Economía

La economía de China ya no rugirá como antes: las implicaciones para el resto del mundo de un crecimiento más débil

  • Pekín asume que el crecimiento no será tan fuerte como en décadas pasadas
  • Los analistas prevén un impacto limitado en el resto de la economía mundial
  • Pero se depende de sus importaciones y su menor inversión fuera se notará
Linternas chinas por la celebración del Año del Tigre en 2022. Foto: iStock

La avalancha de titulares económicos publicados sobre China en las últimas semanas pueden resumirse en un uno: tras la decepcionante recuperación una vez caídos los estrictos protocolos contra el covid se esconde una debilidad subyacente que hará que el crecimiento no sea tan vigoroso como lo era tradicionalmente. La amenaza es cierta y puede tener ramificaciones mundiales tras 45 años de rápida expansión y globalización.

La problemática económica china no es simple traspié puntual y las autoridades del país lo saben. Por eso han fijado un objetivo de crecimiento del 5% para 2023, más bajo de lo habitual y notablemente modesto para un país que ha promediado un crecimiento anual del PIB del 9% desde la apertura de su economía en 1978.

Los datos más recientes -un débil segundo trimestre de 2023 en crecimiento de PIB, unas cifras de inflación que asoman al país a la temida deflación, un paro juvenil en máximos alarmantes- se han unido a 'fantasmas' recurrentes del gigante asiático como su vasto y turbulento mercado inmobiliario.

El modelo centrado en la inversión y la vivienda, soportado por una ingente carga de deuda, muestra cada vez más grietas. Al mismo tiempo, la salida del covid está mostrando una considerable falta de confianza -el horizonte económico es incierto, el mercado laboral no ofrece seguridad tras la parálisis por los cierres- que se traduce en una menor inversión de las empresas y en un menor consumo de los ciudadanos.

Algunos economistas agitan ya la alerta de un 'bucle deflación-recesión'. La tradicional apuesta de China por los grandes estímulos en vez de los subsidios a la población como sí hizo Occidente durante el covid agravan el cuadro. En vez de gastar, los chinos proceden al 'ahorro por precaución'. Si además la previsión es que esto baje los precios, aplazarán sus decisiones de compra, lastrándose más el consumo y tomando forma la citada espiral.  

Es por todo ello que las autoridades chinas se debaten ahora mismo entre un cambio de modelo que no será ni fácil ni rápido y nuevos estímulos que sujeten la situación pero no comprometan aún más la estabilidad financiera de China.

En este marco se ha celebrado esta semana el Politburó del Partido Comunista de China, considerado el segundo órgano de más poder del país. Se trata de un cónclave en el que los principales líderes chinos, con el presidente Xi Jinping a la cabeza, generalmente analizan el estado actual de la economía y brindan sugerencias sobre las direcciones de política macro para la segunda mitad del año. La declaración hecha llama a fortalecer el estímulo de la política macro para ayudar a expandir la demanda interna, impulsar la confianza y desactivar los riesgos financieros. El énfasis se ha vuelto a poner en el sector inmobiliario (se ha eliminado la frase "la vivienda es para vivir en ella, no para especular"). Pero, como se esperaba, la reunión no ha traído ningún estímulo a gran escala. Las medidas habituales para estimular el crecimiento -flexibilizar las normas de préstamo y gastar mucho en infraestructuras- empeorarían los problemas subyacentes de sobreendeudamiento.

"Los dirigentes chinos están claramente preocupados. En la anterior reunión del Politburó dedicada a la economía, en abril, señalaron que la recuperación avanzaba mejor de lo esperado. Ahora la califican de tortuosa, y en la lectura de la reunión se refieren rápidamente a los numerosos retos a los que se enfrenta la economía, como la insuficiente demanda interna, las dificultades financieras en algunos sectores y un entorno exterior sombrío. Se menciona a palabra riesgos siete veces frente a las tres de abril", señala en una nota para clientes Julian Evans-Pritchard, experto para China de Capital Economics.

"Es importante tener en cuenta que la economía china se enfrenta a retos tanto cíclicos como estructurales. Existen fuertes vientos en contra para un crecimiento sostenible en los próximos años, especialmente teniendo en cuenta tendencias seculares como la caída de las tasas de natalidad, el envejecimiento demográfico y las nuevas tendencias desinflacionistas", apuntan Cosmo Zhang y Carlos de Sousa, analistas de Vontobel.

Según Rory Green, responsable de estudios sobre China y Asia de TS Lombard, la economía china sigue sufriendo el "triple shock" de las prolongadas medidas 'covid cero', el debilitado sector inmobiliario y una serie de cambios normativos asociados a la visión de "prosperidad común" del presidente Xi y una mayor presión regulatoria. Dado que aún no ha transcurrido un año de la reapertura total, gran parte de la debilidad actual aún puede atribuirse a ese ciclo, sugiere Green, pero agrega que éstas podrían afianzarse sin la respuesta política adecuada.

