Presidente de Queen's College, University of Cambridge y profesor de la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania

En el aniversario 40 de su llegada al trono, la Reina Isabel II señaló que “1992 no es un año que en el futuro recuerde con mucho placer. En palabras de uno de mis más fervorosos periodistas, acabó siendo un annus horribilis”. El ya famoso discurso de la fallecida monarca fue dado al terminar un año de incómodos acontecimientos para la Corona, como un incendio en el Palacio de Windsor, el término de dos de los matrimonios de sus hijos (al mes siguiente se haría pública una tercera separación real), y varias filtraciones.

Reino Unido ha vivido diez días aleccionadores, en los que su economía, su sistema financiero y el bienestar de sus ciudadanos han estado repentinamente en peligro. Pero con una acción rápida y coordinada, los responsables políticos aún pueden salvar la situación.

La reacción de los mercados financieros a las últimas decisiones de política monetaria de la Reserva Federal de los Estados Unidos pareció más propia de países en desarrollo que de la economía más poderosa del mundo. Por ser la Fed el banco central con mayor importancia sistémica, esto no es una mera curiosidad, sino que tiene implicaciones para el bienestar económico de los Estados Unidos y de los demás países.

Han pasado cinco meses desde que Europa y Estados Unidos impusieron duras sanciones económicas y financieras a Rusia, un país del G20 que era la undécima economía del mundo en vísperas de su invasión de Ucrania. Aunque las sanciones se han ido reforzando gradualmente en los meses transcurridos, el debate sobre su eficacia, las implicaciones más amplias de la guerra para los mercados y la economía mundial, y cuáles deben ser los próximos pasos de Occidente, es intenso.

La demanda china fluctuante ha contribuido a la volatilidad en los precios internacionales del petróleo este año. Pero la última evolución del lado de la oferta tendrá implicancias geopolíticas y financieras inmediatas que irán mucho más allá del mercado petrolero. Específicamente, Arabia Saudita ha regresado a escena como el productor regulador más importante y, por lo tanto, el fijador de precios marginales más influyente. Sin embargo, todavía no está claro cuánto tiempo durará esta situación.

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