Energía

Los minerales críticos elevan la tensión entre China y Occidente en plena carrera por las baterías

  • China posee el 60% de la producción global de tierras raras
Planta de procesamiento de tierras raras en Australia. Foto: Bloomberg
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La carrera por la transición verde ha alcanzado niveles tan vertiginosos que se está produciendo un exceso de demanda de los minerales críticos -cobre, litio, níquel y cobalto, entre otros- que la oferta disponible no es capaz de satisfacer. La sed por estos materiales -esenciales para el desarrollo de tecnologías energéticas como los coches eléctricos o la consolidación de las propias energías renovables- aumentó con la guerra comercial entre China y EEUU; creció con la crisis energética agravada por la invasión rusa de Ucrania y ahora se hace más insoportable con la batalla de subvenciones para atraer la producción de tecnología renovable. Además, existe una sobre concentración del mercado de los minerales críticos que, en palabras de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), no se ha visto en ninguna otra materia prima fundamental "en el mundo moderno". De hecho, el organismo encabezado por Fatih Birol alerta de la necesidad de diversificar una cadena de suministro que está, actualmente, controlada por China.

Las palabras de la AIE evocan a la OPEP, el oligopolio de países productores de crudo, y el dominio que ha mantenido durante décadas sobre el mercado petróleo. Sin embargo, las cifras son más impresionantes en el caso del mercado de minerales críticos, especialmente en el caso de China. En este sentido, los datos de la AIE señalan, por ejemplo, que la República Democrática del Congo aglutina el 70% de la producción mundial de cobalto, mientras que China posee el 60% de la producción global de tierras raras. De hecho, en el régimen de Xi Jinping estudió en 2021 limitar las exportaciones de este elemento, fundamental para la fabricación de aviones de combate F-35 estadounidenses, con el objetivo de minar las capacidades defensivas de Washington.

Sin embargo, la clave en el mercado de los minerales críticos está en el dominio que Pekín ejerce sobre los procesamientos intermedios a nivel global en ramas como el refinado químico (65%), la fabricación de cátodos (80%), ánodos (93%) y celdas para baterías (79%). Además, China controla porcentajes altos a nivel global de refinado de níquel (35%), litio (50%), cobalto (70%) y tierras raras (90%).

Todo ello contribuye a hacer del país asiático el líder de ventas de coches eléctricos a nivel mundial, cuyas baterías se fabrican a partir del litio. Su peso en esta industria es tan grande que los problemas de demanda doméstica del régimen de Xi Jinping provocaron esta semana la segunda mayor caída en dos años del precio del carbonato de litio, una sustancia química industrial usada en baterías de coches eléctricos.

Este control de los procesamientos intermedios provoca que China ejerza un papel determinante en la cadena de suministro mundial de los minerales críticos. Esa es la razón por la que la AIE reclamó una diversificación de dicha cadena, así como una mayor transparencia en el propio mercado, para romper el dominio chino. Esta última propuesta parece tener como objetivo limitar la estrategia de subvenciones de Pekín, la cual fue duramente criticada por parte de la Comisión Europea. Ursula Von der Leyen, la presidenta del Ejecutivo comunitario, en su discurso sobre Estado de la Unión, en el que señaló que la UE "no había olvidado cómo las prácticas comerciales injustas chinas afectaron nuestra industria solar".

De hecho, el sector europeo fotovoltaico hoy está medio moribundo, después de que China haya inundado el mercado con placas solares con precios de derribo. La preocupación de Bruselas en este asunto es muy grande: este miércoles la Comisión Europea ha iniciado una investigación, de forma oficial, sobre las ayudas que Pekín otorga a los fabricantes de vehículos eléctricos y estudia activar aranceles.

No hay duda de que la organización, creada en 1974 por un grupo de países liderados por EEUU, quiere impulsar a los países occidentales en la carrera para hacerse hueco en las grandes industrias tecnológicas del futuro, la cual ha llevado a países como Alemania, Francia o los propios EEUU a aplicar programas de subvenciones para atraer a productores de nuevas tecnologías. Y en todo el desarrollo de las industrias estratégicas que dominarán juega un papel fundamental la energía y su almacenamiento.

Tampoco es ajeno a esta situación el Foro de Davos, que afirmó el pasado mes de junio que el mundo se encuentra "en una carrera armamentística global de baterías". Estos depósitos son fundamentales para almacenar la energía y solucionar el problema de la interrumpibilidad de las energías renovables. Los coches eléctricos son la base del cambio. De hecho, el Foro de Davos señaló que el mundo se encamina a "un cambio tecnológico sísmico" a medida que se avanza "agresivamente" hacia los coches eléctricos, iniciando "la revolución del almacenamiento de energía" que, actualmente, está liderada por China. Por su parte, la organización encabezada Børge Brende también sugirió algunas soluciones para el desajuste entre oferta y demanda que sufre el mercado de minerales críticos.

Además de la diversificación de las cadenas de suministro, el Foro de Davos calificó de "vital" el desarrollo de la minería sostenible y el reciclado de baterías. Según la organización, las baterías de iones de litio -usadas para fabricar teléfonos móviles, coches eléctricos o auriculares inalámbricos- requerirán la construcción de nuevas minas en todo el mundo, en las que serán necesarias nuevas técnicas de extracción y de reciclaje. De hecho, el documento señala que "cualquier transición que se aleje de los combustibles fósiles implica minería".

Adicionalmente, el Foro Económico Mundial señaló la importancia de la tecnología avanzada, la cual precisa de encontrar lugares de fabricación más allá de EEUU, Europa y China. Aquí es preciso indicar que las baterías de los coches eléctricos funcionan con microchips, cuya industria en el Viejo Continente fue reforzada a través del Reglamento de Chips. De hecho, este es uno de los puntos del acuerdo al que han llegado recientemente la UE y el actual gobierno en funciones para que España pueda acceder a la siguiente partida de los fondos europeos: fomento de la industria de los microchips y la descarbonización.

Paralelamente, algunos países europeos ya participan activamente en la alianza liderada por EEUU para minar la capacidad china en el ámbito de la tecnología avanzada, especialmente en el sector de los chips. Hablamos de Países Bajos y Alemania, que este año han aplicado restricciones a las exportaciones a China de material fundamental para la fabricación de semiconductores. En el primer caso, las sanciones afectan concretamente a los equipos de litografía, fabricados mayoritariamente por la firma neerlandesa ASML. En el segundo caso, las restricciones afectan a los compuestos químicos, producidos por empresas como Merck y BASF.

En definitiva, la transición energética ha dado lugar a una nueva "carrera armamentística", utilizando el término del Foro Económico Mundial. Parce claro que esta pugna la ganará la potencia – o potencias- que sea capaz de desarrollar la tecnología más eficiente y que, paralelamente, consiga el menor impacto medioambiental posible.

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