Impacto en el resto del mundo

La hipótesis de base de TS Lombard es una estabilización de la economía china a finales de 2023, pero entrando en una desaceleración estructural a más largo plazo. Aunque todavía no en un escenario de "estanflación" al estilo de Japón y su "década perdida", hito habitual con el que se compara la situación china, es probable que la media de crecimiento anual del PIB se acerque al 4% debido a estos vientos estructurales en contra. La cuestión es calibrar en qué medida afectará esto al resto del mundo. Los diferentes expertos consultados difieren, si bien la conclusión general es que esta ralentización china no será tan lesiva para la economía global.

Las implicaciones limitadas de esta mayor debilidad son las dos caras de una misma moneda: la cada vez menor exposición de EEUU al país asiático y los movimientos del poder chino hacia un mayor aislamiento económico y financiero. En comparación con otras naciones, existen pocas vías de interdependencia a través de las cuales, por ejemplo, el estallido de una burbuja inmobiliaria allí provoque pérdidas financieras en todo el mundo. La exposición financiera directa de EEUU a China también es contenida. El ETF Vanguard Total World Stock Index tiene el 3,1% de sus activos en acciones chinas; mientras tanto, la propiedad de la deuda china es abrumadoramente nacional. El ETF Vanguard Total International Bond solo tiene un 1,2% de sus activos en bonos chinos.

Aunque sea conocida como la 'fábrica del mundo', evidenciando su peso exportador, los analistas atacan el extremo de la demanda. Pasando por el rodillo del escepticismo la reunión del Politburó, Pual Donovan, economista jefe de UBS, aseguraba esta semana que, pese al entusiasmo inicial, no había ni rastro "del tipo de megaestímulo que podría tener repercusiones internacionales significativas". Bajo la óptica contraria, solo unos días antes el analista se preguntaba si un crecimiento más lastrado de China tendría importancia a nivel mundial y esto mismo respondía: "Una China más débil puede afectar al crecimiento agregado mundial, pero el crecimiento agregado mundial es una estadística sin sentido. Dado que la demanda interna de China se ha centrado bastante en el sector servicios, las fluctuaciones de esa demanda tienen una repercusión limitada en otras economías".

La repercusión más inmediata de una desaceleración china se producirá probablemente en las materias primas y el ciclo industrial, a medida que China reconfigura su economía para reducir su dependencia de un sector inmobiliario que ha estado "absorbiendo e impulsando los precios de las materias primas", explica Green. "Esos días ya han pasado. China va a seguir invirtiendo mucho, pero va a ser en fabricación más avanzada, hardware tecnológico, como vehículos eléctricos, paneles solares, robótica, semiconductores, este tipo de áreas", aclara. Esta orientación hacia una fabricación más avanzada queda patente en el enorme impulso dado a los vehículos eléctricos, que ha llevado al país a superar a Japón a principios de este año como mayor exportador de automóviles del mundo.

"El motor inmobiliario -y con él, ese pool de mineral de hierro de Brasil y/o Australia y máquinas de Alemania o electrodomésticos de todo el mundo- ha desaparecido, y China será un factor mucho menos importante en el ciclo industrial mundial". Un crecimiento más lento en China probablemente también significará una menor demanda de petróleo y otras materias primas en los mercados mundiales. Esto ayudará a la economía global con menores presiones inflacionarias.

"China sigue fabricando muchas cosas y no puede consumirlas todas en su país. Muchas de las cosas que fabrican ahora son de mucha mayor calidad y eso continuará, sobre todo porque se invierte menos dinero en el sector inmobiliario y se destinan billones de yuanes a estos sectores de tecnología avanzada", sigue detallando el experto de TS Lombard. Esto podría significar más productos industriales acabados en un mercado mundial cuya oferta se ha visto limitada en los últimos años, ayudando igualmente contra la inflación.

Aunque la necesidad de exposición a China seguirá siendo esencial para las empresas internacionales, ya que no ha dejado de ser el mayor mercado de consumo del mundo, Green cree que la ralentización podría hacerla "ligeramente menos atractiva" y acelerar el "desacoplamiento" con Occidente en términos de flujos de inversión y fabricación.

"Los últimos datos sugieren que el desacoplamiento económico entre China y EEUU y sus aliados, aunque todavía no es rápido, está empezando a cobrar impulso. La creación por parte de EEUU de una red de restricciones al comercio con China, reforzada en los últimos años, está teniendo un claro impacto en los flujos comerciales bilaterales. Es probable que esto se extienda a otras relaciones comerciales bilaterales entre China y los aliados de EEUU", pondera Adam Slater en un análisis de Oxford Economics.

