Banca y finanzas

BBVA fía la opa a 200.379 minoritarios de Sabadell con el 48% del capital

Sede de BBVA

BBVA fía la buena marcha de la opa hostil sobre Sabadell a que unos 200.379 minoritarios de Banco Sabadell que poseen casi la mitad del capital del banco accedan a dar el visto bueno a esta operación que ya ha rechazado el consejo de administración de la entidad catalana. Después de que a última hora de la tarde del pasado lunes el máximo órgano de Sabadell dijese no a la oferta inicial de BBVA, Carlos Torres y Onur Genç decidieron ir directamente a tratar de conquistar al disperso núcleo de accionistas que tiene la entidad catalana. La operación lanzada ayer no tendrá fácil conseguir esta luz verde, pues está formada por una amalgama de accionistas, con una amplia mayoría de minoritarios, de muy diferentes sensibilidades. Y BBVA no seguirá adelante con la oferta si no consigue el apoyo del 50,01% del capital total.

Con estas cifras sobre la mesa, el análisis del accionariado plantea una situación todavía más compleja. La mayor parte de los propietarios de los títulos, alrededor de un 79% del total del capital, son además clientes del banco y una parte de estos son trabajadores o antiguos trabajadores del actual grupo o alguna de las entidades que ahora lo integran. Esto supone un punto clave a la hora de decidir hacia qué lado de la balanza se inclinan sus votos, pues es importante recordar que la transacción implica, según los propios cálculos de BBVA, unos costes de reestructuración de unos 1.450 millones de euros, a los que habría que sumar los que se deriven de las rupturas de joint ventures como la de seguros.

Si se hace un análisis pormenorizado de la procedencia de los accionistas, se puede ver claramente que más de un 52% del total de ellos proceden de Cataluña y la Comunidad Valenciana, regiones de origen de la entidad y los bancos y cajas que ha ido digiriendo en los últimos años. Así, estos podrían verse afectados por la reducción de costes que se produce habitualmente con el cierre de oficinas y los despidos que suelen acompañar a este tipo de procesos de fusión -bien sea amistosa y hostil, como en este caso–.

De acuerdo con los mismos datos, el tiempo de permanencia de estos accionistas es de nueve años, es decir, desde justo después de 2014, cuando se produjo la anterior oleada de fusiones.

Convencer a este tipo de accionistas de dar el visto bueno a una operación así es altamente complicado y, como ya ocurrió en ocasiones anteriores, un porcentaje relevante de ellos no acuden a las votaciones, por lo que la suma del capital necesario para llegar al 50,01% que exige BBVA para seguir adelante con la operación es todavía más complicado. De hecho, una de las últimas opas que tuvo lugar en España, la de Hotchief y Abertis, obligó a la alemana a llevar a cabo meses de comunicaciones de todo tipo a los accionistas para tratar de que convirtieran sus acciones antiguas a títulos de la nueva sociedad. Aún hoy, más de cinco años después, un porcentaje superior al 1% del capital sigue teniendo antiguas acciones de Abertis.

Si BBVA consiguiese que un porcentaje relevante de estos accionistas minoritarios diesen el visto bueno a la operación de adquisición hostil de BBVA, Torres y Genç todavía tendrían que convencer a un buen porcentaje de accionistas entre los que, presumiblemente, tampoco se encontraría el único dominical que está en el consejo de Sabadell, el inversor mexicano David Martínez, que a través de Fintech Europe Sarl cuenta con un 3,56% del capital del banco, y que, de acuerdo con las fuentes consultadas por elEconomista.es, en la reunión del pasado lunes en la que el consejo del banco catalán dio portazo a la fusión, optó por no dar el visto bueno.

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