Economía

El Banco de España explica cómo debe ser el pacto de rentas para evitar una espiral entre precios y salarios

  • "Hay que realizar un reparto de los costes entre trabajadores y empresarios"
  • Aunque ello suponga una pérdida temporal de poder adquisitivo para el trabajador
  • "Evitar esta espiral no es fácil, desde luego, no es gratificante a corto plazo"
Pablo Hernández de Cos, gobernador del Banco de España

Pablo Hernández de Cos, gobernador del Banco de España, ha detallado durante un discurso este martes cómo debería repartirse la carga del pacto de rentas que planean Gobierno y agentes sociales como medida para evitar una espiral inflacionaria que termine dañando la competitividad de la economía.

Hernández de Cos ha pedido durante su discurso que "sería deseable que un eventual pacto de rentas contemplara compromisos plurianuales tanto en lo relativo a los incrementos salariales como a la protección del empleo. En un contexto tan incierto como el actual, la posibilidad de alcanzar estos compromisos aportaría una gran certidumbre a los hogares y a las empresas a la hora de tomar sus decisiones de gasto e inversión, lo que podría redundar en un mayor dinamismo del conjunto de la actividad económica".

El gobernador ha pedido que se realice un reparto entre empresas y trabajadores. Por un lado, los empresarios deberían contener sus márgenes (no trasladar toda la subida de la inflación a unos precios mayores que mantengan intactos los márgenes de beneficio), mientras que los trabajadores deben hacer otro sacrificio igualmente duro: aceptar que los salarios no suban al mismo ritmo de la inflación general aunque ello suponga una perdida temporal de poder adquisitivo. 

"Este pacto de rentas debe suponer un reparto, entre empresas y trabajadores... Insisto: se trata de repartir costes. Todos los agentes implicados han de asumir una pérdida. Ni los trabajadores podrán mantener su poder adquisitivo en el corto plazo, ni las empresas serán capaces de mantener sus márgenes", ha espetado el gobernador del Banco de España.

Además, Hernández de Cos ha advertido de que si todo el ajuste recayera sobre los trabajadores, en el medio plazo las empresas también acabarían sufriendo las consecuencias al experimentar un fuerte retroceso en su demanda, puesto que al final es el poder adquisitivo de los hogares y el nivel de ocupación quienes marcan, en mayor medida, el ritmo del consumo y, por ende, de las ventas de las empresas.

En cambio, "si en la coyuntura actual hiciéramos recaer todo el ajuste sobre las empresas, muchas de ellas se verían abocadas al cierre y otras muchas sufrirían pérdidas significativas de competitividad que afectarían a su capacidad de inversión futura. Todo ello acabaría trasladándose en menor creación de empleo y bienestar para los ciudadanos", ha advertido el banquero. La solución pasa por repartir los costes y la moderación. Sufrir hoy para recoger los frutos mañana.

Salarios ligados a la inflación subyacente

El gobernador ha aportado detalles de cómo se debería implementar este pacto para lograr un mayor grado de eficiencia y evitar un mayor perjuicio sobre la economía. Dentro de este horizonte multianual, las referencias nominales de la negociación salarial deberían excluir los componentes asociados a los productos energéticos, cuyas dinámicas de precios muestran una considerable volatilidad y, en la coyuntura actual, previsiblemente no sean duraderas.

En cambio, Hernández de Cos ha pedido que la determinación de las referencias nominales sobre las que basar las negociaciones salariales debería estar inspirada en la evolución prevista de la inflación subyacente. 

Para tener una idea de la magnitud de esta medida y su impacto en los salarios. El último dato de inflación en España fue del 7,6% interanual, mientras que la subyacente se situó en el 3% anual. De este modo, la revisión de los salarios debería tener más en cuenta la subyacente (no pondera energía ni alimentos frescos), frente a la inflación general, cuyos propulsores a día de hoy son principalmente los precios de la energía.

"Estas recomendaciones se extenderían tanto a las referencias utilizadas para la fijación de los incrementos salariales como, de acordarse, a las posibles cláusulas de garantía salarial. En el pasado, este tipo de prácticas ya fueron acordadas por los agentes sociales y se mostraron como una herramienta útil para sostener el empleo y reducir el desempleo, mejorar la competitividad de las empresas españolas y favorecer el crecimiento económico".

Un sacrificio temporal

Este sacrificio temporal debería impedir que se produzca una espiral dañina entre precios y salarios que tiene el potencial de desestabilizar la economía a través de grandes movimientos de las magnitudes nominales (tienen en cuenta los precios), a la par que generar pérdidas permanentes en las reales, que a la postre son las que generar el bienestar de una sociedad.

Hernández de Cos ha reconocido en la parte final de su discurso que "evitar esta espiral no es en absoluto fácil ni, desde luego, gratificante en el corto plazo. Exige acordar un pacto de rentas entre trabajadores y empresarios en el que todos acabarán ganando en el medio plazo, pero en el que todos han de asumir una pérdida en el corto plazo".

Los Pactos de la Moncloa

En un intento por lograr el acuerdo, se ha hecho una llamada a recuperar el espíritu que dominó durante la primera parte del Gobierno de Adolfo Suárez, cuando se sellaron los Pactos de la Moncloa en una situación que tiene importantes paralelismos con la actual.

"Los Pactos de la Moncloa fueron más ambiciosos porque no sólo era un pacto de rentas, pero el contexto sería muy parecido, con una alta inflación motivada entonces por los precios del petróleo y sobre lo que se podía hacer poco (...) y con lo que se pretendía que no se tradujera en cierto caos en la economía", apunta en declaraciones a EFE el catedrático en Economía Santiago Carbó.

Carbó señala que en ocasiones el acuerdo incluye además de sueldos y beneficios empresariales otras medidas como una regulación de los alquileres: "El gran problema es qué crecimiento de salarios o beneficios se puede determinar para que no sea muy inflacionario y que a la vez también compense la pérdida de poder adquisitivo que se está produciendo".

"Nos podemos ir a un entorno del 10% de inflación. Tal y como se está describiendo, el pacto engloba muchas medidas, algunas ya tomadas (...) pero harían falta más", apunta el director del Máster en línea en Banca y Finanzas del IEB, Juan Abellán, quien recuerda que la patronal reclama vincular la subida salarial con criterios como la productividad y no únicamente con el IPC.

El profesor de la Fundación de Estudios Financieros Miguel Ángel Bernal incide en que la labor del Gobierno en un acuerdo de este tipo es el de "impulsar", con el protagonismo en patronal y sindicatos, y defiende que el "pacto de rentas" podría recoger más ajustes, como la posibilidad de aprobar nuevos ERTE en los sectores más penalizados por el incremento de los costes energéticos.

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