Decía Enrique Bunbury recientemente que la vida es lo que ocurre mientras no tenemos el móvil en las manos. Cuánta sensatez en tan pocas palabras. El problema surge cuando esa magnífica y placentera sensación que produce la desconexión se convierte en inquietud, en una especie de tensión por la creencia de que nos estamos perdiendo algo, de que el mundo gira a nuestro alrededor y nosotros lo percibimos, pero no participamos de “la fiesta”. Sin embargo, ese distanciamiento voluntario, esa sensación de soledad escogida es la que nos hace exprimir con intensidad esos momentos de silencio, a los que él llama vida y nosotros: Estrategia.

Economista. Agente Patrimonial BBVA