Mohamed A. El-Erian

Asesor económico principal en Allianz y rector del Queens College en la Universidad de Cambridge

Un conjunto de datos recientes sugiere que la economía global emite señales de estanflación, esa extraña combinación al estilo de los años 1970 de inflación en alza y crecimiento estancado. Quienes lo perciben -aunque todavía son demasiado pocos- entran en dos categorías amplias. Algunos ven el fenómeno como temporal y rápidamente reversible. Otros temen que conduzca a un período renovado de crecimiento insatisfactorio, pero esta vez con una inflación alarmantemente alta.

El debate sobre política económica en la eurozona, Reino Unido y Estados Unidos gira cada vez más en torno de la cuestión de cuándo y con qué rapidez los bancos centrales deberían retirar las medidas de estímulo que implementaron el año pasado en respuesta a la pandemia del Covid?19.

El correcto funcionamiento de cualquier sistema económico interconectado depende de la confianza. Y un sistema global que ha sido diseñado por economías avanzadas requiere un nivel importante de aceptación por parte del mundo en desarrollo. Ambas cosas cobran aún más relevancia en tanto las economías en desarrollo, lideradas por China, ganan una importancia sistémica.

Admitiendo que "nadie está a salvo hasta que todos estén a salvo", el G-7 recientemente anunció medidas adicionales con el propósito de facilitar, un "acceso más asequible y equitativo a las vacunas, las terapias y los diagnósticos" en todo el mundo, con el fin de luchar contra el Covid. Sin embargo, traducir esta intención declarada en acciones efectivas requerirá tanto de liderazgos políticos audaces dentro de los Estados, como de una forma de apoyo a los países en desarrollo que vaya mucho más allá de la ayuda financiera. Acertar en lo que se debe hacer no será nada fácil, pero estos esfuerzos son esenciales si los países ricos quieren evitar vivir aislados en fortalezas.

Más allá de la comprensible emoción que nos trae la llegada de las primeras vacunas contra el Covid-19, el futuro inmediato sigue siendo traicionero. Estados Unidos es el mejor ejemplo ya que podría estar al borde de un espantoso escenario en el cual los problemas actuales en cada una de cuatro áreas básicas -salud pública, economía, política y comportamiento de los hogares- podrían empeorar la situación en las otras tres. El riesgo es que en las próximas semanas se desencadene un círculo vicioso que, de materializarse, podría devastar las vidas y la economía de muchas más personas, incluso ahora que las vacunas están cerca.

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