero el peso de los bajistas en su accionariado empezó a tener sentido cuando empezaron los 'malos' resultados allá por finales de 2017 y que tuvieron su culmen hace once meses. Llegó el 'profit warning', luego 'agujeros contables', cayó la sombra de la duda sobre Ricardo Currás -que ya estaba fuera de la cadena-, y LetterOne empezó a hacer público su desacuerdo con las decisiones del consejo de administración a través de los medios. Y una vez que consiguieron sus objetivos en Dia, su presencia mediática desapareció. Hay quien piensa que el carácter de inversor 'anglosajón' de Fridman es lo que le impide preocuparse por su imagen pública en España.

Pero lo cierto es que Dia ahora tiene dos problemas reputacionales: el que se granjeó el anterior equipo con cuentas que no cuadraban y pérdidas 'irrecuperables' para el inversor; y el que tiene ahora el fundador de LetterOne después de que haya sido imputado por Anticorrupción por estar al frente de una "organización criminal".

Cinco problemas

No es Fridman el único con un problema reputacional. La escasa credibilidad de su anterior cúpula directiva arrastró a cualquier inversor que llevara en la compañía algo más de un año a asumir pérdidas en su cartera superiores al 90%, con el dividendo cancelado 'sine díe' y aún con la puerta abierta a que la compañía deje, incluso, de cotizar en bolsa. Y todavía falta por llegar una ampliación de capital de 600 millones de euros el último trimestre del año.

El problema de pasar de ser una compañía de 2.000 millones de capitalización a otra de menos de 300 es que los analistas se han 'evaporado'. De los 23 que había hace un año, hoy quedan 4 y son ellos los que prevén que las pérdidas de Dia se extiendan, al menos, hasta 2021, cuando su ebitda rondará los 230 millones de euros con márgenes en mínimos históricos, por encima del 3% sin olvidar que hace dos años ésta era la 'joya de la corona' del grupo, con niveles cercanos al 9% en Iberia y por encima del 7 si se incluye a Argentina y Brasil en la ecuación. Eso no será así nunca más, al menos no en el medio plazo, ni en Dia ni tampoco a nivel sectorial. Comparables como Carrefour deben conformarse con márgenes del 5,2% este año y en el 5,6 están las firmas británicas lideradas por Tesco, que en el año sube un 12%. Sainsbury y Marks&Spencer, en cambio, se desploman por encima del 20%. Y es que sigue habiendo dudas sobre la viabilidad de un sector llamado a buscar alianzas para sobrevivir a la 'era de Amazon'. En Francia se rumorea ya que Carrefour y Casino pueden dar un paso al frente.

Al 'gigante' galo le está presionando Lidl -como también hace en España junto a Mercadona-; además del cambio de hábitos de consumo de los franceses: llenan su cesta con menos productos, según Deutsche Bank, lo que hace de los hipermercados una superficie cada vez menos rentable, como tampoco lo son los pedidos 'online' por el momento. En España Dia, aun con todo, sigue teniendo la tercera mayor cuota de mercado, con un 6,6%, por detrás de Mercadona y Carrefour. Hace tres años llegó a ser del 9, pero entonces su futuro no dependía de préstamos bancarios para asegurar su viabilidad ni de inversores con muy 'mala fama'.

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