"El atractivo de China como destino de inversión se ha visto reducido por los temores sobre la resistencia de la cadena de suministro, acentuados por las tensiones geopolíticas: la guerra entre Ucrania y Rusia y la pandemia han demostrado que la interrupción de unos pocos componentes clave puede causar graves problemas de producción. Las empresas están preocupadas por el desarrollo de sistemas divergentes en materia de propiedad intelectual, software y comunicaciones, por una formulación de políticas más errática/politizada en China y por el favorecimiento de las empresas locales. Estos factores, sumados a la ralentización del crecimiento tendencial en China y al aumento de los costes laborales, están impulsando a una proporción cada vez mayor de empresas occidentales con operaciones en China a considerar la posibilidad de deslocalizar su actividad fuera del país", desgrana Slater.

El analista de Oxford incide en que el desacoplamiento también procede de Pekín: "China parece querer reducir su dependencia de los proveedores occidentales y localizar las cadenas de suministro, aunque dada la importancia de los mercados y las tecnologías occidentales, existe un límite en cuanto al alcance de este enfoque sin incurrir en costes sustanciales".

En este análisis, el baremo del comercio entre China y el resto de países es bastante revelador. En su último informe, Andreas Rees, economista de Unicredit Research, calibra los términos de dependencia económica de China de los países del G-20 recogiendo su comercio de bienes con China y Hong Kong como proporción de cada PIB nacional.

"Corea del Sur es, con diferencia, el país más expuesto, ya que el comercio de bienes con China y Hong Kong representa casi el 20% del PIB surcoreano. Australia ocupa el segundo lugar, con más del 12%, seguida de Arabia Saudí, Sudáfrica, Indonesia y México, con alrededor del 9-9,5% cada uno. En cuanto a los países europeos, Alemania es más vulnerable (6%) que Francia (3%) e Italia (4%). El país menos expuesto del G-20 es EEUU, con alrededor del 2,5% del PIB. Lo que también llama la atención es que la mayoría de los países del G-20, incluida Alemania, dependen más de las importaciones de China y Hong Kong que de las exportaciones", escribe Rees.

"La competencia estratégica de China con EEUU, la estrategia de doble circulación de China para ser autosuficiente en términos de recursos y tecnología, pero también el menor crecimiento tendencial chino pueden traducirse efectivamente en una menor dependencia de Occidente de las exportaciones. De hecho, es posible que ya hayamos visto los primeros indicios de ello. Hace poco mostrábamos que las exportaciones alemanas a China se habían estancado de media en los últimos años, mientras que la actividad exportadora a EEUU se disparaba. El Banco de Corea informó recientemente de que el año pasado Corea del Sur exportó más productos a EEUU que a China. La última vez que esto ocurrió fue hace casi dos décadas", apostilla el experto.

Sin embargo, matiza el economista de UniCredit, reducir la dependencia de las importaciones podría ser una empresa más difícil, especialmente a la luz de la transición energética: "China viene dominando las cadenas mundiales de suministro de productos como la energía solar, la eólica y las baterías. Además, está desempeñando un papel importante en la extracción de materias primas críticas, como las tierras raras, el grafito y el magnesio".

Menos inversiones en Occidente

Otra 'pata' que puede afectar a Occidente es la progresiva retirada de la inversión china a medida que crece la hostilidad hacia el capital del país. Cada vez más, las empresas chinas están gastando dinero en fábricas en el sudeste asiático y proyectos de minería y energía en Asia, Medio Oriente y América del Sur, ya que Pekín busca consolidar alianzas en esos lugares y asegurar el acceso a recursos críticos. 

El mayor receptor de inversiones chinas en lo que va del año es Indonesia, rica en níquel , según una estimación preliminar de las inversiones chinas compilada por el American Enterprise Institute, un grupo de expertos conservador, a la que ha accedido el Wall Street Journal.

Algo que contrasta con el frenesí visto hasta hace poco por adquirir activos 'trofeo' occidentales, desde casas de lujo y hoteles de cinco estrellas en Nueva York hasta una empresa química suiza y un gigante de la robótica alemán. 

La inversión extranjera directa de China al resto del mundo ha caído un 18% respecto al año anterior, según la última comprobación, publicada recientemente. El último nivel marca una disminución del 25% desde un máximo en 2016, ya que las fusiones y adquisiciones en el extranjero se han desplomado y Pekín ha endurecido las reglas para frenar la fuga de capitales. 

La retirada del dinero chino en Occidente podría conducir a una menor creación de empleo en algunos países, al tiempo que reduce la reserva de capital que pueden aprovechar los empresarios en lugares como Silicon Valley. Aquí sí que la débil economía de China estaría ya privando al mundo de uno de sus motores de crecimiento tradicionales.

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