Salvador Marín Hernández

Presidente EFAA for SMEs y director del Servicio de Estudios CGE

En España, mes a mes, y no es algo de ahora sino que ya sucedió en todo el 2021 y lo que llevamos del 22, se vienen incrementando los costes energéticos y de las materias primas, lo que hace que ya estemos en una inasumible tasa de inflación general del 7,6% interanual.

El estallido definitivo del conflicto bélico entre Rusia y Ucrania es una muy mala noticia, en primer lugar y sin ninguna clase de duda por las consecuencias directas para la población, dramáticas. Adicionalmente, es también una pésima situación para la economía. No lo duden, este nuevo escenario trae consigo una importante lista de efectos sobre la misma.

Hoy resulta imposible entender la economía española sin contextualizarla en la Unión Europea (UE) y, más concretamente, en la Unión Económica y Monetaria (UEM). España siempre ha tenido un papel proactivo en la construcción de la unión monetaria, siendo uno de sus miembros fundadores. Mantener este papel depende de que sea percibido como un socio creíble y sostenible que persigue el bien común por encima de intereses particulares.

Acudamos al conjunto de indicadores que acudamos, podemos estar de acuerdo en que la economía española no marcha lo bien que debería marchar, por capacidades, recursos e historia. No merece la pena insistir sobre ello, las cifras son frías y tozudas. A nivel macroeconómico nuestras debilidades son claras, suficientemente señaladas y persistentes. A nivel microeconómico, en el "día a día", el ciudadano de pie lo nota de forma directa en sus bolsillos, cada día más impuestos -solo anunciarlos ya genera en sí mismo "deseconomía"-, una inflación desbocada -con efectos en la cesta de la compra demoledores para los hogares-, el precio de la luz descontrolado, combustible (gas-oil y gasolina) en máximos históricos, las cotizaciones para los autónomos y emprendedores muy difíciles de asumir por los mismos, el desempleo juvenil liderando la UE y la brecha intergeneracional creciendo.

Mucho se ha escrito y se escribe sobre lo inmediato, pero alguien debería estar pensando en más allá de un presupuesto o de una aplicación anual de unos fondos europeos. ¿Qué España es la que queremos?, ¿Qué papel se desea que juegue en el tablero de la economía europea y global?. En mi opinión, como analista de la economía en el ámbito geoestratégico internacional, España se juega tener un rol hegemónico o no en los próximos 20 años, años que van a ser claves para alumbrar todo el horizonte del siglo XXI. Así ha sido tradicionalmente en Economía, los grandes cambios necesitan estrategia, reformas estructurales de calado, inteligencia para la suma de voluntades, perseverancia en su aplicación, control, seguimiento, y líderes con visión de país. Van más allá del titular inmediato en el que parece que día a día nos quieren introducir y al que los economistas nos debemos negar.

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